Todo lo que necesitas saber sobre «Heartstone»: crecer y despertar al amor, al odio y a la vida

Tras un fructífero periplo por festivales, se estrena en España «Heartstone, corazones de piedra», ópera prima de Guðmundur Arnar Guðmundsson que aprovecha sus propias experiencias personales para contar un relato de crecimiento y aceptación en un entorno tan bello y abrumador como duro y salvaje.

Luis M. Álvarez • 12/04/2018

Heartstone teaser | Foto: Uso permitido

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Tras un largo periplo por festivales, donde entre los más de 30 premios que recoge se encuentran el Queer Lion de Venecia, el premio Ocaña de Sevilla o el premio Maguey de Guadalajara, Abordar: Casa de Películas estrena en España este viernes, 13 de abril, Heartstone, corazones de piedra (Hjartasteinn, 2016, Islandia), ópera prima de Guðmundur Arnar Guðmundsson. En un remoto pueblo de pescadores de Islandia, Thor y Christian son dos adolescentes que viven un turbulento verano. Mientras uno intenta llamar la atención de una chica, el otro descubre lo que de verdad siente por su mejor amigo, despertando la ruda naturaleza de la vida en Islandia, que les obliga a dejar de comportarse como niños, para convertirse en adultos.

«Un lugar lleno de contrastes, donde el sol brilla durante mucho tiempo en verano y durante poco tiempo en invierno; un lugar donde los niños llegan a conocer a los animales y, a menudo, descubren lo increíblemente hermosas y a la vez increíblemente crueles que pueden ser la naturaleza y las personas», explica Gudmundsson. Después de trabajar habitualmente con niños y adolescentes en sus cortometrajes, parece natural que su primer largometraje gire en torno al conflicto de asumir el propio proceso de madurez y crecimiento y todo lo que implica. Una responsabilidad que al propio cineasta le habría gustado no tener que tomar nunca, aunque ahora no se arrepienta de haber crecido.

«Cuando era un niño y un adolescente, deseaba poder mostrar a los adultos de mi alrededor cómo era realmente nuestro mundo. Ahora, como cineasta, quiero hacer eso: retratar a los jóvenes de una manera veraz, ya que esos años reflejan nuestra vida de una forma muy clara, hermosa y, a veces, dura», explica el cineasta, que llega a pensar que no podría hacer la película en Islandia después de un largo proceso de casting en el que se entrevistó con un centenar de jóvenes, pasando después alrededor de 10 meses ensayando y construyendo una atmósfera de lealtad y compañerismo que permitiera a sus jóvenes actores sacar lo mejor de sí mismos a lo largo de las más de dos horas de duración de la película. En un momento dado valora la posibilidad de acortar su duración para facilitar su distribución internacional, pero terminar arriesgarse con el objetivo de no mermar el impacto emocional del relato.

«Hace unos años, antes de que estuviera buscando una historia que contar, tuve un sueño sobre mi mejor amigo de la infancia (...). En él me llevaba por nuestro antiguo pueblo e íbamos a su casa, me sonreía y me daba un mapa de la población. Cuando desperté supe que quería escribir una historia inspirada en esa época de mi vida, de la que guardo fuertes sentimientos (...). Nuestros años de juventud se reflejan en nuestras vidas de una forma muy clara, bella y dura al mismo tiempo», declara e l propio Guðmundsson, admitiendo que gran parte del conflicto de los personajes está basado en sus propias experiencias, siendo los dos personajes femeninos reflejo de dos de sus propias hermanas.

Heartstone, corazones de piedra es relato en el que la luz y el entorno natural en el que se desarrolla la acción es un personaje más que contribuye a esculpir los sentimientos y la dureza de la naturaleza humana. Para haber pasado su adolescencia viendo películas de evasión en la línea de The karate kid (John G. Avidsen, 1984, EE.UU.), lo cierto es que su película está más cerca de títulos como Kids (Larry Clark, 1995, EE.UU.) o Gummo (Harmony Korine, 1997, EE.UU.), siendo el impacto que le produce una obra como Fallen Angles (Wong Kar Wai, 1995, Hong Kong) lo que le inspira el gusanillo audiovisual y le empuja a Graduarse en la Academia de Arte de Islandia, saltando después el charco para llegar a Dinamarca, donde se centra en el cine. Tras una premiada etapa como cortometrajista, se convierte en el primer cineasta islandés que se cuela en la sección oficial de Venecia, alertando que otros cineastas islandeses tiene, como él, muchas cosas que contar a través del cine.

Cartel de Hearstone (Guðmundur Arnar Guðmundsson, 2016, Islandia) | Foto: Uso permitido

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