Propósitos de Ano Nuevo

Al comienzo de todos los años tú, yo, mi prima, tu vecina y en general todo quisqui nos proponemos cambiar aquellas cosas que no nos gustan con el fin de hacer nuestra vida mejor. Lástima que esos propósitos duren menos que una foto de Eliad Cohen en la puerta de un bar de ambiente...

Carlos G. García • 30/12/2012

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Y tras la Navidad, llega el Año Nuevo, ese fantástico momento en el que parece que absolutamente todo va a cambiar. Yo no sé quién nos lo ha metido en la cabeza o qué clase de película de Disney nos ha convencido de que a las 12 de la noche del día 31 de diciembre de todos los años, debido a una conjunción de los astros y a que todo el mundo contrae el ojete a la vez, la vida de las personas puede cambiar sustancial y drásticamente.

Esto es así y mucha gente lo cree a pies juntillas. Y si no, maricones míos, reflexionad durante al menos tres segundos sobre la enorme cantidad de gilip… tradiciones de fin de año que se llevan a cabo en algunos hogares. Yo tengo un amigo que dice que en su casa, para dar la bienvenida al año nuevo y a las mieles de la buena suerte, se tienen que tomar las uvas levantados, con los zapatos puestos, las ventanas abiertas y las luces encendidas en todas las habitaciones, tirar los platos viejos por la ventana, abrir los grifos, coger al gato en brazos, mirar al techo, pedir seis deseos, chuparse el codo, escupir al abuelo en un ojo, tomarse una lenteja con cada uva, hacer el pino con un bollicao en la boca mientras se baila La Lambada y pensar en el coño tu prima para atraer la buena estrella. Todo esto en cuestión de doce segundos, que es como para empezar el año sufriendo un bonito y esplendoroso infarto. Y si no lo hacen, el año nuevo llega cargado de malos presagios y augurios y pasan cosas horribles como que Paulina Rubio saca un disco.

Pero no seamos chungos ni negativos: la vida puede cambiar si uno se lo propone: está en nuestras manos hacer cambios, evolucionar, parecernos más a lo que soñamos que seremos. Por eso, el 1 de enero de todos los años, en plena resaca, la mayoría de los seres humanos (e incluso los seres invertebrados como tu ex) se dedican a hacer una lista con los propósitos de Año Nuevo. Y lo siento por todos aquellos que os pensáis que sois taco de especiales y originales, pero la mayoría nos ceñimos a propósitos muy similares:

1. Los propósitos del cuerpo: es decir, ponernos riquiños y estupendos. Todo el mundo sabe que durante la Navidad lo que más se hace es comer. Tras haber ingerido tu peso en mantecados y tras haberte introducido por la boca turrones hasta casi bosar, muchos de nosotros nos planteamos: “oh, my dog, tengo que estar mono para cuando llegue el verano y que la gente en la playa no vomite en cuanto me quite la camiseta”. Sea para adelgazar o sea para obtener uno de esos maravillosos trajes de músculos que algunas personas usan, las decisiones más comunes que se tienen en esta área son las siguientes:

-Hacer una dieta. La dieta de comer solo cebolla, la dieta de comer sólo proteínas, la dieta de comer sólo los jueves, la dieta del cucurucho y todas las imaginables, que al final siempre terminan contigo hundiendo la cara en una tarta de chocolate de tres pisos con lágrimas en los ojos.

-Apuntarse a un gimnasio. Y no volver a aparecer por allí hasta finales del verano para cancelar la suscripción, justo cuando has asumido que mientras los demás tienen abdominales, tú tendrás que conformarte con EL ABDOMINAL, a secas, ese bulto cervecero amigable que te precede. A partir de entonces dirás a quien quiera escucharte que tú no estás gordo, que tú estás “fuertecito”.

-Hacer deporte, como empezar a correr por las mañanas, ir en bici al trabajo (y que te espere el SAMUR en la puerta para reanimarte), hacer la compra en patines (y que te confundan con la chica esta del Carrefour a la que llaman las cajeras cuando no tienen cambio), hacer yoga (y quedarte hecho una alcayata cuando intentes hacer la postura de ponerte la pierna por detrás del cuello) y jugar al futbito los viernes. Por supuesto, todo ello se quedará en una partida de cartas los domingos bebiendo mucho tequila, que ya se sabe que sujetar los vasos de chupito en el aire y brindar adelgazan un montón.

2. Los propósitos de la salud. Todos tenemos una vocecilla en nuestro interior que nos acompaña durante el transcurso del día y nos dice lo que estamos haciendo mal. Esa voz no es la de Pepito Grillo, como ingenuamente se cree, sino la del presentador de Saber Vivir, que en plan tocapelotas nos lanza mensajes del tipo “eso tiene mucho conservante”, “hoy no te has tomado las seis piezas de fruta diarias que se recomiendan para una vida sana”, “te estás atiborrando a grasas saturadas”, “tu barriga tiene vida propia, deberías apodarla Grasita Morales”, “vas a morir a los cuarenta con suerte”, "comiendo tanto huevo, debes tener el colesterol por las nubes" y cosas así de entrañables. Por tanto, para el año nuevo, los propósitos más comunes son:

-Dejar de fumar. Lo cual está muy bien. Más que nada porque en cuestión de un par de subidas más va a costar lo mismo una cajetilla de tabaco que un viaje a Nueva York en jet privado con Lady Gaga sentada a tu lado dedicándose en cuerpo y alma a cogerte la mano y a darte biodraminas para el mareo. Y también porque como sigas saliendo a la puerta del bar a echar un pitillo a las tantas de la madrugada, el tabaco no sé, pero la pulmonía te mata seguro.

