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Guía sencilla para entender las diferentes realidades de la identidad de género en el siglo XXI

¿Cisgénero o transgénero? ¿Drag o travesti? ¿Intersexual o hermafrodita? ¿Género binario, fluido o genderqueer? ¿Sabes cómo y cuándo utilizar cada uno de los términos con los que se reflejan las diferentes realidades de la identidad de género en el siglo XXI?

Luis M. Álvarez • 15/06/2018

Guía sencilla para entender las diferentes realidades de la identidad de género en el siglo XXI | Foto: Youtube

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Si bien no existe ninguna norma en la Lengua Española por la que se identifique ninguna vocal exclusivamente con el femenino —puedes referirte a ambos sexos con sustantivos como cantante, policía o modelo, así como sucede con aquellos que no terminan en ninguna vocal, como juez o concejal, por mucho que haya personas que se empeñen en ponerle una 'a' para referirse a una mujer, pero nunca le pondrán una 'o' para referirse a un hombre—, lo cierto es que desde que Chus Lampreave soltara aquello de la «testiga de Jehová» en Mujeres al borde de un ataque de nervios (Pedro Almodóvar, 1988, España), la primera de las vocales se ha convertido en la representación por antonomasia del género femenino. Pero en estos tiempos en los que se genera un debate por el uso más o menos machista del idioma —por otro lado idéntico al de muchas otras lenguas, particularmente las romances—, no está de más aclarar y repasar el uso contemporáneo de aquellos términos que tienen que ver con la identificación de género de las personas, independientemente de su sexo, que no es exactamente lo mismo.

Según la Real Academia Española, 'género' es un sustantivo masculino, que proviene del latín (genus), que en su primera acepción se refiere al «conjunto de seres que tienen uno o varios caracteres comunes», mientras que en la tercera se aclara que hace referencia al «grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendido este desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico». Si a esto añadimos que la Organización Mundial de la Salud especifica que el género no trata de clasificar a las personas en grupos de identidad sexual, sino que trata de identificar de alguna manera las diferencias y desigualdades sociales entre hombres y mujeres acorde a un criterio que proviene tanto de una determinada educación como de los estereotipos y prejuicios de cada cultura y sociedad. Por consiguiente, podemos llegar a la conclusión de que 'sexo' y 'género' no son sustantivos sinónimos, sino que el primer término hace referencia a la biología, mientras que el segundo se refiere a la sociología.

Si a principios del siglo XX es cuando se empiezan a utilizar términos como 'homosexual' y 'heterosexual' para referirse a determinadas conductas sociales, a principios del siglo XXI los géneros también evolucionan para dar cabida a una variedad de términos que nos ayudan a entender que el género no necesariamente se refiere a dos realidades exclusivamente. Un germen que comienza con el uso social de los géneros que el psicólogo, John Money, hace para referirse a las personas que nacen con genitales tanto masculinos como femeninos, reafirmado cuando Robert Stoller introduce formalmente la distinción entre sexo y género en el 23.º Congreso Psicoanalítico Internacional de Estocolmo con el objetivo de precisar las diferencias entre la identidad de género y la orientación sexual.

El movimiento feminista de lo años setenta termina de generalizar el uso social del 'género', que culmina en la teoría queer que Judith Butler expone en El género en disputa, publicado en 1990. De ahí que lo que antaño se llamaba hermafrodita se denomine ahora interesexual, o que el término 'travesti' haya quedado como una reliquia de la discriminación social más que de la identidad de género de una persona, en la misma medida que surgen nuevos términos para comprender la realidad de quienes se identifican como cisgénero o con un tercer género.

Los géneros de la A a la Q

Androginia: La R.A.E. afirma que una persona andrógina es una persona hermafrodita, pero se equivoca de la misma manera que cuando dice que el sexo débil es el femenino. Una persona andrógina es, simplemente, aquella cuyos rasgos físicos no se corresponden exactamente con los de su sexo, es decir, una mujer que puede parecer un hombre o viceversa, lo que no implica ni que sea intersexual, al presentar perfectamente una concordancia genital con su sexo, ni tampoco transgénero, al poder identificarse sin problema con su sexo de nacimiento. Más allá de la androginia de David Bowie y Tilda Swinton, quienes podrían perfectamente caracterizarse el uno del otro, es posible que la persona más perfectamente andrógina que un servidor recuerde sea Anne Carlisle, que ni siquiera me di cuenta que interpretaba tanto a Jimmy como a Margaret en Cielo líquido (Liquid sky, Slava Tsukerman, 1982, EE.UU.).

