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LesGaiCineMad 2018: «Mario» no es un valiente, pero Bruce La Bruce tampoco es un provocador

Con las proyecciones de «Mario» (Marcel Gisler, 2018, Suiza), dentro de la sección Panorama, y de «It is not the pornographer that is perverse…» (Bruce La Bruce, 2018, Alemania & EE.UU.), fuera de competición, comienza la cuenta atrás para la clausura de la 23ª edición de LesGaiCineMad, que tendrá lugar el próximo domingo, 11 de noviembre.

Luis M. Álvarez • 05/11/2018

LesGaiCineMad 2018: «Mario» no es un valiente, pero Bruce La Bruce tampoco es un provocador | Foto: Youtube

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Las proyecciones de las 23ª edición en la Cineteca de El Matadero se vuelven multitudinarias, tanto en el caso de Mario (Marcel Gisler, 2018, Suiza) como de It is not the pornographer that is perverse… (Bruce La Bruce, 2018, Alemania & EE.UU.), imagino que también habría lleno para Rafiki (Wanuri Kahiu, 2018, Kenia, Sudáfrica, Alemania, Holanda, Francia, Noruega & Líbano) a la que no pude llegar y espero ver el próximo domingo, ni tampoco a la de Close Knit (Karera ga honki de amu toki wa, Naoko Ogigami, 2017, Japón), que tuve la fortuna de ver en la pasada edición, donde cautiva tanto al público como al jurado. Claro que esto es lo que se refiere a la sala Azcona, mientras tanto, en la sala Borau se vuelve a proyectar Love, Scott (Laura Marie Waye, 2018, Canadá), Upon the shadow (Nada Mezni Hafaiedh, 2017, Túnez) y dos sesiones de cortometrajes.

«Mario» medra profesionalmente siendo un cobarde

Mientras las entidades deportivas luchan de puertas a fuera contra la homofobia, la realidad es que de puertas a dentro parece triunfar a sus anchas. Los mayoría de los pocos deportistas que han salido del armario lo hacen cuando ya han dejado atrás su trayectoria profesional, quedando mermada, cuando no truncada, la de los valientes que lo hacen mientras todavía están en activo. Y precisamente, ese es el punto de vista que explora Gisler en su espléndida película.

Por mucho que el entrenador de Mario le anime al recalcar lo fuerte que es porque ha conseguido superar la presión cuando sus compañeros de vestuario le señalan por sospechar que es homosexual, el aspirante a futbolista profesional y su entorno más cercano saben que es un cobarde por no afrontar la verdad. De la misma manera, Leon no consigue cumplir ese mismo sueño cuando parecía haberlo ya conseguido, pero es un valiente para Mario porque va a vivir con la verdad por delante, sin importarle lo que digan o piensen los demás, aunque tenga que sacrificar por ello lo que más le gusta.

Salir del armario puede ser un dilema para muchas personas, pero Gisler plantea un problema mucho más profundo, puesto que sus personajes se enfrentan a verse obligados a renunciar a todo aquello por lo que han luchado. La vida en la mentira puede proporcionarte el éxito profesional, pero ni va a ser un camino fácil ni por mucha fama y dinero que te pueda proporcionar vas a conseguir la felicidad. Al contrario, puedes verte condenado a una vida en soledad en la que te odies a ti mismo por no ser quien realmente eres, aparte de la sensación de fracaso porque tu entorno sabe que estás mintiendo. La mayor virtud de Mario es que sin concesiones y sin condescendencia te ayuda a entender a quienes no son capaces de dar un paso tan pequeño a nivel personal, pero tan grande a nivel profesional, te ayuda a comprender que quienes no salen del armario pueden estar sacrificando algo tan importante como tener una vida plena.

«It is not the pornographer that is perverse»… ¿is Bruce La Bruce?

Fuera de competición se proyecta la última película de Bruce La Bruce, la primera que un servidor consigue ver, dado que el año pasado no pude asistir a ninguna de las proyecciones de The misandrists (2017, Alemania), y nunca he tenido la oportunidad de ver ninguna otra de sus obras. Y, efectivamente, respondiendo a la reflexión que plantea su título, es su director el que es perverso. ¿Perverso o simplemente provocador? Un provocador de pacotilla en todo caso, porque me pasa con su película lo mismo que con su reverso femenino, Las hijas del fuego (Albertina Carri, 2018, Argentina), que solamente provoca de puertas adentro, porque no creo que sus propuestas consigan llegar más allá del público gay, aburriendo más que sorprendiendo.

El colmo es que pudiendo haber sido realmente divertida, su película termina siendo más bien triste, al no conseguir trascender y ser algo más que una película pornográfica con un mínimo de sentido, ni cumplir siquiera su propósito, que probablemente fuera que el público terminara haciendo en la sala de cine lo mismo que sus personajes en la pantalla. El primer episodio podría haber resultado irreverente, pero se queda en mínimamente morboso, el segundo podría haber dado para algo más que para los guiños a Pedro Almodóvar, pero se queda en nada más que eso, tan solo el tercero de los episodios me parece que merece un poco la pena, aunque quizá sea porque me recuerda los axiomas de Gaspar Noe en la perturbadora Climax (2018, Francia, Bélgica & EE.UU.), en la que mostrando mucho menos, consigue muchísimo más. También es posible que La Bruce solo pretenda hacer porno de alto standing, en ese sentido su obra está conseguida, pero no por ello me deja de parecer una propuesta francamente pobre.

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