-Beber menos. Al menos bebidas blancas, que dicen que una copita de vino al día es sano. Lo malo es que tú ya te las has tomado todas hasta cumplir los setenta y tres años.

-Comer más saludablemente: especialmente nabos, pepinos, zanahorias y todo lo que tenga forma fálica, que ya se sabe que los gays, en tanto que somos unos pervertidos, no podemos consumir verduras y fruta ovaladas.

3. Los propósitos de ser mejor persona. Estos son megachulis y se destinan, básicamente, a montarte la película de tal modo que los demás piensen que la Madre Teresa de Calcuta y tú sois gemelas separadas al nacer. Para ello se toman decisiones como:

-Ser solidaria. Y comerte una polla al día por todas aquellas personas que no pueden comérsela.

-Ser más amiga de tus amigos. Porque antes no, antes eras enemiga de tus amigos, una auténtica puta. Pero este año vas a ser superagradable, empática, atenta, servicial, vas a escucharlos siempre que lo necesiten, los vas a ayudar en todo… vamos, lo que se supone que ya hacías pero de verdad, sin darles puñaladas traperas y sin pensar en la lista de la compra cuando te cuenten sus problemas.

-Hacerle más caso a tu novio. Sí, nena, ese chico que está a tu lado en el sofá y que se acuesta contigo en la misma cama. ¿No te habías dado cuenta? Pues es tu novio. Y sí, los novios también tienen sentimientos, por eso deberías dejar de tontear con todo el mundo delante de él. Si no tienes novio se acepta el “tratar a los tíos que me follo con relativa amabilidad” y no echarlos de casa antes siquiera de que se hayan subido los calzoncillos porque el hecho de que se queden cinco minutos más de la cuenta implica en tu mente retorcida que estáis a un tris de adoptar una niña china. En lugar de darles una patada en el ojete, podrías hacer como en Gran Hermano, e invitarlos a abandonar la casa.

4. Los propósitos de ser taco de culta y viajada. Porque resulta que te das cuenta de que lo más cultural que haces al cabo de la semana es ver ¿Quién quiere casarse con mi hijo? y que lo más interesante que has leído últimamente fue la etiqueta de un lubricante nuevo que compraste. Por eso, te propones:

-Ver menos la tele y leer más. Pero leer más libros, ¿eh? Y libros con letras, no sólo con dibujos. Y libros que no se titulan Teo va al parque o Teo va a la sauna gay y que no son del Barco de Vapor, sino de personas mayores y todo. Y ver Sálvame sólo cinco días a la semana.

-Aprender cosas nuevas. Por ejemplo, hacer un Curso de decorar cuartos oscuros, un Curso de personal choped, un Máster en reciclaje de condones usados para hacer con ellos fiambreras o un Doctorado en hacer burbujas con el ojete, que se va a llevar mucho en 2013 y te va a abrir un montón de puertas profesionales.

-Masturbarte con películas porno con argumento. Que todos sabemos que esto enriquece una auténtica barbaridad.

La ventaja de que se acaben los años es que prácticamente puedes proponerte casi cualquier cosa, porque es como si hiciéramos zorrón y cuenta nueva, como si pasáramos página y nos halláramos ante una hoja en blanco que nos permite olvidar, aunque sólo sea durante unos segundos de nada, nuestras limitaciones y los lastres que arrastramos. Por eso aprovechadlo tanto como podáis; y si la tontería esta del Año Nuevo os sirve de excusa para hacer cosas que hasta ahora nunca os habíais a atrevido a hacer, bienvenidas sean las tradiciones y las supersticiones.

Yo, por mi parte, en 2013 voy a rodar mucho más por el suelo para hacer la croqueta. Es lo que más claro tengo.

Queridos lectoras, Feliz Ano Nuevo.

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

Acerca de Carlos G. García

Carlos G. García es periodista, trabajador social, diseñador gráfico, corrector, escritor, idealista implacable, ex pardillo, un mariquituso con inquietudes y, sobre todo, un superviviente de la vida moderna que un día descubrió que frivolizar y reír era mucho más barato que un psicólogo. “Amar en tiempos de estómagos revueltos” es también su primer libro, un conjunto de artículos sobre el amor, el desamor y sobre cómo enfrentarse a los sinsabores de la vida con humor. Ha publicado con la editorial Stonewall la novela “Entrada + Consumición”, con excelentes críticas. Puedes seguirle en Facebook y Twitter.

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