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Entrevista a Javier Quevedo Puchal. De literaturas y miedos.

Con su penúltima novela "Cuerpos descosidos" ganó el premio Nocte. Era fácil esperar o bien un libro rápido con calidad inferior o bien un largo período de reflexión antes de la siguiente obra. Pero no ha sido de ninguna de las dos maneras: "Lo que sueñan los insectos" ha vuelto a sorprender a público y crítica con una sólida estructura y un estilo aún más depurado, con un resultado muy verosímil y una historia de terror psicológico y oscuro. Hoy queremos preguntarle por los entresijos de ese terror y los porqués de este género que cada vez parece dominar más.

Guillermo Arroniz López • 11/04/2014

Javier Quevedo Puchal II | Foto: Uso permitido

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Con su penúltima novela "Cuerpos descosidos" ganó el premio Nocte. Era fácil esperar o bien un libro rápido con calidad inferior o bien un largo período de reflexión antes de la siguiente obra. Pero no ha sido de ninguna de las dos maneras: "Lo que sueñan los insectos" ha vuelto a sorprender a público y crítica con una sólida estructura y un estilo aún más depurado, con un resultado muy verosímil y una historia de terror psicológico y oscuro. Hoy queremos preguntarle por los entresijos de ese terror y los porqués de este género que cada vez parece dominar más.

Universogay.com: Empezaremos con una pregunta fuerte. ¿Crees en los demonios o crees que el hombre es el peor de los demonios?

Javier Quevedo Puchal: Más bien diría que el hombre es el peor de los monstruos, capaz de los actos más atroces. En cambio, el peor de los demonios es ese que todos llevamos dentro (o esos que llevamos dentro, pues suelen ser varios), que nos corta las alas y nos atormenta a diario. En Cuerpos descosidos hablaba del hombre como monstruo, mientras que en Lo que sueñan los insectos hablo del hombre como víctima de sus demonios internos. Si el “hombre monstruo” destroza vidas ajenas, podemos afirmar que el “hombre con demonios” solo destroza su propia vida.

Ug: En tu novela los personajes se enfrentan a miedos más profundos que la muerte porque la muerte parece el fin de un terror, y sin embargo ellos viven en terrores que parecen no tener fin, ¿es el miedo un demonio inmortal?

JQP: Precisamente creo que el miedo es el demonio último, el más poderoso, aquel que nos bloquea e impide que nos desarrollemos en todo nuestro potencial. Los demás demonios privados que podamos tener me parecen sucedáneos de este, pues en el fondo todos comparten el mismo ADN y se nutren del mismo alimento: ellos mismos, o lo que es igual, nuestra incapacidad para derrotarlos y pasar página. Es lo que le ocurre a Milena, la protagonista de Lo que sueñan los insectos, que a su pesar permanece anclada en un momento decisivo de su pasado donde se generó ese miedo que la tiene bloqueada.

Ug: ¿Por qué un personaje femenino para tener más fácil el acceso a esas otras esferas de seres, esa percepción? También en "Cuerpos descosidos" era una mujer la que tenía un don especial... un don terrible. ¿Casualidad?

JQP: Pues la verdad es que no me lo había planteado. Supongo que porque, en líneas generales, las mujeres siempre me han parecido más intuitivas que los hombres, que solemos ser un poco más primarios para muchas cosas. También es verdad que, por algún motivo, los personajes femeninos tienden a inspirarme más interés que los masculinos. Así que, de forma inconsciente, les asigno estos roles. No sé escribir sobre mujeres florero, me gusta darles una entidad fuerte, una dimensión honda, para bien o para mal (o para ambos, que es lo que ocurre con la Renée de Cuerpos descosidos y la Milena de Lo que sueñan los insectos).

Ug: En este libro la maternidad juega un papel. Y la relación entre padres e hijos también. ¿Quién diría que una novela de terror puede hacernos reflexionar sobre las relaciones humanas que forman nuestro día a día?

JQP: Es que yo creo que el terror es maravilloso para reflexionar sobre determinadas facetas del ser humano y, además, para hacerlo de manera mucho más lúdica y ligera que otros géneros. Sin ir más lejos, uno de los estudios más incisivos que he leído sobre los remordimientos es El corazón delator, un relato de terror de Edgar Allan Poe que sabe meter el dedo en esa llaga con particular habilidad. Lo que sueñan los insectos también es una obra bastante alegórica, que usa un envoltorio de género para acabar hablándonos de algo más que “monstruitos” y casas abandonadas, por así decirlo: desde los infiernos de la maternidad hasta los sueños enquistados que nos transforman en sombras de nosotros mismos, pasando incluso por apuntes a la crisis económica y de valores que vivimos. Obviamente, tocar todos estos temas con la varita mágica del terror (y la del noir, que también la hay en mi novela) da un sabor muy particular al libro.

