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Curso básico de emputecimiento

Con lo caro que está todo, el estrés, el paro, la crisis y lo chunga que está la vida, nada mejor que emputecerse para superar los malos tiempos. Emputecerse es fácil si sabes cómo. Porque no es lo mismo montar un follón que follar un montón.

Carlos G. García • 27/10/2012

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Como yo soy tan guapo, tan listo y tan sociable (y tan modesto), la gente me pregunta cosas y me hace consultas de envergadura. En innumerables ocasiones, llevando a cabo ese arte repudiado para un gran número de la población mundial que es hablar, mis amigos, conocidos, archienemigos, gilipichis que me resultaban completamente indiferentes, charcuteros del Mercadona, bibliotecarios, estanqueros, curas, conductores de naves espaciales… en suma, el pueblo, me ha lanzado la misma cuestión impepinable y vital para el desarrollo de la especie humana, una pregunta trascendental de dimensiones cósmicas:

— ¿Qué hay que hacer para emputecerse?

Y es que claro, desde que cerraron la Superpop se han quedado desatendidas este tipo de preguntas importantísimas, que yo no sé por qué Punset no se encarga de responder en vez de tanta ciencia y tanta leche. Porque, admitámoslo, lo único que nos queda en unos tiempos tan inciertos, además de llamar a Paula Vázquez para ofrecerle salami, es follar. Follar como conejos, como descosidos, como si no hubiera mañana. Al mal tiempo, un buen polvo.

Si, querida lectora, eres uno de esos elegidos que tiene una pareja fija con la que copula habitualmente, estás de suerte: ata a tu chorbo a la pata de la cama y dalo todo. No porque desde esta columna nos guste fomentar que seas una guarra de primer nivel, sino porque teniendo en cuenta lo caro que están los restaurantes, el cine, las copas, los paseos en barca, las obras de teatro, los conciertos, los viajes, los hoteles y hasta los paquetes de pipas, casi mejor que te quedes en casa con los tobillos detrás de las orejas mirando al techo con tu novio, por el bien de tu economía y de tu cuenta corriente. En cambio, si estás soltero, como matarse a pajas está muy feo y además puede llegar a producir callos en las manos, mi equipo de investigación y yo (o sea, mis amigos imaginarios y yo) hemos creado unas nociones básicas para emputecerse que convertirán tu vida en una suerte de película porno. Querida lector, deja de compadecerte de ti misma en casa y de pensar cosas sarcásticas sobre los hombres (que las chicas sarcásticas nunca encuentran marido). Aparta a un lado tus prejuicios y lánzate a la aventura.

¿Qué hay que hacer para emputecerse?

Emputecerse es fácil si sabes cómo. Seguir estos sencillos pasos es el secreto que te conducirá a tener el ojete más transitado que la estación de Atocha el día antes del puente de la Inmaculada.

1. Hacerte perfiles en todas partes. Esto es básico: para ligar uno tiene que dejarse ver. Lo mejor para emputecerse es abrir vías para ser accesible y quedar con gente. Si te quedas en tu casa viendo Se llama copla nadie va a poder follar contigo (y con razón): ten citas, haz un casting, una macroquedada o un reality, que tan de moda están; un ¿Quién quiere casarse con mi hijo? adaptadado: un ¿Quién quiere acariciarme el choripan? Páginas de contacto las hay a patadas, por no hablar de las redes sociales, algunas de las cuales son prácticamente un burdel. Algunas páginas funcionan mejor y otras peor, pero eso no importa. Lo realmente relevante es que estés en todas. Todos los maricones lo hacen. Tanto así que habrás visto al mismo maromo en todas las páginas de perfiles con la misma foto, el mismo nick y la misma descripción tantas veces que hasta le tendrás cariño a pesar de no haber cruzado nunca ni una palabra con él. Esto es básico, porque follar a completos desconocidos con cariño es mucho mejor para la salud, para las relaciones humanas y para el cutis.

No sólo has de estar en las páginas y redes específicas de ligoteo. Si te lo montas bien puedes zorrear hasta por el Linked In (porque, desengáñate, no te va a servir para encontrar trabajo con la que está cayendo).

2. Salir de bares. Yo es que soy muy romántico y abogo por lo tradicional, por tomarse una copita en un garito observándolo todo, con un ojo mirando pa’ Galicia y el otro mirando pa’ Valencia cual camaleón, para no perder puntada. Sonreír como una putita, jugar a las posturitas, hacer ojitos, poner morritos, dar la putivuelta cuando lo que hay alrededor no te interesa y ponerte a hablar con el tío que te mola mediante excusas tan estudiadas, complejas y elaboradas como “uy, fíjate, te he pisado, me he tropezado y sin querer te he metido la lengua en la boca y te he hecho el molinillo”. No te rompas la cabeza, esta excusa casi siempre cuela, sobre todo a partir de las tres de la mañana: la gente se encuentra en ese estado lamentable pero estupendo de combinación esplendorosa entre borrachera (ríete tú de los pedos de Massiel) y calentura (ríete tú del calentamiento global).

