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El encuentro ideal

Mucha gente está convencida de que para conocer a alguien interesante de quien enamorarse o al tío de tus sueños hay que buscar “en los lugares adecuados”. ¿Es que no se puede conocer a alguien especial de noche en los bares? ¿Puede uno encontrar al amor de su vida en el Grindr? ¿Es posible toparse con el príncipe azul en Internet? ¿Y por qué no, tía? ¿Es que los tíos interesantes no van de bares, no se hacen un Grindr y no ligan en Internet?

Carlos G. García • 03/11/2012

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Si hay algo que tenemos claro a estas alturas de la película (además de que Ricky Martin es de la acera de enfrente y de que en Mujeres, Hombres y Viceversa hay de todo menos ingenieros químicos; o ya, ni eso, mira lo que te digo, que ni al graduado escolar llegan algunos) es que con eso del amor romántico nos la han metido doblada. A través de años y años de películas, series, cuentos, novelas, relatos cortos, canciones, obras de teatro, tapas de yogur y etiquetas de champú nos han contado una cantidad muy grande de tonterías que ya no hay quien se trague: que si el destino, que si las almas gemelas, que si el amor a primera vista, que si se puede ser amigo de tu ex, que si se puede follar encima de una lavadora (¡encima de una lavadora! Y con placer y todo, que ya hay que tener moral; pero si hay veces que uno lo hace de normal, en una cama como Dior manda con las sábanas limpias, y como el tío sea un poco más torpe de la cuenta no hay ni gustirrinin ni ná…), que si por un casual un día eres puta viene un señor muy rico que se enamora de ti y te quita de la calle… Gilipolleces de tomo y lomo, tonterías románticas que nos meten en la cabeza. Y hay muchos que se lo creen y luego se frustran porque no lo consiguen. De hecho, yo tengo un par de amigos que todos los fines de semana esperan que el rico millonario los rescate en cualquier esquina. Aunque yo los entiendo, porque es más fácil que les pase eso a que encuentren trabajo.

Sin embargo, hay una cosa que nos han vendido que es verdad y que sólo por dar por culo la gente no se cree: el amor se encuentra en cualquier parte. Subrayo: en cualquier parte, tía. Cuando yo hablo con la gente… Porque, aunque no os lo creáis, yo hablo con la gente, soy un maricón empírico, hago como que les escucho y algunas veces hasta me entero de algo. Y si no, pues me lo invento. Cuando yo hablo con seres humanos emparejados (porque, para aquellos lectoras hartos de buscar, a punto de meterse a monjas de clausura, hay quien encuentra novio. Novio de verdad, no de plástico ni de goma, sino de carne y huevo), me cuentan unas historias increíbles. Y aburridísimas, todo hay que decirlo. Tú vas y formulas la pregunta a la pareja de turno así, de pasada, para quedar bien:

— ¿Y cómo os conocisteis?

Y entonces te tiran a la cara una historia de tres horas en la que lo más importante que pasa es “y ahí nos miramos y supimos que estábamos hechos el uno para el otro”. Fíjate tú, el rato perdido para la tontería tan grande. Es que te lo relatan con todo lujo de detalles, que te enteras hasta del color del forro de las bragas que se habían puesto esa mañana, maricón. Y total, todo para contar que terminaron chingando y que uno le pidió al otro que le tirara del pelo y la llamara puta; que ya ves tú, que es como ver Titanic, que ya te sabes el final. Bien, pues quitando toda la paja (es decir, resumiendo la historia de tres horas en dos minutos), resulta que te das cuenta de que las personas conocen a sus novietes de los cuales se enamoran perdidamente en cualquier parte. En el cine, en el supermercado, en el lugar de trabajo, en la autoescuela, en un reality de la tele, en Nueva York, en Villanueva de Alpandeire, en una biblioteca, en un crucero, en un musical, en la boca de un volcán, en un casting de Fama, sacando un paso de Semana Santa… Incluso (y es aquí donde viene la sorpresa) en los bares, en el Grindr y en Internet.

Porque todo puede ser, pero en los bares, en el Grindr y en Internet, por lo visto, no se puede conocer a alguien especial. Mucha gente me dice: ¿pero cómo va alguien a conocer al maricón de su vida en un bar?. O el Grindr es para follar, pero para nada más. O en un perfil de Internet no se puede conocer a alguien normal. O esa frase tan estupenda que te sueltan tus amigos cuando, hasta la polla de quedar con tíos con los que al final tienes tanto en común como Paula Vázquez con Punset, manifiestas tu hastaelcoñismo y te quejas de lo malo que está el mercado y de que la suerte no te acompaña: Eso te pasa porque no sabes buscar en los sitios adecuados. ¿Los sitios adecuados? ¿Y cuáles son los sitios adecuados pa’ echarse novio formal? ¿Convivencias de sectas en el campo? ¿Excursiones a Carratraca? ¿Locales especiales? ¿Hay una ventanilla o algo así? ¿O va más en plan Telepicha? ¿Se puede encargar el novio con extra de alcaparras? ¿Y te lo ponen pa’ llevar o se la tienes que comer en el local? No sé, me pregunto.

