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LesGaiCineMad 2018: Gustavo Pecoraro, de competir con una película a jurado de la sección de documentales

Activista, escritor, cineasta y poeta, Gustavo Pecoraro acude a la 22ª edición de LesGaiCineMad para presentar «El puto inolvidable. Vida de Carlos Jáuregui» y se vuelve a Buenos Aires con el premio del público y el premio al mejor director para Carlos Santa Ana. Pero vuelve para la 23ª edición esta vez como miembro del jurado de la sección de películas documentales.

Luis M. Álvarez • 31/10/2018

Gustavo Pecoraro | Foto: Uso permitido

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El año pasado acudí al pase de El puto inolvidable en la Fundación 26 de Diciembre y me quedé con ganas de charlar con Gustavo Pecoraro. La película en la que participaba como guionista y protagonista consigue finalmente el premio del público, además del premio al mejor director. Afortunadamente, LesGaiCineMad decide volver a convocarle este año, pero ya como miembro del jurado de la sección de documentales. Ante todo agradecer la amabilidad y paciencia del entrevistado, que no solo contesta a todas mis preguntas, sino que me proporciona realmente las herramientas para poder realizarla al encontrarse mi teléfono en estado de histeria catatónica y tener restringida la entrada de SMSs, wasaps, fotografías y hasta inhabilitadas las notas de voz con la que habitualmente gravo las entrevistas. ¡Muchas gracias, Gustavo!

Sobre vivir LesGaiCineMad desde la sección competitiva o como jurado

Me gustan mucho los festivales de cine, cualquiera que sea. Me gusta mucho el cine y me gusta todo lo que significan los festivales. La verdad es que el año pasado fue como impactante desde el punto de vista de lo que puede significar una película hecha en otro país. Una película tan personal, sobre un personaje tan desconocido para el público fuera de Argentina, por ahí en parte de Latinoamérica se le conoce un poco, pero acá no se le conocía. Y de cómo esa posibilidad de contar a alguien que no es de un lugar genera una empatía con otras personas de ese mismo lugar o situaciones de ese lugar. Son historias universales.

La experiencia del año pasado, participando fue increíble, porque además la película tuvo dos premios muy importantes, sobre todo el premio del público, que a mi me parece que ratifica un poco un trabajo, y el premio del jurado al mejor director para Lucas, para Lucas Santa Ana. Y este año, yo soy muy obsesivo, me puse la tarea de ser muy serio. Primero ver todas las películas que me toca juzgar, que son las documentales, pero también poder ir a ver los largometrajes y tener esta posibilidad de juzgarlos desde el lugar del premio del público. Y sí, me gustaría tratar de estar en las proyecciones, por lo menos las primeras proyecciones de todas las películas que yo juzgué.

Creo que es una linda devolución que un jurado te diga algo o te acompañe ese día. Recuerdo el año pasado, fue mi lindo el día de la premiación, se me acercó Fernando Olmeda, que había dirigido antes El viaje de Carla (2014, España) y que formaba parte del jurado, y me dijo unas palabras muy lindas. Me dijo: «nosotros ya sabíamos que iba a ganar tu película porque apenas la vimos a todos nos gustó pero nos quedamos cayados hasta ver», y es muy linda esa complicidad que se genera. Este festival me parece súper importante, porque creo que los festivales son el aporte de los cambios sociales a través de la cultura, que es muy importante.

Sobre la repercusión de El puto inolvidable en Argentina

La première mundial fue en el Festival Asterisco de Buenos Aires, un festival de cine LGTBQ que se realiza en Buenos Aires en estos mismos momentos. Participamos en la competencia oficial y después empezó un gira mundial de festivales. Habíamos venido acá y después de LesGaiCineMad estrenábamos. Se estrenaba en las salas oficiales, no en las comerciales, lo que sería acá el Yelmo o el Cineplex, sino que se estrenó en el Gaumont, que es el espacio INCA, el espacio del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, y en general las películas duran una semana, nosotros estuvimos tres semanas. Nos fue muy bien de público. Luego la película rueda mucho por espacios universitarios, espacios de activismo y luego la línea aérea Latam la compró para el tramo internacional de Europa-Argentina, luego es una película que interesa.

