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La infamia es un pozo sin fondo

Eres auxiliar de enfermería.Te enteras de que necesitan personal para atender a los misioneros españoles repatriados con ébola y te presentas voluntaria. A partir de ahí comienza un cúmulo de despropósitos cuyos responsables, en una especie de juego macabro y absurdo, te quieren responsabilizar a ti para salvar el culo ellos.

Fernando Querejeta • 11/10/2014

Recepción Hospital | Foto: hxdbzxy/iStock/Thinkstock

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Eres auxiliar de enfermería. No es un trabajo muy bien pagado, pero contribuye al sostenimiento de la economía familiar y es una forma de ayudar a los demás, esa vocación que llevas en la sangre. Te enteras de que necesitan personal para atender a los misioneros españoles repatriados con ébola. Sabes que es una enfermedad peligrosa, muy infecciosa, pero confías en que no va a pasar nada, pues hay unos protocolos y unas medidas de seguridad y decides presentarte voluntaria. Ya has tratado en muchas ocasiones a otras personas, no con ébola, pero sí con otras infecciones, y no te ha ocurrido nunca nada..

Te dan una charla sobre el protocolo de actuación y sobre cómo ponerse y quitarse el traje. Hay gente del personal sanitario que se está quejando de que ese curso es insuficiente, de que los trajes no son los adecuados, pues son del nivel de protección 2 y en otros países están usando del nivel 4. Pero tú confías en las medidas de seguridad y atiendes a los enfermos con ébola. A ti y a tus compañeras y compañeros, a todas las personas que han estado en contacto con los misioneros os tienen que hacer un seguimiento. El seguimiento es pasivo, es decir, lo tenéis que hacer vosotros mismos, tomándoos en casa la temperatura dos veces al día, y comunicándola al Servicio de Prevención de Riesgos Laborales del Hospital La Paz –del que depende el Carlos III-. Un día, un triste día, llamas al Servicio de Prevención porque tienes fiebre y astenia. Y a partir de ahí comienza un cúmulo de despropósitos cuyos responsables, en una especie de juego macabro y absurdo, te quieren responsabilizar a ti para salvar el culo ellos.

Ahora estás ingresada y aislada como los propios misioneros que atendiste. Es posible que tú no sepas muy bien lo que pasa alrededor ni lo que se dice todo el santo día en los medios sobre ti, o quizás sí. El Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid te insulta y te difama en cuanto le ponen un micrófono delante. Han aislado a tu marido y a más gente que ha estado en contacto contigo. Incluso a las peluqueras. Porque fuiste a la peluquería, sí. Te atreviste a ir a la peluquería y hasta eso te está echando en cara la canalla sin escrúpulos que nos desgobierna. La Comunidad ha decidido asesinar a tu perro. Porque esa es la palabra: asesinar. Con premeditación y alevosía. Con orden judicial, pero sin plantearse en ningún momento otras opciones. Sin hacerle a Excálibur la más triste prueba para saber si tenía el virus. Con lo irresponsable que es eso, pues en caso de que lo tuviera habrá estado en el parque oliéndole el culo a otros perros del barrio. Tus vecinos, alarmados al enterarse por los medios de que eras tú la auxiliar infectada, tienen gestos, detalles, que salen en la tele y una señora mayor, en un acto irreflexivo, limpia el botón del ascensor con la bata ante las cámaras. Y siguiendo con esta opereta atroz e infumable en que han convertido toda esta crisis sanitaria, el Consejero, ese al que no le duelen prendas en hacer de malo de la película con tal de salvarle el culo a la ministra, cuestiona también al médico que te atiende a ti porque éste se ha atrevido a poner en duda los protocolos y los cursillos de formación acelerados y a quejarse de que el traje no le valía. En los medios propagandísticos del Partido Popular te vapulean, en la televisión de Castilla La Mancha una presentadora ganapán con la categoría moral de un insecto se burla de ti.

En resumen, si te repones, si sales de esta, como esperamos de corazón toda la gente de bien, tendrás que aprender a vivir en una nueva y extraña situación. No tendrás perro, pues Excálibur ya no podrá ir corriendo a recibirte mientras mueve el rabo contento de verte. Tendrás que encararte con los políticos que te han difamado, verles todos los días la cara en la televisión y aguantar, si puedes, el vómito. O escuchar a periodistas cojos de escrúpulos y moralmente enanos que te han dicho que “en el pecado llevas la penitencia”; y cruzarte por la escalera con vecinas que limpian botones de ascensor con la bata. Te va a tocar, desgraciadamente, vivir en el mismo planeta que toda esta gente. Habrás vencido al ébola, pero no sus consecuencias sociales y políticas. Y contra estas, me temo, hay menos remedio aún que contra el propio virus.

Ahora imagínate, imaginaos todos por un momento, sólo por un momento, que el virus del ébola, en lugar de llamarse virus del ébola se llamara VIH. Que a todos esos estigmas descritos hubiera que añadir el sexo, y de forma especial el sexo entre hombres, como principal vía de infección. ¿Qué diría entonces Javier Rodríguez, Consejero sin entrañas de la Comunidad de Madrid? Estoy seguro de que por más que parezca, ahora mismo, que ya no le queda infamia y desvergüenza que soltar, soltaría más aún. Porque la infamia de esta gentuza es un pozo sin fondo del que no dejan de salir barbaridades.

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

Acerca de Fernando Querejeta

Fernando Querejeta nació de un pinchazo tardío a mediados de los 60 en Madrid, aunque por sus venas corren sangres andaluza y vasca. Licenciado en Filología Clásica y con experiencia en el mundo editorial, se encuentra ahora mismo donde la mayoría de los españoles, situación en la que hay que tratar de ser creativo aunque solo sea para no volverse loco.

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