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Cómo repartimos los amigos

Cuando una relación se rompe, hay que hacer separación de bienes: esto es tuyo, lo otro es mío, aquello de más allá lo compró mi madre... Pero hay decisiones mucho más complicadas de tomar: ¿cómo se reparten los amigos tras una ruptura?

Carlos G. García • 28/07/2011

Cómo repartimos los amigos

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Las rupturas están a la orden del día. Aunque nos guste pensar que el amor está en todas partes, la cruda realidad es que en lo que se refiere a relaciones de pareja, el desamor es mucho más frecuente que el amor. Y aunque el mundo de la piruleta sea infinitamente más atractivo, lo cierto es que las relaciones se rompen. Hay rupturas todos los días. Y con las rupturas, como no, vienen las separaciones de bienes.

Si no me creen, pregúntenle a los abogados matrimoniales. Los divorcios y las separaciones son algo en lo que entra en juego una enorme cantidad de valores. Porque sí, tía, porque suele ocurrir que cuando te echas novio, confías en él (fíjate tú, qué tontería, confiar... Ya hay que ser mema) y cuando confías en una persona terminas compartiendo muchas cosas: la cama, la saliva, el baño, la ducha, la casa, el perro, los niños... Ay, sí, y también los sentimientos (en el caso de que ustedes tengan de eso y no se junten y formen parejas por conveniencia). Llegados a cierto punto es muy fácil que uno no sepa qué es de quién, sobre todo cuanto más pasa el tiempo y cuánta más cotidianeidad se comparte. Si llevas once años viviendo con Fulanito, es relativamente sencillo que tengas que hacer memoria para saber quién narices compró esas cosas tan del día a día como la aspiradora, el último tubo de lubricante o la colección de porno. Pueden parecer minucias insignificantes, pero, ojo, que estas cosas aparentemente banales e insulsas y en las que apenas reparas en tu vida cotidiana, en cuanto te separas, pasan a convertirse en objetos sagrados e imprescindibles, reliquias de alto valor, que debes conseguir a toda costa. Por este motivo muchas separaciones se convierten en auténticas batallas campales. Mari, no sabes lo que puede llegar a hacer la gente por una colección de figuritas de mazapán con la forma de Los Caballeros del Zodiaco, aunque sea sólo por joder.

Pero estos, al fin y al cabo, son bienes materiales y tangibles. Esto es tuyo, aquello es mío, dame eso, toma lo otro... En fin, el ser humano, codicioso por excelencia, puede cometer verdaderos atropellos en pos de su ímpetu materialista. Sin embargo, hay algo muchísimo más complicado de gestionar y es la gran pregunta que aquel afamado dueto llamado Ella Baila Sola cantaba (casualmente, justo antes de separarse): ¿Cómo repartimos los amigos?

Porque los amigos no son como un jarrón (aunque yo tengo alguno que otro con complejo de florero, pero no es lo normal). A la hora de cortar una relación, sobre todo si ésta ha durado mucho tiempo (sabemos que no te pasa desde el Paleocristiano, pero dicen que hay relaciones que duran más de tres meses), siempre hay un determinado número de personas que están en medio, entre dos aguas. Los pobres, angelicos, inconcientes, se han hecho amiguísimos del novio de su mejor amigo. Y es que es normal, porque cuando tenemos pareja (en los raros episodios en los que eso sucede, insisto) nos esforzamos por integrar a esa persona en nuestras vidas. Y nuestras amigas mariliendres, que son la mar de majas, intentan caer en gracia y ser superchulis con nuestros novios. Y eso, en principio, es guay. El problema es cuando tu novio te deja y tú quedas con tu amiga para tomar un café (sí, sí, un café. Ahora al wisky lo llaman café, no te jode...) y te desahogas:

-Será imbécil el gilipollas ese, desgraciao' hijo de perra, cacho cabrón. Ojalá Pitingo versione su canción favorita, asqueroso, estiercol...

Lo normal que dices cuando te dejan, vaya.

Como es natural, tú esperas que tu amiga tome partido y te apoye fervientemente. Es la mayor prueba de amistad verdadera que hay en el mundo: que tu mariliendres de confianza te apoye añadiendo insultos a la lista (y si de paso te va pidiendo otro wisky, es que es una amiga para toda la vida, nena, que lo sepas).

