Warcraft: El Origen

Duncan Jones se atreve a algo que parecía imposible: la adaptación del mundo de Warcraft a la pantalla grande. ¿Quiénes tienen razón, los críticos que la han masacrado o los fans que la elevan a los altares?

Francisco Javier • 16/06/2016

poster | Foto: Uso permitido

cine fantástico duncan jones warcraft

Mi opinión personal es que ninguno de los dos: ni la película es tan desastrosa como dicen los críticos, ni esa maravilla que defienden los seguidores de la franquicia. Warcraft es una buena película, que consigue que sus dos horas de duración se pasen volando.

Warcraft no es la octava maravilla, ni descubre la fórmula de la pólvora, pero no es ese engendro que nos quisieron vender los críticos antes de su estreno; si nos dejamos llevar por la conspiranoia, suena a campaña de desprestigio por parte de los estudios enemigos.

La historia es bastante sencilla, los Orcos invade un mundo tras haber acabado con los recursos del suyo, pero a cambio ofrece suficientes giros de guion para mantener el entretenimiento; eso sí: se notan los bruscos recortes de más de veinte minutos de metraje, sobre todo en su primera parte, por la intención de la productora de ir hacia las batallas finales. Es un error por parte de la productora, pero ya se ha anunciado una versión extendida que ahonda un poco más en los personajes principales.

Duncan Jones sorprende por su puesta en escena de las batallas, por no dejarse llevar demasiado por los efectos especiales y no infantilizar una historia que necesita ciertos toques de crueldad. Y eso, en estos tiempos de cine hecho para agradar a todo tipo de público, es muy de agradecer.

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