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Invasión Gay

Ahora que podemos casarnos, los maricones y las bolleras tenemos permiso para sacar a la luz nuestro plan secreto de hacernos con el mundo y someter a la especie humana. ¡Somos malos y tra tra traviesos! ¡Acabaremos con vosotros, familias heterosexuales, JAJAJA! Esto va a ser Sodoma y Gomera.

Carlos G. García • 10/11/2012

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Esta semana estoy que no quepo en mí de gozo. Y al contrario de lo que muchos sectores conservadores de esta sociedad puedan estar pensando, no es porque me haya comprado un dildo enorme y mejor. Estoy muy feliz porque unos señores a los que la gente popularmente llama Tribunal Constitucional han dicho que me puedo casar con otro maricón de pura cepa. ¿No es fantástico? Un despiporre. Es Sodoma y Gomera; salvo que lo único que se pone como una piedra es mi miembro viril.

Por fin, invertidos e invertidas, ha llegado el ansiado momento que estábamos esperando pacientemente, agazapados en nuestras madrigueras, en esos antros de lujuriay sexo desenfrenado y tras esos perfiles con nombres tan originales como pollon28cm. Ya es hora de que lo confesemos, de que maricones y bolleras saquemos a la luz nuestros pensamientos perversos de destruir la sociedad. Ahora que podemos casarnos con quién nos salga del papo, vamos a llevar a cabo el plan de destrucción de la especie humana que venimos urdiendo durante siglos (porque los maricones venimos de antaño, de antes que Sara Montiel, pero nos conservamos muy bien porque usamos cremas reafirmantes hasta en el escroto). Malditos ingenuos heterosexuales, vamos a acabar con vosotros, JAJAJAJA (risa maquiavélica o de perturbado emocional — o sea, que la risa se parece mucho a la de cualquiera de tus exs — ). Quede claro que nosotros siempre hemos soñado con destruir lo que se conoce como familia tradicional. Es que no pensábamos en otra cosa. Destruir, destruir, matar, matar... Bueno, y en follisquear, en eso también pensábamos.

Pero vayámonos al principio. Todo comenzó en la época de las cavernas, tía. Mientras los machos heteros se entretenían arrastrando a las hembras por el pelo hasta su cueva y hacían unos dibujos horribles que aun así tienen más calidad artística que los truños que dibujabas en el colegio en la asignatura de Plástica, nosotros nos reuníamos secretamente en un sitio con muchas flores rosas, con mucha purpurina, unicornios, arco iris y tarimas en las que bailar canciones de la versión Mónica Naranjo Neardental y consensuábamos las diferentes maneras de acabar con la Humanidad. Nos quitábamos las pieles de animales muertos que nos poníamos para disimular, para que creyerais que éramos como vosotros, y nos poníamos pelucas y tutús de plumas.

Tras varias mamadas (porque los maricones somos unos guarros que solo pensamos en follar desde el principio de los tiempos) elegíamos al que la tuviera más larga, más gorda y más espesa como jefe de los sarasas. Él recibía el título de Marica Primera, Reina del Cuarto Oscuro y de Holanda y nos pervertía a todos. Lo apodábamos Satán, nombre en clave que servía para gritar cuando copulábamos con él (sí, sigue, Satán, dámelo toro, toro y toro, tírame del pelo y llámame Mari Carmen). Nos lo pasábamos chachi y si en algún momento nos aburríamos uno de nosotros imitaba a la Pantoja y… ¡qué risas!

Luego la gente se dio cuenta de que existíamos y empezó a perseguirnos. Primero dijeron que éramos contra natura (fíjate, nosotros, que somos la mar de naturales y espontáneos). Luego que estábamos enfermos; que yo no es por nada, pero mucho decir y decir, pero a mí mi médico no me quiere dar la baja por estar maricón perdido ni me permiten pedir una pensión de invalidez. Ni siquiera nos ponen un especialista, un Mariconólogo, que uno vaya a la Seguridad Social y pueda pedir cita tranquilamente, o al menos alguien del gremio del aceite que nos haga un ajuste. Nada. Pero poco a poco fuimos conquistando la sociedad. Mientras os distraíamos y confundíamos vuestras mentes con luces de néon, colores chillones, peinados imposibles, mariliendres a las que absorbíamos el cerebro y que luego difundían nuestra palabra e ideología, ritmos alegres y fiesteros y capítulos de Sexo en Nueva York y Glee, nos hemos ido adentrando en vuestra sociedad heterochachi hasta invadiros por completo. Ya es hora de que lo sepáis. Controlamos el sector de la moda, de la belleza, del cine, del teatro, de la música, de la danza y las artes escénicas, de la publicidad y el diseño gráfico, de la peluquería y el maquillaje y la producción mundial de artículos de folleteo (porque somos unos guarros que sólo pensamos en que nos rellenen como napolitanas de crema). Estamos en todas partes y tenemos infiltrados en la política, en la educación, en la sanidad y le ponemos una sustancia rara a la carne y al pescado que consumís para que os confundáis de borrachera y especialmente en la época de la Universidad.