Particularmente, le tengo mucho amor a esa película. Hicimos un gran trabajo con Lucas. Lucas hizo un trabajo estupendo, porque él no conoció a Carlos. El contaba que salió del armario el mismo año que Carlos se moría. Creo que Lucas me leyó mucho, no me leyó los libros sino que me leyó a mi. Me escaneó con una profesionalidad muy importante. Y creo que es el gran mérito de la película. Nosotros en realidad acompañamos. Yo en concreto era muy inconsciente de lo que estaba haciendo, porque Lucas es un gran director y supo no contarme todo el cuento hasta el último momento. Profesionalmente creo que ya está. Yo estoy en otros proyectos, Lucas está en otros proyectos, pero es una película que nos sigue dando satisfacciones.

Sobre la memoria histórica de los activistas LGBT

Hay una cuestión muy importante que todo movimiento social y sobre todo un colectivo como el nuestro que ha perdido tantos compañeros y compañeras, no solo por el VIH sino por los crímenes de odio por la orientación sexual y la identidad de género, creo que nuestro colectivo tiene que tener claro que una de las bases fundamentales para el presente y para el futuro es la memoria histórica. La memoria histórica es vital. Así como en Argentina no se conoce algunas, por ahí Carlos Jáuregui sí, porque se ha hecho un trabajo colectivo de recuperación de su figura y de algunos de sus compañeros y compañeras, pero después hay gente muy vital para los comienzos de nuestro colectivo que las nuevas generaciones no la conocen.

Me atrevería a decir que si hacemos una encuesta, no digo por ahí en el entorno de LesaiCineMad que hay un nivel alto, pero por ejemplo en la manifestación del orgullo sobre quien fue Armand de Fluvià o Paco Vidarte, o quien es Quim Pérez o Jordi Petit. Yo no sé cuanta gente lo sabe. Me parece que es casi obligatorio que además de que los orgullos sean un espacio reivindicativo, sean un espacio de fiesta, sean un espacio de grandes festivales, etc., tienen que ser espacios didácticos sobre la memoria histórica, sobre qué huellas estamos caminando. Y eso es responsabilidad de las organizaciones y, en todo caso, de las propuestas que se puedan hacer a los Estados para que esos Estados logren esta cuestión. ¿Ustedes recuerdan el World Pride que se hizo la excursión en Centro Centro sobre 40 años de colectivo? Yo creo que hacer más. Hay que hacer mucho mas de esto.

Gustavo Pecoraro | Foto: Uso permitido

Viví acá en España durante diez años, luego viví un año en Berlín y después volví a Argentina. Volví once años después y cuando llegué a Argentina, en 2010, en medio de la lucha por el matrimonio igualitario en un frenesí activista y militante, veía nombres, o sea jóvenes muy valiosos que hablaban del matrimonio igualitario, que ocupaban los medios de comunicación, pero que no hablaban del pasado. Como si el pasado o lo conocieran o no les conviniera. Al principio fue una gran decepción, pero yo decía, once años atrás, cuando me fui, había otros nombres, incluso había otros nombres muertos, muy importantes como Carlos, en este caso, y no se hablaba, no se cotidianizaba eso.

Llegamos a las leyes del matrimonio igualitario y la ley de género porque antes hubo gente que le pusimos el cuerpo a la ilegalidad de la calle, a las primeras marchas, a la pandemia del sida, etc., etc. Hablo en primera persona del plural porque yo fui uno de ellos. Entonces, si yo era tan agradecido con los compañeros y las compañeras que ya no estaban, estos chicos y estas chicas, nuevos activistas, nuevos militantes, no pensaban en el pasado. Para saber un poco por qué estábamos allí, porque no es que las ocas aparecen porque uno aparece. No es que LesGaiCineMad es importante porque vine yo, esto tiene 23 años, no sé si me explico.