El primer uso del término se remonta a un obra de Platón, El banquete, donde se refiere a unos seres especiales que reúnen características de ambos sexos y géneros que tratan de invadir el Monte Olimpo, a los que Zeus divide por la mitad al descubrir sus intenciones, dando de esta manera origen a los distintos géneros binarios, que no solo quedan condenados en vagar buscando su otra mitad, en un sentido binario del género, sino también entre hombres y mujeres. «Si se casan y tienen familia, no es porque la naturaleza los incline a ello, sino porque la ley los obliga», escribe Platón, existiendo mitos similares en otras culturas como Tiresias o Hermafrodito en la mitología griega, Shivá y Párvati en la india, o el mito judío del Talmud, del Midrash y el Zohar Jadash, que se refiere a que el primer ser humano, Adan, era en realidad hermafrodita, a la vez hombre y mujer, siendo dividido por Dios para crear el amor, lo que nos remite de nuevo al texto de Platón.

Cisgénero: Neologismo de origen alemán (cisgender), compuesto por el prefijo latino 'cis' (del lado de acá) y el sustantivo 'género', que hace referencia a las personas que se identifican con su sexo biológico o aquel que se les fuera asignado al nacer. Introducido en 1991 por Volkar Sigunsch, psiquiatra y sexólogo alemán, con el objetivo de establecer una diferencia con aquellas personas que no se identifican con su sexo biológico, como son las personas transgénero o las intersexuales. Se puede ser cisgénero y heterosexual, de la misma manera que también se puede ser cisgénero y homosexual, bisexual o pansexual.

Drag (Drag-queen y drag-king): En inglés, 'drag' significa 'arrastrar', luego una drag-queen sería literalmente una reina arrastrada de la misma manera que un drag-king sería un rey arrastrado. La ambigüedad mezclada con sarcasmo, que podríamos decir, si tenemos en cuenta que no se trata de un término que represente exactamente una identidad sexual, sino que se refiere a un personaje creado a costa de los estereotipos de género, que se exageran hasta el histrionismo con finalidades cómicas y satíricas.

Es posible que una de las primeras drags fuera la reina de la noche de la ópera de Mozart, La flauta mágica, estrenada en el siglo XVIII, pero el término se populariza en la época de la Reina Victoria, a mediados del siglo XIX, irrumpiendo con fuerza en el burlesque como una proyección cómica de las convenciones sociales, apareciendo impreso por primera vez en 1941. Ser drag no implica ser homosexual o heterosexual, ni siquiera transexual o transgénero, dado que se trata de un personaje creados para el espectáculo y nunca constituye una identidad 724, es decir, los siete días de la semana y las veinticuatro horas al día.

Género binario: se refiere a la dualidad tradicional entre lo masculino y lo femenino, de manera que cada individuo asume por defecto las características propias de su género de nacimiento así como sus convenciones sociales inherentes y la orientación sexual tradicionalmente heterosexual por la que se sienten atraídas exclusivamente hacia personas del sexo opuesto.

Género fluido: Se dice de aquellas personas que no se identifican con una sola identidad de género, circulando entre la identidad masculina y la femenina en función de sus necesidades o sentimientos. Es decir, que alternan sin conflicto la representación femenina y la masculina.

Género no binario (genderqueer): Con esta locución se pueden designar a las personas que no se sienten integradas en ninguno de los géneros binarios, pero que también quedan fuera de la realidad cisgénero. Un término bajo el que se engloban diferentes realidades, como las personas agénero, que no se identifican con ninguno de los géneros binarios; las personas bigénero, como se denominan las personas que alternan la identidad femenina y la masculina en función de sus circunstancias sociales; o las personas trigénero, que además de alternar la masculinidad y la feminidad, también integran una tercera neutra o ambigua.

Intersexual: se dice de las personas que tienen discrepancias entre su sexo y sus genitales, presentando tanto características genéticas y fenotípicas de hembra y varón en grados que pueden ser muy amplios y variables. Un término que ha venido a desplazar a lo que antiguamente se denominaba hermafrodita, que lleva al error de identificar que se trata de una persona que es «hombre y mujer» a la vez, además de tener connotaciones peyorativas al utilizarse de una manera mucho más concreta con determinadas especies animales y algunas plantas, que de manera natural disponen de aparatos reproductivos capaces de producir gametos masculinos y femeninos sin que constituya un conflicto con su identidad de género, como puede ocurrir en las personas.

