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Javier Quevedo Puchal: "Lo que sueñan los insectos es un caramelo envenenado"

Entrevistamos a Javier Quevedo Puchal, reconocido y premiado escritor que recientemente ha publicado la novela Lo que sueñan los insectos con el sello editorial Punto en Boca. Hablamos con él sobre su libro, pero también hacemos un repaso a toda su trayectoria literaria y ahondamos un poco en su vida personal en esta entretenida conversación.

Daniel García • 17/05/2013

Javier Quevedo Puchal

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Supongo que esto de ser escritor no es tan sencillo como que un día te pusiste delante de una máquina de escribir y ya está. ¿Cómo fue tu proceso iniciático en el mundo de la literatura?

De hecho, tan iniciático como unos rollos de papel continuo que me traía mi padre de la fábrica donde trabajaba cuando yo era pequeño. Me dedicaba a escribir cuentos que me inventaba (y que plagiaba descaradamente de mis historias favoritas, dicho sea de paso, como La historia interminable) e incluso a dibujar cómics sobre un Indiana Jones supercachas acompañado por alguna chica con liguero, tacones y el vestido rasgado. Luego dejé el asunto “literario”, porque se me metió entre pecho y espalda que quería ser actor (aunque nunca hice teatro ni estudié Arte Dramático ni nada… vamos, que era más un capricho tonto que un sueño). Y fue ya a los veintipico cuando retomé la sana afición de escribir, después de que releyera en Inglaterra Héroes, de Ray Loriga, que me dejó impactadísimo. De todos modos, era todo muy de puertas para adentro. Quiero decir que aún tardé dos o tres años en atreverme a escribir mi primera novela.

Debutaste como escritor con El tercer deseo, una original novela romántica que muchos englobaríamos en la categoría LGTB (o literatura gay), pese a que me consta que no te hace mucha gracia esa etiqueta.

No me hace gracia porque la veo absurda. Siempre pongo el mismo ejemplo: nadie diría que Henry Miller escribía “literatura heterosexual” (por mucho que sus libros giraran en torno a sus experiencias heterosexuales). Del mismo modo que nadie en su sano juicio diría que la película Beautiful Girls es “cine heterosexual”, por mucho que su perspectiva sobre las relaciones emocionales sea eminentemente heterosexual. Y sin embargo, resulta que mi novela El tercer deseo es “narrativa gay”. No es un drama con toques de comedia, no: es “literatura gay”. Me parece sin duda una etiqueta con voluntad comercial, para dirigir determinados libros a un público muy concreto, pero también para apartarlos de otro tipo de público. Es como si pusieran un enorme letrero luminoso para heterosexuales donde se dijera: “¡Mantente alejado, que esto es para mariquitas!”. Y sí, es cierto que en muchos aspectos la experiencia gay no tiene nada que ver con la heterosexual, pero por eso mismo sigo sin entender que la “literatura gay” sea “literatura gay”, mientras que la “literatura heterosexual” es literatura universal, llena de dramas y comedias para todo el mundo. Sin restricciones, vaya.

Tu siguiente novela, Todas las maldiciones del mundo, muestra un futuro apocalíptico... pero también con protagonistas gays. ¿Qué te llevó a esta segunda novela?

En realidad, el texto original tenía protagonistas heterosexuales, pero decidí cambiar lo justo y necesario para convertirlos en gays y enviarlo a Odisea Editorial, donde pudiera encajar. Admito que en cierto modo fue una jugada un poquito deshonesta, pero supongo que esto demuestra lo innecesario de esas etiquetas de las que te hablaba antes: convierto una historia heterosexual en gay y acaba siendo “literatura gay”. Si hubiera mantenido los personajes heterosexuales del principio, seguramente sería “un drama romántico de corte fantástico sobre los recuerdos y el olvido”. Pero no: acabó siendo “literatura gay” porque había chicos que se enamoraban de otros chicos. Pues muy bien.

Esa novela fue nominada a los premios Shangay. ¿Qué sentiste en tu ego de escritor?

¿Tú qué crees? Me hinché como un pavo real, por supuesto. Aunque ahora lo de los premios y las nominaciones me lo tomo con más distanciamiento y precaución. No es que no me alegre cuando me toca, porque al fin y al cabo a nadie le amarga un dulce (y muchas veces, aunque no todas, significa que alguien considera que has hecho bien tu trabajo), pero sí lo observo de otro modo. En todo caso, en aquel momento flipé, y mucho. Ten en cuenta que leo la revista Shangay desde hace bastantes años, así que verme de repente nominado por ella y compitiendo con gente como Boris Izaguirre fue muy fuerte. ¿Qué te voy a decir? Los de pueblo somos muy impresionables. Je, je…

Cuando un escritor presenta una obra con protagonistas homosexuales, siempre hay alguien que habla de "encasillamiento" (incluso cuando se trata de su primera novela). ¿Fue eso lo que te pasó para que tu tercera novela, Cuerpos descosidos, supusiera un giro hacia el género de terror?