Me quedé en la Argentina y comencé a hacer todo un trabajo comunicacional y un trabajo de revisión histórica. Un trabajo que no fue fácil porque muchas veces confrontaba contra las agendas inmediatas, las que había en ese momento, pero fue una cosa que se instaló. Se instaló muy bien y sí es cierto la gente que, incluso tiene diferencias conmigo, si tiene una visión trata de tener un pensamiento más conciliador porque antes que nosotros, digo antes de los 80 y los 90, cuando yo empecé a militar en el colectivo, en Argentina hubo un proceso de activismo que lo destruyó la dictadura militar, que es el proceso que se genera en el 67, después en el 71, primero con Nuestro Mundo después con el Frente de Liberación Homosexual. Dos grupos que eran muy pequeños, que no tenían gran visibilidad, pero que tuvieron cabezas muy importantes, como Héctor Anabitarte, que vive exiliado acá en España, vive todavía, o Néstor Perlongher, gran teórico de los años 70, el primero que comenzó a hablar sobre sexo revolución, identidad…

Creo que en el colectivo LGBT somos como una cadena. Los eslabones a veces se tocan, a veces no, pero un eslabón que está en un lado y otro en el otro siguen siendo parte de la misma cadena. Entiendo que hay diferencias de privilegios, diferencias sociales, diferencias ideológicas, espirituales, de simpatía, pero es muy necesario, sobre todo en la coyuntura que estamos viviendo que se va agudizando cada vez más, sentirnos parte de la misma cadena. Figurativamente, aunque enrolles la cadena, hay eslabones que no se tocan, pero es la misma cadena. Si tuviéramos que atar algo con esa cadena, todos ataríamos algo y nosotros lo que tenemos que hacer es atenazar a los enemigos. A veces el activismo es un poco injusto con el activismo.

En estos momentos, me considero un activista jubilado, con alguna changa por ahí, algún currito, pero a veces me parece interesante levantar la voz o dar mi opinión, pero entiendo que los compañeros y las compañeras que son activistas le ponen un tiempo que yo no voy a poner. Le ponen incluso un tiempo a la pelea entre ellos, que yo no quiero tenerla, no quiero abonar a eso. En este momento estoy en un espacio comunicacional, escribo, estoy en un lugar más analítico, cultural… Para mi es un poco obsesivo lo de la memoria histórica y, por supuesto, también aprender de las nuevas generaciones, porque también aprendemos de las nuevas generaciones.

Sobre su paso por la CHA, Gays DC, ACT-UP Buenos Aires y DAG: Deportistas Argentinos Gays

Primero empecé a militar en la CHA, la Comunidad Homosexual Argentina, en el año 84 yo era muy niño y en ese momento militaba políticamente en el trotskismo en Argentina, donde tiene una fuerza diferenciada a la de otros países, y entré a militar en la CHA, que fue una experiencia muy increíble en cuanto a lo que yo quería para mi vida. ¿Por qué iba a luchar yo? Y un poco fue como separándose esta cosa del sentimiento revolucionario, de pensar en la construcción de un partido, que es un poco la militancia trotskista hasta entender que quería hacer una revolución conmigo, desde mí, con mis compañeros, que tuviera que ver con algo más personal, de revolución interior ligada a mi orientación sexual y a todos los derechos que no teníamos.

Nosotros en el 96, o sea doce años después de que empecé a militar, justo diez días antes de que se muriera Carlos, obtuvimos la primera conquista legal. En la Constitución de Buenos Aires, como se transformaba en autónoma, tenía que confeccionar sus propias leyes y la primera ley que creaba era su constitución, en la que pudimos incluir un artículo que una cláusula antidiscriminatoria, entonces, desde el año 1996 en la ciudad de Buenos Aires es delito discriminar a alguien por orientación sexual. Después se transformó a nivel nacional, pero el primer hito fue en la ciudad de Buenos Aires.