Ahora que habéis bajado la guardia y que por fin se ha aprobado nuestro derecho a casarnos pilila con pilila y potorro con potorro, ahora que por fin podemos fundar nuestras propias uniones y familias, podemos afirmar sin miedo que vamos a acabar con vuestra sociedad heterosexual de normales (porque nosotros somos anormales) JAJAJAJAJA JAJAJAJA JAJAJAJA JAJAJAJAJA JAJAJA me vierto toda JAJAJAJAJA JAJAJAJA no va a quedar ni un hetero vivo, ni una familia tradicional JAJAJAJA JAJAJAJAAJJA la vamos a liar parda JAJAJAJA JAJAJA JAJA de esta no os salvan ni los Power Rangers JAJAJJA…

Lo primero que vamos a hacer es sodomizaros a todos (pues claro). Os vamos a poner los ojetes como plazas de toros. Ya veréis qué gustito. Luego vamos a pervertir a vuestros hijos enseñándoles que pueden vivir perfectamente con dos mamás o con dos papás y obligándoles a comportarse con mucha pluma y a hacer coreografías de Lady Gaga en las funciones del colegio, y todo eso porque estamos locas del coño y somos incapaces de criar niños sanos y equilibrados. También tenemos un plan para que a los bares sólo entre gente de la acera de enfrente (si vemos a un tío y a una tía dándose el lote, los echamos e incluso llamamos a la policía gay para que los metan en un programa de reinserción basado en ver repetidas veces Una jaula de grillos, In & Out y Priscila reina del desierto. Prohibiremos los besos heteros en pantalla (puaf, qué asquerosidad, qué perversión) y los partidos de fútbol dejarán de televisarse porque lo realmente relevante es lo que ocurre en el vestuario y en las duchas, el resto no nos interesa. Se podrá hacer cruising en la sección de lácteos del Mercadona. Bertín Osborne será mariconizado y transformado en un mariclon de Jorge Javier, Intereconomía pasará a llamarse Interojetetía, La Gaceta será una revista de moda solo apta para homosexuales y La Razón un catálogo de tías en tetas y chulazos en ropa interior. Por último, Dios dejará de ser un tipo rancio que no aprueba nuestra existencia a ser un tipo enrollado que cree que molamos mazo y que lo de casarse, adoptar y formar una familia es algo que podemos hacer perfectamente.

Sin duda, os espera un Apocalipsis. Una ola de sexo gay destruirá la Tierra, como en Deep Impact, pero en versión maricona, con mucha purpurina y una banda sonora compuesta íntegramente por Rafaella Carrá. No sé cómo habéis permitido que lleguemos a casarnos, JAJAJAJAJA. Maricones al poder, os vais a arrepentir de todo esto, vamos a corromperlo absolutamente todo. TODO. Se acabó el mundo tal y como lo conocíais. Vamos a sembrar el terror.

Y así, queridos y queridas lectoras es como mucha gente ignorante e idiotizada nos ve. Qué pena, ¿verdad?

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

Acerca de Carlos G. García

Carlos G. García es periodista, trabajador social, diseñador gráfico, corrector, escritor, idealista implacable, ex pardillo, un mariquituso con inquietudes y, sobre todo, un superviviente de la vida moderna que un día descubrió que frivolizar y reír era mucho más barato que un psicólogo. “Amar en tiempos de estómagos revueltos” es también su primer libro, un conjunto de artículos sobre el amor, el desamor y sobre cómo enfrentarse a los sinsabores de la vida con humor. Ha publicado con la editorial Stonewall la novela “Entrada + Consumición”, con excelentes críticas. Puedes seguirle en Facebook y Twitter.

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