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LesGaiCineMad 2018: motivados con los mayores LGBT y cautivados con «Let us shine» y «Visibles»

Los mayores LGBT y la diversidad afectiva constituyen uno de los ejes vertebradores de esta edición de LesGaiCineMad, a los que aluden cortometrajes como «Let us shine» (Héctor Torres Gámez, 2018, México) y «Visibles» (Enrique Rey, 2018, España), presentados en la Fundación 26 de Diciembre con la presencia de sus protagonistas: Samantha Flores y Federico Armentales, que lideran movimientos para ayudar a los mayores LGBT.

Luis M. Álvarez • 30/10/2018

LesGaiCineMad 2018: cautivados con «Let us shine» y «Visibles» y motivados con los mayores LGBT | Foto: Youtube

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La 23ª edición de LesGaiCineMad tiene un espacio reservado para los mayores, para el que es posible que sea actualmente el sector más vulnerable del colectivo LGBT, la tercera edad, personas que se ven obligadas, en ocasiones, a volver al armario, ya sea por miedo o por soledad al carecer en la mayoría de los casos de familia, de descendientes. Se encuentra para la proyección Gerardo José Pérez, director del festival, Samantha Flores, activista e imagen del festival este año, Gabriel J. Martín, escritor y psicólogo experto en psicología afirmativa gay, así como Federico Armenteros, presidente de la Fundación 26 de Diciembre, en donde se realiza la proyección.

Tierna y emotiva es la pieza con la que Let us shine (Héctor Torres Gámez, 2018, México) ilustra el espacio que Flores dirige en México D.F. Una «casa de ayuda» como si fuera una «extensión de su piel», como ella misma explica en el microcorto. Un espacio inclusivo donde acoge a los miembros LGBT de la tercera edad que no son visibles, para que puedan seguir brillando tanto como lo hace ella. Lástima que el director de esta breve pieza no cayera en que con un sencillo movimiento, el de girar 90º el móvil, habría podido capturar sus imágenes en el formato rectangular habitual al que están adaptadas todas las pantallas, demostrando que no deja de ser un aficionado, con mucha ilusión, pero aficionado nada más.

Mucho más extenso y conmovedor es Visibles (Enrique Rey, 2018, España), centrado en el espacio que dirige Armenteros en Madrid, donde escuchamos diferentes testimonios de personas que, por unos u otros motivos, han tenido la necesidad de acudir a solicitar ayuda y amparo. Más allá del atractivo artístico y divulgativo de ambas piezas, lo cierto es que lo más interesante fueron los testimonios de los invitados profundizando en la necesidad de este tipo de espacios que contribuyan a dar asistencia a los miembros del colectivo LGBT en la tercera edad.

Samantha Flores: «si siempre hemos sido tan discriminados a lo largo de toda la historia, yo no quiero discriminar tampoco»

«Tenemos en la ciudad de México 23 millones de habitantes. Así es que un espacio para la sociedad LGBTTI de este tamaño no es nada, pero ya comenzamos cuanto menos a poner un granito de arena para que la gente joven siga haciendo este trabajo», explica la activista mexicana tras aludir a que su espacio es equivalente en dimensiones a una sola de las salas de las que dispone Fundación 27 de Diciembre y antes de recordarnos el proceso que le llevó a interesarse por crear un espacio para los mayores LGBT, tal y como nos explicara en una entrevista el año pasado, cuando fue Premio de Honor de LesGaiCineMad y vino también como miembro del jurado de la sección oficial.

Precisamente, en la inauguración de la 22ª edición del festival es cuando recibe la noticia de que le habían concedido un espacio en el que ya ofrecen «ayuda psicológica», aclarando que «esto era para el adulto mayor LGBTTI. Pero llegó un momento en que me dije, si siempre hemos sido tan discriminados a lo largo de toda la historia, yo no quiero discriminar tampoco, así que yo abrí la puerta para quien cruzara esa puerta, fuera o no fuera gay. De manera que en estos momentos tenemos más gente heterosexual para ayudar que gente gay. Porque, desgraciadamente, en Mexico nadie quiere cumplir 60 años, todo el mundo se queda en 59», denuncia en un tono más sarcástico que bromista, aludiendo a la reticencia de algunas personas a acudir a su centro, a pesar de que todas sus prestaciones se ofrezcan de manera gratuita, para lo que pide que contribuyamos haciendo aunque sea una contribución simbólica de un euro en la cuenta que dispone en www.vidaalegre.org