3. Decir siempre que sí. Hay que estar abierto, ser más fácil que la tabla del 1. Si hay algo científicamente demostrado mucho más allá de la teoría de la relatividad o de que la Tierra es ovalada y achatada por los polos y otras zarandajas es que con dignidad no se va a ninguna parte. Para follar uno se deja la dignidad en casa, en la mesilla de noche. La dignidad está sobrevalorada. Por ello, hay que decir siempre que sí. ¡Sí a todo! Repetid, chicas: ¡Sí a todo! Si se te acerca un chico a hablar contigo, le contestas (y luego te lo follas). Si una amiga te quiere presentar a un amigo, aceptas (y luego te lo follas). Si tu amigo y compañero de fatigas nocturnas liga con uno, tú te pones a hablar con el amigo (y luego te lo follas). Si el camarero decide invitarte a una copa, la aceptas, te la tomas, le sacas otra o un par más (y luego te lo follas). Si un señor con bigote te da caramelos, le dices que sí y que tú siempre has sido muy de chupar. Si el butanero te pide un vaso de agua, tú se lo das (y luego te lo follas). Todo con creatividad y cerrándote lo preciso a experiencias nuevas.

4. Entrarle a la gente sin pudor. Querido lectora, ¿alguna vez te has preguntado por qué hay gente que liga tantísimo? No es porque sean especialmente guapos, ni porque tengan mucha labia, ni porque la tengan como el cuello de un cantaor flamenco y se note desde Murcia. La verdadera razón por la que estos tipos ligan es porque, además de la dignidad, se dejan el sentido del ridículo y la vergüenza en casa. Seamos sinceros: a todos nos gusta que nos lo pongan fácil y nos entren. ¿Pero cuántas veces nos hemos ido a casa con las pelotas llenas de amor, tristes y solos, llorando en un taxi, no importa la dirección, porque ningún maromo se ha dignado a acercarse a hablar con nosotros? Tomar la iniciativa pondrá ante ti infinitas posibilidades. Admitámoslo: en el mundo real es mucho más probable que te zumbes al tío del montón que te ha entrado que al que está más bueno de todo el bar, por la simple razón de que el del montón ha tenido el par de huevos de tirarte los tejos y se te ha puesto a tiro. Por eso mismo, tía, si le entras a la gente tendrás millones de posibilidades más de ligar que si te quedas inerte en una esquina cual ficus o cual mueble de Ikea esperando a que te cortejen. Y si te rechazan no pasa nada, no es el fin del mundo, no hace falta que te cortes las venas ni es necesario que te leas un libro de Jorge Bucay para superar la depresión: hay muchos peces en el mar y mogollón de maricones en el bar.

5. Establece una chorbiagenda. Hay gente que echa unos polvos espantosos en los que uno se pregunta si de verdad eso debería considerarse placentero. Pero luego hay otros que no están mal y algunos que dan mucho gustito. Emputecerse también consiste en hacer esa selección adecuadamente, expurgar, efectuar una criba, descartar aquellos que menos te gustan y repetir con los que más chachipiruli te lo hacen pasar. En esto pueden ayudarte tus amigos e incluso hacerte recomendaciones del tipo “tírate a este, que a mí me gustó”, “a este no te lo recomiendo porque no va con tu rollo” o “fóllatelo y sácalo de tu vida porque aunque tiene un buen polvo está absolutamente perturbada”. Porque vais a ser putas, pero putas con criterio. Y tirar de chorbiagenda es estupendo cuando una noche se ha dado mal o cuando uno se encuentra antisocial, no le apetece conocer gente y prefiere el calor de una polla conocida.

Con estas nociones básicas os haréis de oro, visitaréis un montón de casas y camas (lo cual está muy bien porque uno saca muchas ideas para decorar), aumentaréis enormemente el consumo de látex y sonreiréis mucho más (como cuando tomáis fibra, pero mejor). Hasta haréis amigos e incluso puede que conozcáis al amor de vuestra vida que os despertará cada mañana diciéndoos al oído “buenos días, princesa”. Todo es cuestión de liarse la manta a la cabeza y dejarse llevar. Porque ya lo dice la sabiduría popular: masturbarse es divertido, pero follando conoces gente.

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

Acerca de Carlos G. García

Carlos G. García es periodista, trabajador social, diseñador gráfico, corrector, escritor, idealista implacable, ex pardillo, un mariquituso con inquietudes y, sobre todo, un superviviente de la vida moderna que un día descubrió que frivolizar y reír era mucho más barato que un psicólogo. “Amar en tiempos de estómagos revueltos” es también su primer libro, un conjunto de artículos sobre el amor, el desamor y sobre cómo enfrentarse a los sinsabores de la vida con humor. Ha publicado con la editorial Stonewall la novela “Entrada + Consumición”, con excelentes críticas. Puedes seguirle en Facebook y Twitter.

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