El problema viene cuando tu amiga se queda callada y no quiere decir nada porque, la pobre, angelico, inconsciente, le ha cogido mucho cariño al que fuera tu novio. Es entonces cuando, sin dudarlo un instante, la pones en la tesitura de tener que elegir, porque en estos casos no vale ser diplomático, lo único que subyace es el “o conmigo o contra mí”. Si no putea a tu ex, automáticamente se convierte en tu enemiga y se considera su silencio como alta traición. La pobre, que seguramente cuando llegue a casa tendrá una llamada del otro miembro de la relación conyugal con la misma perorata, no tiene bastante con aguantar a una marica mala, que se ve obligada a lidiar con dos.

Pero hace bien con no decir ni mu porque, además, en estos casos callarse es una medida de lo más inteligente. Si algo nos ha enseñado la Historia es a no tomar partido cuando se rompe una relación de pareja. Porque mira, tú te pones ahí a consolar a tu amigo, que lo acaba de dejar con su novio, y te animas y le dices lo que realmente piensas: que su novio nunca te ha caído bien y que han hecho muy bien en dejarlo. Hasta lo llamas malnacido si hace falta. Y te quedas tan a gusto. Pero resulta que al día siguiente te llama tu amigo y te anuncia que, mire usted por donde, el malnacido le ha llamado, le ha pedido disculpas y por arte de magia marica ¡vuelven a estar juntos! Esto es el no va más, porque después de haber puesto a parir al susodicho, ustedes tendrán que poner cara de ser lerdas de profesión, los ojos achinados, una sonrisa abierta y expresar con todo el ímpetu posible:

-”Me alegro taaaaaaaaaaaaaaaaaanto de que hayáis vuelto...”

Aunque al otro lado de la línea se estén ustedes clavando un tenedor en la mano.

Pero volvamos a lo que pasa cuando rompemos una relación. Lo cierto es que muchas veces se nos va la olla, se nos atrofia el cerebro y se nos olvida que los amigos de nuestro novio, aunque se lleven bien con nosotros, son los amigos de nuestro novio. Vamos, que por muy buena relación que exista con ellos no podemos pretender ser el centro del Universo y que nos sigan a nosotros cual flautista de Hamelín dejando tirado a su amigo de toda la vida. Lo normal es que ellos se queden con tu ex y los tuyos contigo. Y sin embargo hacemos lo posible y lo imposible por convencerlos, porque se conviertan en nuestros mejores amigos, por quedar bien con ellos, porque abandonen a nuestro ex... Lo que sea, todo lo que esté en nuestra mano. Y es que muchas veces los amigos se utilizan como un recurso más para hacer daño, un arma arrojadiza que sirve para putearse mutuamente cuando una relación se acaba.

La cosa es que al final los amigos terminan convirtiéndose en meras mercancías, en objetos que no pasan de la categoría del aspirador, el bote de lubricante o la colección de porno. Dentro de nada los abogados van a tener que incluir en el reparto las amistades comunes, para desentrañar esos conflictos tan tremendos que se forman en las rupturas. De cualquier modo, yo les insto a ser empáticos y a tratar a sus amigos y a los amigos de sus novios como personas de carne y hueso, con pensamientos y sentimientos propios y todo eso. No necesitan matarse vivos con sus exs para repartírselos: ellos solitos, como seres con personalidad propia, se relacionan como quieren y con quien quieren. Y están en todo su derecho. Sin rencores.

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

Acerca de Carlos G. García

Carlos G. García es periodista, trabajador social, diseñador gráfico, corrector, escritor, idealista implacable, ex pardillo, un mariquituso con inquietudes y, sobre todo, un superviviente de la vida moderna que un día descubrió que frivolizar y reír era mucho más barato que un psicólogo. “Amar en tiempos de estómagos revueltos” es también su primer libro, un conjunto de artículos sobre el amor, el desamor y sobre cómo enfrentarse a los sinsabores de la vida con humor. Ha publicado con la editorial Stonewall la novela “Entrada + Consumición”, con excelentes críticas. Puedes seguirle en Facebook y Twitter.

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