No fue una maniobra tan calculada. Simplemente, el terror es un género que siempre me ha interesado como consumidor, pero nunca antes lo había cultivado como escritor. De todos modos, la ruptura de Cuerpos descosidos con todo lo anterior no es tan absoluta en ese sentido: sigue habiendo algunos personajes gays y bisexuales… y, de hecho, uno de los temas de la novela es la homofobia como sublimación de los fundamentalismos religiosos. Lo curioso es que, cuando no te encasillan por una cosa, te encasillan por otra. Conozco a gente que ni con un palo toca un libro con personajes homosexuales. Pero luego también la hay que tuerce la boca cuando le dices que tu novela es de terror. Existen muchos prejuicios, por un lado y por el otro. Y es una pena, porque a veces esos prejuicios les impiden disfrutar de grandes libros.

A pesar del cambio de temática, hay un "algo" en tus novelas que, con independencia de la temática o los protagonistas, hace que sean claramente reconocibles como tuyas. Pocos autores pueden presumir de tener un estilo tan propio. ¿Cómo lo definirías?

Si te soy sincero, nunca he sido muy consciente de qué es exactamente lo que hace reconocible un texto mío. Pero, gracias a los comentarios de lectores y colegas, admito que ya empiezo a identificar temas y estilos que podríamos llamar propios. Siempre me dicen que cuido mucho a los personajes y que, invariablemente, mis textos tienen corazón y profundidad emocional. Que lo que más me preocupa es hablar de las relaciones humanas, incluso cuando escribo las historias de terror más sórdidas. También hay temas que aparecen una y otra vez en mis obras, como las familias desestructuradas. Y es algo curioso, porque mi familia no tiene nada de desestructurada. No sé de dónde me viene esta obsesión… Puede que de American Beauty, que es mi película favorita.

Si con Todas las maldiciones del mundo rozaste el premio Shangay, con Cuerpos descosidos ganaste el prestigioso premio Nocte.

En ambos casos fue un orgullo, claro. Pero lo del Nocte supuso algo más, porque es el premio que concede la Asociación Española de Escritores de Terror. Es decir, que se trata de un premio que te dan tus colegas. Obviamente, el valor de un galardón así no es poco, porque me consta que se debate mucho y no se toma la decisión final a la ligera. Ahí no hay amiguismos que valgan. En años anteriores, se alzaron con el Premio Nocte novelas como Fin, de David Monteagudo, o Y pese a todo…, de Juan de Dios Garduño (ambas con sus respectivas adaptaciones al cine, por cierto). Además, competí con una novelaza como Diástole, de Emilio Bueso (que ganó posteriormente el Premio Celsius de la Semana Negra de Gijón). Te puedes imaginar el subidón que me dio cuando me premiaron…

Paradójicamente, cuando ganaste el premio la editorial con la que habías publicado Cuerpos descosidos había cerrado y la novela estaba descatalogada. Supongo que este es el momento en el que hablamos de la crisis en el sector editorial... ¿cómo lo ves?

Desgraciadamente, es una situación muy complicada y de futuro impredecible. En España se publica mucho, se lee poco y se distribuye como se distribuye. Si a esto añadimos la crisis económica, que lo ha agravado todo, pues ya te puedes imaginar… Es una pena, porque la editorial NGC Ficción! tenía un catálogo reducido, pero de lo más interesante y bien editado. Sin embargo, estos problemas que te comentaba, unidos a otros al menos igual de peliagudos, lo mandaron todo al traste. Por suerte, hoy en día Cuerpos descosidos todavía se puede conseguir en edición digital. Menos da una piedra, supongo.

Hay una élite que vive de la literatura...

Y una élite bastante más reducida de lo que muchos piensan. Lo gracioso es que todos hemos tenido en un momento u otro esta idea preconcebida de la superestrella literaria, que gana una pasta con sus libros. Esto puede pasar en Estados Unidos, por ejemplo, pero en España es casi un mito. Incluso quienes parece que más viven de sus libros no viven tanto de las ventas como de charlas, conferencias o colaboraciones en periódicos. Obviamente, yo no pertenezco ni de lejos a esa élite y dudo mucho que pertenezca nunca, pero tampoco es algo que me preocupe. Hombre, te estaría mintiendo si dijese que no me gustaría, pero no es algo que me obsesione en absoluto. Tal y como está el panorama, me conformo con poder seguir escribiendo y publicando como hasta ahora, a pequeña escala, que desde luego ya es mucho más de lo que soñaba cuando empecé a escribir. De hecho, en aquella época ni siquiera me planteaba que me nominaran a un premio como el Nocte.

El premio te llegó cuando ya estabas en proceso de publicar tu cuarta

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