Ni nací ni me convertí

Ayer varios medios de publicación se hacían eco de un blog de apenas dos semanas de vida titulado “Born gay, born this way” (“Nací gay, nací así”) en el que el autor recopila fotografías de la infancia de personas LGBT anónimas en las que, supuestamente, aparecen denotando su futura orientación sexual y dando a entender que nacieron así. ¿De verdad?

Libertad Morán • 25/01/2011

Iguales contrarios

roles de género gay lesbiana

Si ahora me pusiera a rebuscar en mi álbum de fotos infantil encontraría imágenes de todo tipo. Con vestidos, con pantalones, en bañador (o, debido a la corta edad, sólo con la parte de abajo), muchas con disfraces (a estas alturas no negaré que soy una payasa)… Con todos esos atuendos me sentía cómoda y no recuerdo sentir que me “impusieran” ninguna indumentaria (las faldas sí las abandoné más tarde pero por motivos meramente estéticos; con las piernas que la genética me ha dado le estoy haciendo un favor a la vista de mucha gente, creedme).

Lo que muestra el blog “Nací gay, nací así” es que el gay o la lesbiana lo es desde su más tierna infancia, que no se elige ser gay (por supuesto, hasta ahí estoy de acuerdo) sino que se nace con esa inclinación del mismo modo que otros nacen heterosexuales. Por esta regla de tres y a sabiendas de mi bisexualidad sería lógico pensar que por eso me sentía cómoda con atuendos tanto “femeninos” como “masculinos”.

Sin embargo creo que estamos confundiendo la velocidad con el tocino y la orientación sexual con la identidad de género. Ya mi compañero de columna Carlos G. García (te recuerdo que el término heterochachis me lo inventé yo…) se hacía eco hace un par de semanas sobre el tema: ese eterno debate por el cual si uno es gay o lesbiana obligatoriamente tiene que sentirse identificado con los roles de género del sexo opuesto.

Sucede que un importante porcentaje de la población LGBT responde a estas características: gays afeminados y lesbianas masculinas que, en la mente del hetero de pro se convierten, por arte de birlibirloque, en mujeres frustradas/hombres frustrados (de ahí la pregunta que muchos despistados nos hacen de: “¿Y te quieres operar?”). No, queridos y queridas, ni el gay quiere ser mujer (por mucha pluma que tenga y por mucho uso del femenino que haga al hablar) ni la lesbiana desea interiormente convertirse en un chulo playa (curiosamente y a diferencia de los gays, las mujeres lesbianas y bisexuales no masculinizan su lenguaje).

En una sociedad dicotómica como la del ser humano en la que todo se separa en binomios (hombre/mujer, bueno/malo, izquierdas/derechas, creyente/ateo) parece inconcebible que haya sujetos que no se parapeten tras una las dos opciones de todos esos binomios posibles que te ofrece la vida cotidiana y por los que te obliga a tomar partido. La pluma gay o la masculinidad lesbiana (en tiempos se intentó llamar “martillo” pero el modismo no prosperó) del mismo modo que la hipermasculinidad del hombre heterosexual y la hiperfeminidad de la mujer heterosexual no son siempre indicativos de la orientación sexual del sujeto: son roles de género tallados en el inconsciente colectivo a lo largo de los siglos acerca de qué es lo que convierte en hombre a un varón y qué lo que hace lo propio con una mujer.

Estos roles de género, estos supuestos comportamientos de lo que debe ser un hombre o una mujer limitan, tanto a heterosexuales como a homosexuales, el comportamiento y la libertad individual. Gracias a ellos, cuando un adolescente, sea del sexo que sea, se descubre sintiendo distinto a la norma imperante asume que su rol entonces será el contrario. ¿Por qué? Porque probablemente a su alrededor no tenga referentes que le hagan ver que lo suyo es una orientación más de las muchas que hay y que no tiene que adscribirse necesariamente a los roles dados por la sociedad en la que vive. Es más, esos roles están tan interiorizados que, probablemente, no haya nadie que le diga lo perjudiciales que pueden ser. Incluso para el niño heterosexual que va de machote desde los cuatro años y que, probablemente, será un consumado machista treinta años después.

A pesar de los avances que el colectivo LGBT está alcanzando en la sociedad occidental se siguen buscando explicaciones al por qué de una sexualidad distinta a la heterosexual. Quizá si comenzáramos a separar sexualidad de procreación (con permiso de esa secta con sede en Roma) empezaríamos a entender que no es tan complicado. Siempre he defendido que el ser humano es un ser sexual y que es su socialización, su desarrollo, su educación y, ¿por qué no?, algo no identificado en su interior lo que le inclina a un lado o a otro de esta dicotomía de orientaciones sexuales. Sin embargo esto no explicaría por qué hay tantas personas (y, creedme, son muchas más que ese exiguo 10% de la población) que oscilan de un lado a otro de la famosa escala de Kinsey. Ni tampoco explicarían por qué hay muchas personas que, tras una vida de heterosexuales convencidos, a determinada edad se empiezan a relacionar sexual y afectivamente con individuos de su mismo sexo (¿homosexualidad reprimida? No siempre).

Si nosotros mismos seguimos empeñados en interiorizar la diferencia como algo negativo, como algo de “¿qué se le va a hacer?”, todos esos empeñados en hacernos la vida imposible seguirán encontrando motivos para nuestra persecución (sea esta física o moral). Yo hace mucho que me paso los roles de género por el arco del triunfo, ¿y tú?

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

Acerca de Libertad Morán

Nací un martes y trece y puesto que ahora estoy en plena crisis de los treinta no hace falta indicar de qué año. Madrileña y urbanita hasta la médula, si finalmente decido hacerles la putada a mis amigos de que, cuando llegue el momento, esparzan mis cenizas, los pobres tendrán que hacerlo un jueves a las tres de la mañana desde un coche que recorra la Gran Vía a toda velocidad y con alguna canción de Madonna de fondo. Con cuatro novelas ya a mis espaldas, intento trabajar en la quinta, que verá la luz en algún momento incierto de 2011. Si aún te quedan ganas de saber más, visita www.libertadmoran.es.

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