Ready Player One

Sociedades alineadas por la grandes corporaciones, jóvenes que prefieren vivir en mundo virtuales que en el real, magnates sin alma, soñadores sin rumbo, crisis, pobreza… No hablamos del día a día en el planeta tierra sino de la última película de Steven Spielberg.

Francisco Javier • 06/04/2018

poster | Foto: Uso permitido

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Año 2045. El joven Wade Wax vive en una zona pobre de su ciudad, su única afición es vivir en Oasis, una inmensa plataforma virtual creada por James Halliday, un soñador que, al morir, ofrece su invento al primero que resuelva tres pistas escondidas en el interior de Oasis.

Cuando en el año 2011 el novelista Ernest Cline publicó Ready Player One, no sabía que su novela se iba a convertir en una biblia para miles de personas y, sobre todo, en la punta de lanza del movimiento revivalista de los años ochenta. Por ello, cuando se puso en marcha la adaptación, no fue una sorpresa que el director encargada de llevarla a la pantalla grande fuera Steven Spielberg ya que, al fin y al cabo, suyas son algunas de la grandes películas reivindicadas hoy en día.

Spielberg, junto con el guionista Zak Penn y la coescritura del propio Cline, toma una decisión que, aunque a priori resulta una traición al espíritu de la novela, se convierte en una de sus mayores bazas: en Ready Player One no solo habrá referencias a la cultura de los años ochenta, sino a la cultura audiovisual desde los cincuenta en adelante. Y por la pantalla, uno verá desfilar personajes y elementos de series de televisión, cómics, películas y videojuegos; con esto, el target de público se multiplica de forma exponencial.

Ready Player One es, literalmente, un espectáculo arrollador, un quiz donde los espectadores podrán identificar todo tipo de personajes y accesorios que pasan con tanta rapidez en pantalla que son necesarios visionados posteriores para poder apreciarlos en su totalidad. Steven Spielberg imprime un ritmo frenético a la cinta que, a pesar de sus dos horas y pico de duración, se pasan como un suspiro; otro acierto de la película es que, al no poder contar Spielberg con su compositor de confianza John Williams, deja la batuta en manos de Alan Silvestri, otro grande de los años ochenta que sabe pulsar la tecla de la nostalgia y, al mismo tiempo, ofrecer una partitura brillantísima.

Pero no todo es positivo en esta película: la cinta visualmente apabullante e imaginativa en las batallas, carreras de coches, planetas imaginarios, cualquier elemento del mundo virtual Oasis, no es capaz de mantener la misma fuerza al pasar al “mundo real” no solo porque la historia no mantienes el interés, sino debido a un casting erróneo ya que tanto Olivia Cooke en su papel de Art3mis, como Tye Sheridan interpretando al personaje principal Wade/Parzival, no consiguen empatizar con el espectador; lo mismo puede afirmarse de Ben Mendelsohn que poco puede hacer para dar bríos a un malvado a medio gas como su Sorrento.

Solventado este asunto, hay que recomendar Ready Player One como lo que es: una gran experiencia visual, un auténtico tour de forcé narrativo y audiovisual, una película que no aburre en ningún momento e invita a la revisitación.

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