Ug: El co-protagonista y voz de la historia tiene una personalidad compleja, alejada de clichés, un hombre fuerte físicamente que es listo, rápido de reflejos, nada monolítico... ¿Pensabas en alguien conocido cuando lo construiste?

JQP: Te vas a reír, pero me inspiré bastante en mi novio, aunque de eso no me percaté hasta que empecé a promocionar la novela. Tampoco es que mi novio sea un cachas, como el Diego de la novela, pero sí es un hombre grandullón y aparentemente muy sencillo, sin demasiadas vueltas, aunque a la vez muy incisivo, sensible y exquisito en el trato, capaz de pescar al vuelo lo que necesito a cada momento (que es lo que también le pasa a Diego con Milena). Con Diego me apetecía mucho romper clichés, aunque a la vez me daba miedo, pues es mi primer (co)protagonista hombre 100% heterosexual. Temía que no me saliera creíble, por aquello de no hablar desde la experiencia directa, pero muchos lectores me han dicho que la jugada me salió a pedir de boca.

Ug: Tu novela da mucho miedo, pero sobre todo intriga. ¿Qué es lo que busca un autor de terror cuando escribe, más allá de producir escalofríos en el lector?

JQP: El terror es un género muy traicionero, pues a menudo el efecto del texto no depende tanto de tus habilidades narrativas como de factores externos que no tienen nada que ver. Quiero decir que puedes estar leyendo un texto cómico en el metro a hora punta y reírte igualmente, o uno erótico y excitarte del mismo modo… pero no le pidas lo mismo a un texto de terror atmosférico, claro. No sería realista ni justo. Cuando escribo terror, procuro apelar a esos rincones oscuros del alma que raramente se exploran con otros géneros. No creo que me moleste siquiera en provocar escalofríos, me interesa más emocionar de otros modos, intrigando, calando con sensaciones más perturbadoras y pegajosas que un escalofrío fugaz.

Ug: ¿Escribir dentro de un determinado género limita o da unos rieles sobre los que circular?

JQP: Yo creo que te limita, pues, aunque te dé unos rieles sobre los que circular, más te vale no salirte de esos rieles. Por eso raramente escribo terror puro (o cualquier otro género puro), casi siempre lo mezclo con otras cosas, buscando esa libertad que me da no estar circunscrito a unas reglas concretas. Lo que sueñan los insectos es mi novela más innegablemente de terror, la que más a pies juntillas podríamos decir que sigue determinados patrones, y sin embargo presenta una estructura argumental más propia del noir, combinada con unos dramas humanos tremendos y salpicada con toques de humor.

Ug: ¿Qué le da miedo a Javier Quevedo Puchal?

JQP: Me dan miedo muchas cosas. Los fundamentalismos, la tortura, el dolor físico, el dolor emocional, la locura, la pérdida de uno mismo, la pérdida de los demás… Me da miedo, en definitiva, el propio miedo, ese demonio que todos llevamos dentro, que se alimenta a diario de sí mismo.

Ug: Los insectos sueñan cosas terribles, a tenor de tu obra... ¿Por qué un título así? Es obvio que hay obras y películas en los que los insectos aparecen ligados al terror, "El silencio de los corderos", "El hombre mosca"... ¿Qué hay de terrorífico en ellos que nos atrae fascinados y nos atemoriza asqueados?

JQP: Los insectos están presentes de forma continua en mi novela, ya sea como símbolos o como insectos propiamente dichos, capaces de provocar cierta inquietud o repulsión por su mera presencia. Pero, en realidad, la idea era usarlos como alegoría para hablar de los seres humanos. Por eso arranco con una cita de La mosca, de David Cronenberg: “ Soy un insecto que soñó con ser hombre y le gustó. Pero ahora el sueño acabó y el insecto ha despertado”. La tesis que defiendo con esta novela es que a veces soñamos con ser mariposas y, en nuestro camino por satisfacer ese sueño, despertamos convertidos en escarabajos peloteros. Básicamente, el libro trata de eso: de lo engañoso de los sueños que perseguimos de forma obsesiva, hasta que perdemos algo esencial de nosotros mismos durante esa busca.

Ug: ¿Para cuándo una de terror relacionada con los gulags soviéticos o las minas de esclavos que en el pasado eran los destinos de presos y condenados?

JQP: Aunque no sea exactamente lo mismo, en realidad ya he escrito sobre algo que tenemos mucho más cercano, y que por cierto se ha tocado poco en la literatura: el campo de concentración de Tefía, en Fuerteventura. A él solían enviar a los homosexuales, entre otros, durante la represión franquista. Y obsta puntualizar que los allí encerrados no lo pasaban particularmente bien, que digamos. Usé este marco para ambientar Las flores de Tefía, un relato en clave de terror (terror bastante puro, esta vez sí) publicado en la antología en homenaje a H.P. Lovecraft Las mil caras de Nyarlathotep.

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