Pasé por la CHA, después se fue Carlos, nos fuimos un grupo de compañeros y fundamos Gays por los Derechos Civiles, eso fue en el año 91, donde decidimos empezar a pelear y empezar a pensar por nuestros derechos. Y para pensar en nuestros derechos había que pensar en las leyes que no teníamos. En ese sentido fue distinta la estrategia de lo que era la CHA, que era una organización más de denuncia, quizás después tenía demasiada necesidad de responder al VIH, también era una realidad, cada día se moría un conocido, un amigo, un novio o el amigo el novio o el compañero del de al lado. Pero nosotros, cuando creamos Gays DC necesitábamos de alguna manera el amparo legal. Y ese amparo legal teníamos que pensarlo nosotros, teníamos que exigírselo al Estado. Todo eso significaba comenzar a tener relaciones con los partidos políticos, también con los organismos que defienden los derechos humanos, que en Argentina son un factor importante. Y eso fue muy costoso, sumamente costoso, no fue fácil en los primeros años noventa, en el 90, 91, 92. Y ahí estaba el gran valor de Carlos, de poner su visibilidad por delante de nuestra comunidad, ser nuestra proa. Todos los espacios que se abrían por esa visibilidad.

Gustavo Pecoraro | Foto: Uso permitido

Dejé Gays DC cuando se murió Carlos, en el 96 y, previo, también, medio iniciativa de él, habíamos formado Act-Up Buenos Aires, que era específicamente una organización de lucha política para la respuesta del VIH en un momento donde en Argentina, bueno en todo el mundo, pero en Argentina se retrasaba mucho los presupuestos sanitarios y no había atención, no se destrababa las nuevas medicaciones, la gente moría, y nuestros propios cuerpo estaban en peligro de muerte. Los que sobrevivimos tuvimos la posibilidad de acceder a los antiretrovirales, que en Argentina aparecieron en el año 96, y eso mejoró nuestra calidad de vida, pero otros compañeros no llegaron, Carlos uno de ellos.

Y después lo de Deportistas Argentinos Gays fue como una especie de despedida de Argentina. Allí hay como una especie de mística futbolística y había un grupo de mariconas que queríamos jugar al fútbol y se nos ocurrió formar esta organización y nos fuimos en le 98 a Amsterdam a los Gay Games y ahí fue como mi culminación Me dije que no quería vivir más en Argentina, necesitaba otro campo de batalla. En el 98 me vine a vivir a Madrid, estuve hasta el 2009, finales de 2008, y después me fui a Berlín un año. Luego me tuve que volver a Argentina por problemas de salud y ahí comienzo de nuevo, ante el hecho de que no me voy a morir, de pensar qué hago y echar raíces y levantar un poco la voz.

Sobre pasar de ser activista a convertirse en escritor

Escribo desde muy chico. Siempre escribí. Escribo en diferentes medios independientes, desde muy chico me gusta mucho la entrevista como herramienta de comunicación, también la crónica. Y lo de la poesía fue muy extraño. Amo Madrid, estoy nacionalizado, soy un ciudadano español acá, y aquí tuve como una especie de vuelta al armario, no en lo que respecta a mi sexualidad, pero sí en lo que respecta al trabajo intelectual. Trabajaba en la gastronomía. Como inmigrante las puertas que están abiertas, por lo menos en esa época, eran las de la gastronomía. Yo me dediqué a eso. Fui muy feliz, lo pasé muy bien, pero tenía un espacio mío, en la vuelta mi casa, había creado un blog y allí escribía. Escribía poesías, escribía textos, casi como un diario, pero un poco más 2.0, por llamarlo de alguna manera. Y escribí mucho, creo que fue también una manera de no olvidarme de quién era porque, bueno, a veces, por ahí no se entiende muy bien, pero hay ciertos trabajos que son muy alienantes y la gastronomía es uno de ellos.

Recuerdo que trabajaba de miércoles a domingo doble turno, y así años, salvo las vacaciones, librando día y medio. Recuerdo que ibas a tu casa, te echabas una siesta de 20 minutos y volvías y luego hasta cualquier hora, entonces yo tenía ese punto de sentarme en el ordenador y descargar ahí un montón de cosas. Y bueno, empecé a escribir poesía y comencé a buscarme en ese lugar. Cuando volví a la Argentina, bueno, volví porque además de ser una persona viviendo con VIH me descubrieron un cáncer, en Alemania me descubrieron un cáncer bastante complicado y decidí que no podía sostenerlo solo ni con mi novio, que en ese momento estaba en Berlín, y me volví, necesitaba volver, por lo menos para entender de alguna manera qué me pasaba rodeado de unos afectos de antes, pero que me podían dar una cobertura porque yo no sabía que me podía pasar. Era, es, porque no me lo pudieron extirpar, pero bueno de los malignos como el más bueno, un tumor.