Gabriel J. Martín: «Tenemos que encontrar nuestras soluciones y desde dentro de la propia comunidad van surgiendo la previsión de las propuestas y las soluciones»

«Ya es hora, los que ya somos mayores no tenemos ni representación social, el colectivo está más vinculado con aspectos que están más relacionados con la juventud y nosotros, que somos precisamente la primera generación que está visible y fuera del armario, estamos construyendo un nuevo modelo de ocio, de relaciones, de activismo incluso, lo que es interesantísimo porque estamos creando, no es un modelo que estemos repitiendo. Provoca mucha curiosidad y, por otro lado también mucho desconcierto, quizás porque es uno de los temas de los que menos se habla y menos referentes existen, cuando empezamos a vivir como personas que tenemos una cierta edad, por ejemplo en la sexualidad, empezamos a encontrarnos con dificultades sobre las que no tenemos ningún tipo de referente. Y vamos muy perdidos. [Los mayores LGBT] es uno de los temas que aparece frecuentemente, como problemática y que está muy bien que empecemos a abordarlo y que empecemos a poner encima de la mesa. ¡Señores! Nos estamos haciendo mayores, eso implica muchas cosas en relación a la sexualidad, en relación a la socialización, en relación a la visibilidad, en relación a la salud y ¿qué hacemos con todo esto?», declara Martin, agradeciendo al festival que aborde estos temas que progresivamente nos van a ir afectando a todos a medida que vayamos madurando, envejeciendo.

«Hay un documental muy interesante sobre las revueltas de Stonwell que comienza explicando como era la sociedad norteamericana y que desaceptación teníamos las personas LGBT en aquel contexto. Cuando hablamos de personas mayores, mayores LGBT, como decía antes, somos la primera generación. Porque hay una serie de fechas clave: el 69, el 81, el 96 y en los años 2000. El 69 porque es cuando comienza la lucha por los derechos civiles tal y como la conocemos, había habido algún activismo precedente, había habido incluso con la Revolución Francesa un intento de despenalización de la sodomía, pero realmente una agenda política con activismo comenzamos a verla a partir del año 69 con Stonewall. Hasta entonces la población LGBT estaba en el armario, en los diferente tipos de armario que existen, los armarios de no puedo mostrarme como soy con mi identidad de género, no puedo mostrar mi aspecto como lo estoy experimentando, no puedo, tengo simplemente que vivir una vida para la que me han entrenado (…) no había una visibilidad».

«A partir del 69 comienza la lucha por los derechos, pero llega el 81 con el primer diagnóstico del VIH. En aquel año fue el sida y la debacle a esa pandemia horrorosa (…). Hombres gays y mujeres trans fuimos los más afectados, con diferencia. Con otros grupos poblacionales se hicieron esfuerzos de las Administraciones para detener el avance de la infección. No ocurrió lo mismo con nosotros. Seguimos siendo el colectivo más afectado, por lo menos en occidente. Y hubo una generación que murió toda ella. La gente contaba, y quizá alguien aquí lo viviera, que la gente se preparaba para morir. Seminarios de fin de semana para despedirte del mundo, despedirte de tus amigos. Cerrar lo que habías hecho, porque no había ninguna solución, hasta el año 96. En el año 96 aparecen los primeros retrovirales, comienza a convertirse la infección en algo crónico y poco a poco va mejorando la calidad de vida de las personas que viven con el sida. Es decir, tenemos un primer momento de visibilidad, de lucha por los derechos civiles que en muy poquito tiempo, apenas una década, se ve totalmente arrasada por culpa de la epidemia. Esa generación prácticamente muere hay gente que me cuenta que, efectivamente, en los locales de ambiente la población disminuyó muy por debajo de la mitad porque fallecían».

