Lío - La música

El alma de Lío era, sin duda, la música. Por eso, cuando la ley nos dio en toda la boca argumentando que eso era lo único que no se podía hacer, Lío supo que iba a morir. Agonizó unos días, quizá esperando que sucediera un milagro en el último momento, como en las películas. Pero no ocurrió así. No hubo milagro y las puertas se cerraron quien sabe si para siempre.

Libertad Morán • 06/01/2011

Lío - La música

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Yo, como encargada oficiosa de la música durante casi todo su año de vida, ya había levado anclas una semana antes por otros motivos. Sin embargo confiaba en un regreso, de visita o definitivo, en el que pudiera pasarme por la barra de Lío (por el lado de fuera, eso sí) y volver a rememorar aquellos mágicos momentos vividos en ese pequeño gran bar. La semana de angustia e incertidumbre me pilló preparando cajas. Cuando cayó el cierre definitivo ya estaba muy lejos. Pero la desolación, el cabreo, la impotencia me acompañaban a cada momento vía Facebook o móvil. Sí, es una injusticia. Y nosotros podemos ser David y el Ayuntamiento puede ser Goliath. Pero nosotros no tenemos hondas ni piedras y por donde pasa el Ayuntamiento no vuelve a crecer la hierba.

Así que lo único que se me ocurrió, el único granito de arena que por mi parte podía poner para los más fieles, acérrimos e incondicionales fans que Lío cosechó en ese año de vida es la posibilidad de retrotraerles a los momentos vividos a través de la música.

Dicen que la memoria auditiva es la más poderosa de todas, que la música te remueve por dentro de un modo que no lo hace ni el olfato, ni el gusto, ni el tacto ni mucho menos la vista (demasiado acostumbrada a ver retales del pasado).

Así que se me ocurrió hacer una lista para compartir en Spotify. Una lista a modo de sesión de Lío, mostrando lo ecléctico de nuestra música, de cómo iba evolucionando desde la música de fondo de las primeras horas para la charla fácil y juegos de esos tipo “chupito de la muerte” que Diego se inventaba. Luego un grito de petardeo indicaba que la gente llegaba y que era hora de mover el esqueleto… y los camareros el culo poniendo copas de un lado a otro de la barra. Y con petardeo bailábamos y pasábamos al remember de los 80 en versión anglosajona para luego encararnos con la movida madrileña y los mil y un éxitos e himnos de una Alaska que ahora reniega de todo lo que la convirtió en lo que hoy es.

Y, por supuesto, también había tiempo para lo actual, para esa omnipresente Lady Gaga (pero mira qué… qué… pero mira qué graciosa y apañada va siempre esta chica) y mi negativa moral, personal, estética y ética a poner el videoclip de “Alejandro”. Eso sí, de Madonna me podéis pedir (casi) cualquiera. Y Katy Perry, Ke$ha, David Guetta con Kelly Rowland, Pussycat Dolls, Shakira y su baile de San Vito (¿recordáis cuando ganamos el Mundial?), The Black Eyed Peas y su progresiva subida en el sonido hasta ver a todo el bar botando sin parar.

¿Y qué me decís de los bloques Eurovisivos? El “Opa” y sus posibles traducciones. “Allez Olla Olé” para menear el culo. El “Invincible” de Carola que me pedían agarrándome de la pechera. Islandia, Turquía, Noruega, Serbia… “Oye, Balcanes”. Balcán, Balcán, Balcán, el balcanero.

Y ese bloque, que casi siempre iba al final, de nostalgia cinematográfica: Cher, The Wonders, Hairspray, Cazafantasmas, La historia interminable… Pero sobre todas esas la única, la que servía de broche de cierre, con la que todo el mundo, al escuchar las primera notas, se ponía a dar saltitos: Dirty Dancing.” I’ve had (The time of my life)”. Y sí. también fue el gran momento de las nuestras porque lo que algunos vivimos en Lío son de esas cosas que no se olvidan por mucho tiempo que pase.Sí. We’ve had the time of our lives.

Aún así, quiero pedir disculpas. Son 150 canciones. Nueve horas de músicas. Y las he intentado colocar como una sesión de principio a fin pero, por supuesto, acepta el modo aleatorio (que es lo que le gustaba a Diego, que saliera lo que saliera y si no pegaba mejor). Pero faltan muchas canciones. Spotify todavía no lo tiene todo. Nos faltan muchas de nuestra Raffaella (“Rumore, rumore”, “Hay que venir al sur”). O esa maravilla de lo kitsch que es el “Xanadu” de Santa Olivia Newton-John. También la sección asiática de frikadas con el “Abracadabra” de Brown Eyed Girls o el “Ike ike” de Hinoi Team con el que se formaban cuadrillas para seguir los pasos y me sé de uno que incluso entrenaba en cada frente al vídeo en el ordenador.

Sí, faltan muchas canciones. Y ni siquiera yo, con esa memoria fotográfica que tengo, me acuerdo de todas. Pero según me vaya acordando o Spotify las vaya incluyendo en su base de datos las iré añadiendo. Y puede que no en Pelayo 58 pero sí en muchos sitios a lo largo de Madrid y de toda la geografía española (e incluso del mundo, que también nos visitaron de otros países y se fueron encantados) se recupere durante un rato ese espíritu de petardeo y cachondeo, de fiesta sana, de estar entre iguales, hombres y mujeres, gays, lesbianas, heteros, bisexuales, transexuales y cualquier otra categoría sexual. Osos, chasers, pijos, bakalas, lesbian lipstick, camioneras, ursulas, chicas sin pedigree… Todo junto, mezclado, bailando al mismo son aquello de: “Vamos todos para el Lío…” y, sin duda alguna, acabar peleándose en broma por parodiar nuestra propia parodia de “Lío – El Musical”.

A veces lo bueno dura poco. Si esa es la medida para valorar al Lío, no cabe duda de que fue el mejor bar de Chueca en mucho, mucho tiempo.

Así que ahora abre Spotify, sigue el siguiente enlace, cierra los ojos y en un momento estaré allí para servirte tu copa favorita.

Lío - La música

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