Eric Monteagudo y Orió Peñalver: "La temática gay está presente en casi todos los géneros cinematográficos"

Eric Monteagudo y Orió Peñalver son responsables del cortometraje “Washakie y el chico de las manos mojadas”, el cual pudo verse en el Short Film Corner del Festival de Cannes.

Ariel Alan • 27/05/2015

"Washakie y el chico de las manos mojadas” | Foto: Uso permitido

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Durante la 68ª edición del Festival de Cannes se proyectó el cortometraje “Washakie y el chico de las manos mojadas”, en el Short Film Corner del certamen.

Este relato visual de los barceloneses Eric Monteagudo y Orió Peñalver está ambientado en el oeste americano de finales de siglo XVIII y cuenta el viaje que emprende Washakie desde su pequeño poblado hasta la tierra de los blancos, en busca de agua para salvar la vida de su padre. Allí, conoce a un misterioso vaquero que huye de la ciudad y por el que pronto siente una extraña atracción.

Protagonizado por Bryan Ostolaza, Daniel Horvath y Susana Villafañe, sumerge en un mundo fantástico donde lo real se mezcla con lo onírico y lo místico llenando la pantalla de bodypaintings, sombras y cámaras lentas.

En 2013, Peñalver y Monteagudo fueron los encargados de realizar el vídeo oficial de la campaña del Pride Barcelona.

-¿Cómo surgió la idea de contar esta historia?

La historia de Washakie (Bryan Ostolaza) proviene de una vieja idea que teníamos hace tiempo. Esta idea estaba ambientada en otra época y otro espacio, pero se fue moldeando y adaptándose a las bases del Festival Julius. Este festival catalán cada año propone una premisa sobre la que deben girar los cortometrajes presentados. La premisa de este año fue la cita del director de cine John Ford “me llamo John Ford y hago películas del oeste”.

-¿Cómo se desarrolló el proceso de elaboración de los personajes y de la creación de los entornos de rodaje?

Desde un primer momento quisimos que la historia se desarrollara en entornos neutros, como ejercicio visual y como medida de ahorro en la producción al no tener que localizar en espacios reales. Así, casi todo el cortometraje lo grabamos en el interior de un plató con fondos de color negro o gris y con algunos elementos de atrezzo que ayudan a identificar el lugar en el que se encuentran los personajes. Por una parte, nos interesaba la idea de que la acción se desarrollara en una especie no-lugar que diera la sensación de ensueño. Por otro lado, también nos atraía el hecho de que fuese el propio espectador quien creara el espacio en su mente, a partir de tantas referencias heredadas del cine hollywoodiense y de su género por excelencia, el western.

En cuanto a los personajes, fueron fruto de un largo proceso de elaboración junto con todos los elementos de la historia que finalmente confluyeron en el guion. En un principio iban a aparecer más personajes y otros, como el del padre de Washakie, iban a tener más protagonismo, pero poco a poco la propia historia fue depurando los objetivos y matices de cada uno de ellos.

-¿Cómo fue el encuentro de los actores con sus respectivos personajes y el desarrollo de sus textos e interpretación?

Tenemos que reconocer que a todo el equipo le encantó el guion y la propuesta de producción en cuanto la leyeron. Los actores también reaccionaron de forma muy positiva desde un principio, teniendo en cuenta que tanto Daniel Horvath (el vaquero) como Susana Villafañe (Lady Fisher) no pasaron por casting y fuimos nosotros quienes contactamos con ellos. Todos ellos vieron una oportunidad interpretativa interesante e incluso propusieron ideas muy importantes para el proyecto, como por ejemplo, rodar los diálogos en inglés. Los ensayos con ellos fluyeron desde la primera lectura de guion y se estableció una conexión mágica entre ellos. Hay que agradecer también la completa entrega por parte de los actores, que aguantaron calor y frío en algunas de las escenas e incluso planos debajo del agua.

-¿Qué pueden detallarnos sobre el concepto visual del cortometraje y del importante aporte además de la música del mismo?

Siempre damos mucha importancia al aspecto visual de nuestras producciones, a veces incluso más que al mensaje que transmiten, e intentamos experimentar con nuevas técnicas. Nos encanta la fotografía, la publicidad y el mundo de los videoclips con fondos infinitos. Por eso, en “Washakie y el chico de las manos mojadas” quisimos prescindir de espacios reales -como hemos comentado antes- y jugar con las sombras, el humo, las cámaras lentas y las transiciones para imbuir al espectador en ese ambiente de cuento y ensueño. También introducimos otros elementos visuales como el bodypainting del personaje de Serpiente del desierto (Íngrid Domènech) y momentos musicales como en la introducción, dándole en definitiva un look de videoclip o de “anuncio de colonia”. En este sentido, la música tiene mucha importancia en todo el cortometraje y sirve como nexo de unión entre las diferentes secuencias.

-¿De dónde surgió la idea de esa atracción tan especial y magnética entre el indio y el vaquero?

Desde un principio quisimos crear una historia de atracción entre Washakie y el vaquero, sin dejar claro las intenciones reales de ambos. Washakie desconfía del vaquero, pero a la vez siente una extraña atracción hacia él. Esa atracción, que en el subtexto puede entenderse como sexual, tiene su significado al final del cortometraje.

La temática gay está presente en casi todos los géneros cinematográficos, por no decir en todos, pero quizás en los cuentos e historias más épicas -y hollywoodienses- tienen menos presencia. Nuestra historia cabalga en estos géneros, usando un lenguaje sutil, imágenes bellas y sensuales y elementos de tensión sexual no resuelta.

-¿Qué devoluciones ha tenido de su trabajo y qué expectativas tienen con respecto a la proyección en Cannes?

Estamos impresionados porque se ha estrenado por todo lo alto: en el Short Film Corner del Festival de Cannes. Esperamos que su presencia en el festival francés nos reporte más buenas noticias. Por el momento, ya está presente en otros dos festivales de EE.UU. y otro de México, todo ello gracias al trabajo de distribución de Mailuki Films.

Nos alegra mucho porque da visibilidad al trabajo de todo el equipo, que se ha implicado y ha creído en el proyecto apostando por nosotros desde el primer momento. En este sentido, queremos agradecerles su dedicación y profesionalidad a todos ellos y, en especial, a Ana Peña, nuestro tercer punto de apoyo y encargada de la producción, que se sumergió en estas aguas mojándose las manos sin pensárselo dos veces y fue capaz de conseguir todo aquello que sabía que necesitábamos.

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