Hablemos de lesbianas (y II)

O yo no me he sabido explicar o no se ha entendido bien mi pregunta. No estaba pidiendo nombres de lesbianas fuera del armario (lo cual, de por sí, ya sería difícil) sino nombres de mujeres que, además de lesbianas, fueran divertidas (que es aún más complicado que lo anterior). Y, evidentemente, los resultados han sido los que yo me esperaba. No os enfadéis; admito que la pregunta tenía trampa.

Libertad Morán • 24/02/2009

Pepsi amenazada de boicot

lesbianas humor autocrítica

Seamos realistas: la lesbiana, por lo general, no es divertida. Es seria, grave, a menudo victimista, algo oscura, obcecada y un poco trastornada (conozco a taaaantas que ejemplifican a la perfección esto último…). Por lo general. Y antes de que os vayáis directamente a los comentarios a ponerme a caldo o al Facebook a crear un grupo en mi contra, maticemos.

De acuerdo, yo, como cualquiera, conozco a lesbianas que son la monda. Graciosas, ingeniosas, divertidas… Pero a título personal y en la esfera privada, por supuesto. Toda esa chispa que demuestran en las distancias cortas se pierde en cuanto se utiliza un gran angular para observarlas. Entonces la lesbiana se ajusta como un guante a la descripción del primer párrafo. Se convierte en un borrón negro con muy mala hostia.

Cuando comencé a moverme por el ambiente gay y lésbico, hace ya demasiado tiempo como para decirlo alegremente, solía moverme más con hombres gays, por sus bares y discotecas, que con mujeres lesbianas. ¿La razón? Varias. Pero una sobresalía sobre las demás: me aburría soberanamente con estas últimas (por no hablar del miedo que me daban algunas de ellas) mientras que con los chicos me lo pasaba estupendamente.

Ahora bien, antes de que os sigáis tirando de los pelos por no tirarme a mí de los míos, toca el momento de matizar nuevamente. Ni todos los gays son superdescacharrantes ni todas las lesbianas unos muermazos. De la misma manera que el modus operandi de ambos ha cambiado bastante en los últimos lustros. Sin embargo, sigo encontrando en la mujer lesbiana una proverbial incapacidad para reírse de sí misma (y no me vengáis luego a enumerarme todas las excepciones que ya sé yo muy bien que las hay).

Hace unas semanas asistí a la entrega de los Bésametonto Awards (si sois habituales de esta página, ya sabréis a qué me refiero). Unos premios que no eran más que una excusa para celebrar el cumpleaños del organizador de todo aquello y para, de paso, echarnos unas risas. Cerca del final de la “gala” se lo comentaba a Diego, el director del portal, mientras intentaba parar la pata del gato que era su premio: “Este tipo de espectáculos, eventos o cómo quieras llamarlos sería impensable entre mujeres lesbianas. Los hombres os expresáis hacia fuera y las mujeres hacia dentro. Y todavía hay quién se extraña de que las lesbianas sigamos en la retaguardia”.

Muchos pensarán que una “payasada” entre amigos y conocidos para pasar entretenidos una tarde de domingo no es suficiente para explicar las diferencias entre gays y lesbianas. Pero para mí es un ejemplo significativo. Los hombres gays, todos los que he conocido y conozco, viven de puertas para afuera (que sí, que ya sé que hay mucho marica reprimido y armarizado). Las mujeres lesbianas han interiorizado tanto su papel de víctimas que sólo saben luchar desde esa incómoda posición.

Me repito y me repetiré hasta la saciedad. Existe el machismo, el sexismo y la lesbofobia, tanto dentro como fuera del ambiente (a veces incluso más dentro que fuera). Pero estar todo el tiempo poniendo el dedo en la misma llaga comienza a ser inútil. La gente se cansa de escuchar siempre los mismos argumentos. Hay que buscar nuevos caminos. Caminos que incluyan vivir la vida hacia fuera, haciendo tanto o más ruido que el que han hecho nuestros compañeros gays (porque, no lo olvidemos, siguen siendo nuestros compañeros, aunque a algunos habría que tirarles de las orejas). Es mucho más efectivo pisar fuerte y ganar espacios que quejarse desde un rincón.

Siempre he creído que la única manera de vencer los ataques es ser capaz de reírse de una misma. Y eso es algo que las mujeres lesbianas todavía no hemos acabado de poner en práctica.

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

Acerca de Libertad Morán

Nací un martes y trece y puesto que ahora estoy en plena crisis de los treinta no hace falta indicar de qué año. Madrileña y urbanita hasta la médula, si finalmente decido hacerles la putada a mis amigos de que, cuando llegue el momento, esparzan mis cenizas, los pobres tendrán que hacerlo un jueves a las tres de la mañana desde un coche que recorra la Gran Vía a toda velocidad y con alguna canción de Madonna de fondo. Con cuatro novelas ya a mis espaldas, intento trabajar en la quinta, que verá la luz en algún momento incierto de 2011. Si aún te quedan ganas de saber más, visita www.libertadmoran.es.

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