Síndrome de Morris, síndrome adrenogenital, síndrome de insensibilidad recesiva a los andrógenos, síndrome de Turner o síndrome de Klinefelter son algunas de las múltiples variantes que pueden presentar las personas intersexuales en función del nivel de presencia de ambos géneros. Alemania es el primer país europeo que no obliga a registrar el sexo de un recién nacido en su certificado de nacimiento, con el objetivo de que sea cada persona intersexual la que escoja el género con el que se identifica en función de su evolución natural, tal y como se muestra en XXY (Lucía Puenzo, 2007, Argentina, Francia & España).

Tercer género: Esta expresión se utiliza para designar el género de aquellas personas que rechazan identificarse tanto con el género masculino como con el femenino. Al contrario que los genderqueer o de género no binanrio, no alternan su apariencia en función de los géneros, sino que asumen una tercera identidad neutra que combina características de ambas realidades. Dana Zzyym es una persona estadounidense que lleva ya cuatro luchando para que se le reconozca legalmente con el género neutro en su pasaporte.

Transexual: Con este término nos referimos a aquellas personas que no identificándose con su sexo biológico de nacimiento, superan una terapia de reemplazo hormonal para adecuar su cuerpo con el género con el que se identifican, un proceso que puede culminar o no con una intervención quirúrgica que les proporcione la identidad sexual opuesta a la de su nacimiento.

El término es acuñado en 1953 por Harry Benjamin, el primero que propone un tratamiento con hormonas del sexo con el que se identifican sus pacientes con el objetivo de aliviar su malestar psicológico. Aparte de algunos experimentos de los médicos nazis, el médico y sexólogo alemán, Magnus Hirschfeld, es el primero en realizar una operación completa de cambio de sexo, en los años treinta, al pintor Einar Mogens Wegener, que sería posteriormente más conocida como Lili Elbe, aunque fallece como consecuencia de complicaciones en la operación, de ahí que la primera operación de cambio de sexo que culmina con éxito sea la que practica, también en Copenhague, en 1952 a un exsoldado estadounidense de origen danés, George Jorgensen, que sería escogida dos años después como Mujer del Año con el nombre de Christine Jorgensen.

Transgénero: Es la manera en la que se designan a las personas que no se identifican con su sexo biológico o con aquel que se les asigna al nacer. Un término que engloba tanto a las personas andróginas, como a las de género fluido o a las transexuales, siendo lo opuesto a cisgénero. En ocasiones pueden surgir conflictos para denominar si una persona es transgénero o transexual, por lo que siempre es preferible utilizar el término con el que cada persona se sienta más cómoda, aunque la diferencia principal estaría en que una persona transgénero no necesariamente rechaza su sexo biológico, tan sólo se identifica con el género opuesto, mientras que una persona transexual necesita sentirse física y psicológicamente del género opuesto, con el que se identifica.

Travesti: Si bien aparece en un poema épico español del siglo XVII, La guerra de Chile, y es utilizado en la época del burlesque victoriano, teniendo su origen etimológico en el italiano, es de nuevo Magnus Hirschfeld quien, en 1910, termina por popularizar este término para designar a las personas que tienen un deseo erótico por vestirse con las ropas del sexo opuesto. De ahí que originalmente se denomine travesti tanto a lo que hoy en día llamaríamos persona transgénero como a una persona transexual, así como también a una drag, pero también para designar a personas que sintiéndose identificadas con su sexo biológico, encuentran una forma de experimentar placer sexual vistiéndose con las ropas del sexo opuesto, lo que ha llevado al término a adquirir un sentido peyorativo que ha llevado a su desuso en lo que se refiere a la identidad de género.

Muchas son las figuras y relatos que dan cuenta de la evolución del travestismo a lo largo de la historia como cuando la madre de Aquiles le viste de mujer para evitar que sea alistado para e servicio militar en la cultura griega; la balada china que relata el periplo de Hua Mulan, una mujer que se hace pasar por hombre para alistarse en el ejército; la Papisa Juana, que se convierte en la primera mujer pontífice al pasar desapercibida presentándose como un hombre; Juana de Arco, condenada a la hoguera por herejía por asumir un papel reservado exclusivamente para los hombres; Catalina de Erauso que se viste de hombre para escapar de un convento en España. Indudablemente, desde la perspectiva actual, algunas de estas personas encajarían con toda probabilidad en otras identidades.

Queer (o cuir): Denominación ampliamente inclusiva que se utiliza para designar cualquier tipo de minoría sexual que no se siente identificada con ninguna de las realidades mencionadas, no considerándose ni heterosexuales ni cisgéro. A pesar de que algunas personas incluyen la Q tras las siglas LGBT, lo que buscan las personas que se identifican como queer es precisamente apartarse del discurso habitual del colectivo y del estilo de vida que socialmente se les atribuye, pero que tampoco se conforman con las convenciones de la sociedad heteronormativa.

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