Es que lo ideal es conocerlo en otro sitio. Sí, claro, en la Iglesia, no te jode. ¿Dónde coño te crees tú que la gente se conoce hoy en día, si los que tienen trabajo hacen jornadas de quince horas y los que no lo tienen hacen colas de hasta tres días en la Oficina de Empleo para que les renueven la ayuda esa? ¿En el brunch de los jueves? A la gente se la conoce donde se la conoce; es decir, en cualquier parte y en cualquier circunstancia, hasta plantando un pino y pidiendo papel higiénico si hace falta. Que, hombre, ahí no se genera mucha conversación, pero ya es un comienzo de algo, de lo que sea. Que no importan las circunstancias en las que se conozca a alguien, sino la persona en sí.

Sin embargo, hay quienes piensan que las circunstancias lo son todo. Son los que te argumentan: Es que en un bar, de noche, borrachos, y yéndote a su casa a poneros mirando pa’ Cuenca a la primera de cambios con fruición y alevosía cual porno gay no vas a encontrar al chico de tus sueños. Hombre, yo entiendo que a las cinco de la mañana, con una cantidad equivalente al caudal del Ebro en tu cuerpo, haciendo eses y confundiendo las consonantes con las vocales y viceversa no vas a mantener una conversación inteligentísima a la altura de Stephen Hawking; ni siquiera te vas a acordar mañana de lo que te esté contando el maromo (que ya te puede estar diciendo flowers, que a ti lo que te interesa en ese momento es el choripán). Pero, ¿qué pasa, que se acaba el mundo esta noche? ¿Qué follar en la primera cita impide quedar otro día para tomar un café? ¿Que si el tío te pide el teléfono para llamarte, aunque te parezca majísimo y te haya encantado, le tienes que responder que no porque la religión one night lover/los chicos de los bares sólo me follan la boca una vez te impide volver a verle? ¿O es que te vas de gira con Lady Gaga y ya no vuelves por esta ciudad hasta que transcurra un intervalo temporal similar a la edad de Sara Montiel? Los rollos de una noche pueden convertirse en algo más: no hay ninguna norma que lo prohíba, ni siquiera en Tejas (verificar esto último, que en ese estado está prohibido hasta mear de pie).

Es que en el Grindr y en Internet están todos tarados y van a lo que van. Ah, bueno, vale. Menos mal. ¿Entonces dices que están todos concentrados ahí, no? Vamos, que en el Mercadona no me voy a encontrar a ningún pirado salido de estos. ¿Y los ha clasificado alguien o se han puesto ahí ellos solitos? Que digo yo, vamos, no sé, se me ocurre, que muchos de esos maricones, también tendrán relaciones y hasta, fíjate lo que te digo, tendrán la capacidad de querer a otro ser humano. Incluso los que ponen que son bicurious. Incluso los que inician las conversaciones con un ¿Eres pollón? Claro, tía, pero si muchos de ellos ya hasta tienen novio…

Pero es que lo ideal es conocerle en un parque bonito, en un día soleado, almorzando un sándwich de pavo sentado en una fuente y que surja una conversación espontánea y profunda que os enganche. Pero vamos a ver, ¿tú desde cuándo no pisas un parque? ¿Y un parque bonito? Porque yo no es por nada, pero en el parque que hay debajo de mi casa, como te sientes en la fuente, lo más que te llevas es un zurullo de paloma grande y gordo. Y lo de comerte un sándwich allí en medio como que no apetece, ¿sabes? Además, pero si la gente ya no habla con desconocidos, si cuando se quedan solos enseguida se enchufan al What’s up… o al Grindr.

En definitiva, que con lo difícil que es dar con alguien que te llene (y te rellene), con el que llevarse bien y con el que surja la chispa, lo peor que podemos hacer es ponerle puertas al campo y estar en plan exquisitos. Si lo que tú estás esperando es conocer a alguien con las características que tú buscas en un tío (que este es otro tema), en el sitio X, a la hora Y, con unas condiciones atmosféricas precisas, vestido con una ropa concreta, haciendo esto y hablando de lo otro y que, ya de paso, suene una de Whitney Houston cuando os miréis y os enamoréis, ya te digo yo desde aquí que vas listo, chato. Más que nada, porque lo de enamorarse no se planea: surge inesperadamente. Es decir, que el amor puede pillarnos en cualquier parte y de cualquier manera. Y aun así es bonito, porque lo importante es dar con él. Lo demás es lo de menos.

Para un tópico romántico que nos vale y que no es una estafa, mejor nos lo quedamos y lo aplicamos, ¿no?

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

Acerca de Carlos G. García

Carlos G. García es periodista, trabajador social, diseñador gráfico, corrector, escritor, idealista implacable, ex pardillo, un mariquituso con inquietudes y, sobre todo, un superviviente de la vida moderna que un día descubrió que frivolizar y reír era mucho más barato que un psicólogo. “Amar en tiempos de estómagos revueltos” es también su primer libro, un conjunto de artículos sobre el amor, el desamor y sobre cómo enfrentarse a los sinsabores de la vida con humor. Ha publicado con la editorial Stonewall la novela “Entrada + Consumición”, con excelentes críticas. Puedes seguirle en Facebook y Twitter.

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