«Y ahora tenemos una primera generación que tiene unos derechos, que tiene una visibilidad, que va a vivir como personas mayores LGBT con una serie de condicionantes. En algunos casos tienen vínculos familiares, a lo mejor, pero yo no tengo mi propia familia, no tengo unos hijos, no tengo unos parientes en primer grado. ¿Qué modelo de convivencia nos vamos a plantear? Quizás el cohousing del que se habla mucho ahora: gente mayor que comparte un espacio, que comparte gastos, que tiene una asistencia sanitaria, etc. etc, centros de día… Estamos ante un descubrimiento, estamos generando unos recursos. De nuevo una comunidad organizada —digo de nuevo porque con el sida fue así, fue la comunidad la que se organizó para encontrar soluciones—, la comunidad organizada que está diciendo, estas son nuestras necesidades, estamos descubriendo que tenemos nuestras problemáticas y no tenemos ningún modelo que de solución a esto. Tenemos que encontrar nuestras soluciones y desde dentro de la propia comunidad van surgiendo la previsión de las propuestas y las soluciones», explica Martín en lo constituye una auténtica master-class de la evolución del colectivo LGBT en los últimos cincuenta años.

Federico Armenteros: «en Madrid hay 160.000 personas LGBT mayores de 65 años»

«El Ayuntamiento quiere que le garanticemos que ese edificio que nos ha dado la Comunidad De Madrid se mantenga en pie, que no se caiga, como ha pasado con el Hotel Ritz en la reforma (…). Estamos con papeleo, con los arquitectos, están también los artistas del barrio, porque queremos que sea un proyecto muy abierto, y quieren intervenir allí. Hacer arte, meter arte en la residencia. Porque esa residencia queremos que sea otra cosa (…). Y después con el tema financiero, evidentemente. Estamos con un proyecto que la reforma nos va a costar 2 millones de euros, pero eso se subirá (…). Queríamos que fuera inaugurada el 26 de diciembre de este año, porque es la fecha. Sería una efeméride maravillosa, cuarenta años después de la derogación de la ley, las personas que hemos sufrido tengamos un espacio de libertad, pero no podemos», explica Armenteros sobre el proyecto de rehabilitación de un espacio en Villaverde, de alrededor de 3.300 metros cuadrados, destinado a convertirse en la primera residencia de ancianos LGBT pública del mundo, según el mismo aclara.

«Las que hay en Nueva York, en California, en América, en Europa son todas privadas. Es lo que tú [Gabriel] decías del cohousing, pero o le damos una vuelta o el cohousing es para gente que tiene dinero, pero nuestras generaciones, lo que habéis visto en el documental, son gente que no tiene donde caerse muerta. Entonces, una residencia, que en Madrid la media está en 2300 euros, ¿quién puede pagarlo? Como no seamos el propio colectivo que demos esa respuesta, prioritaria, a los que se están muriendo, a los que son dependientes, que hay un montón de los tres grados de dependencia, que no sabemos nada de ellos», aclara el activista madrileño, explicando que hay mucho interés, mucha implicación por parte de Grande-Marlaska, actual ministro de Interior, muy interesado en ver el espacio ya que Fundación 26 de Diciembre tiene un convenio con instituciones penitenciarias mediante el que quienes cumplen condena a través de trabajaos comunitarios lo han hecho rehabilitando este espacio de Villaverde, así como también está prevista la reeducación de todas las personas condenadas por delitos de odio en este nuevo espacio.

Actualmente tienen ya 20 personas confirmadas, que aspiran a entrar en la residencia, además de quienes se encuentran en otras residencias de la Comunidad de Madrid, que desean ser transferidos una vez estén disponibles las 62 plazas previstas para residencia y 22 para el centro de día. En total 100 personas que se beneficiarán de sus prestaciones, además de la ayuda a domicilio que tienen previsto realizar. En cualquier caso, «una mierda, porque en Madrid hay 160.000 personas LGBT mayores de 65 años, o sea que vamos a ser una gotita de nada, pero vamos a abrir, estamos ahí abriendo para que esto funcione y vaya adelante. También lo que nos falta es ese apoyo de todo el colectivo. Porque yo creo que esto es una cuestión que no ha hecho la Fundación 26 de diciembre, esto es lo que nos ha tocado, pero esto es una cosa de todo el colectivo. Y tenemos que estar satisfechos de que estamos consiguiendo cosas que no han conseguido en muchos países», recalca Armenteros, adelantando que en esta residencia se van a crear «44 puestos de trabajo», para los que se va a tener muy en cuenta a las personas trans, que son el colectivo que más dificultades tienen para la incorporación al mercado laboral, así como las personas mayores de 50 años. Asimismo, el espacio va a disponer de un tanatorio, en el que van a ofrecer un servicio de ceremonias de despedidas laicas, cristianas, budistas o del tipo que sea necesario.

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