Entonces lo que hice fue volver, y ahí empece a recuperar amistades. Y un amigo, le conté esto del blog, el lo leyó y me dijo: «vos tenés que publicar esto, vos tenés que publicar tus poesías». Yo: «no, bueno, cómo lo voy a publicar, si esto lo escribí para mi». Se enganchó mucho con mi poesía, es un poeta que se llama Gastón Mangieri, y él hizo todo un proceso de selección, es mi primer libro, se llama Palabras en el viento, es un poemario que, la verdad es que me gusta mucho. No es de lo más bonito, pero es, por ahí, que me muestra tal cual en un momento de mi vida de mucha soledad a pesar de vivir en una ciudad como Madrid, de tener pareja, de trabajar en un espacio de ocio así, un momento de mucha soledad de compartir ciertas cuestiones que hacen de eso que es tu esencia.

Hicimos un libro, un primer poemario que fue hermoso, él escribió un prólogo basado en el libro de Hervé Guibert, Los que me aman que cojan un tren, después se hizo una película con Jean-Louis Trintignant, sobre esta recuperación de los afectos en la soledad. Y fue increíble la repercusión del libro. También recuperé un espacio de activismo, volvía una ciudad donde esa ciudad y ese activismo me recordaban, si bien no volví a ser activista, porque no me metí en ninguna organización, pero hubo una necesidad de que alguien grande, eso que te decía de que no había memoria histórica, hubo una necesidad de que alguien grande, o mayor, pudiera contar cosas a los jóvenes que estaban súper empoderados porque estaban militando por el matrimonio igualitario en todas las provincias de Argentina. Entonces, ese libro lo presenté en siete ciudades de siete provincias distintas, lo presenté en Chile, en Uruguay, lo presenté aquí en Madrid. Y ya cuando vine acá a Madrid a presentarlo ya hubo un cambio a mi relación con Madrid, lo presentamos en Traficantes de Sueños, con Gracia Trujillo y Héctor Anabitarte y reivindiqué mucho el rol del inmigrante acá, de las posibilidades que tenemos y de las posibilidades que no tenemos. Por ahí no tenemos la posibilidad de escribir un libro, o de publicarlo, pero sí de pensarlo, eso no nos lo van a arrebatar.

Y ya empecé a sostener la escritura, fundé un programa de radio, El vahído, que ahora se transformó en una red de podcast, con esto de las nuevas herramientas, y empecé a escribir en algunos medios LGBTI, si bien ahora no escribo, el Suplemento SOY de Página 12, que es el único suplemento impreso de la diversidad que sale en un diario de distribución nacional, eso me dio mucha visibilidad, empece a escribir mucho sobre VIH. Y al año siguiente, ya saqué mi segundo libro, que es Palabra y pluma, textos políticos y otras mariconadas, que es un recopilación de los textos antiguos publicados en diferentes medios, y así con una constancia de más o menos un libro por año llegamos al quinto, Amor marica. Tengo tres poemarios y dos libros de crónica y ensayo, uno sobre Carlos Jáuregui. Y luego, he colaborado en otros libros. Bueno el paso fue como sacar cosas del armario.

Sobre la teoría queer

Tengo la suerte de tener amigos de mi edad y un poquito más grandes, que hemos vivido los 80y y los 90, y a nosotros la teoría queer nos toca de lejos. No sé lo que es ser queer, yo sé lo que es ser maricón. Sin menospreciar la teoría queer, pero a veces todo esto que pasa los últimos años de la disidencia sexual, de lo queer y demás, yo creo que sería un atrevimiento que yo dijera que soy queer. No, yo soy un maricón de 53 años que he hecho shire (cruising) en los baños públicos, o sea, un maricón a la antigua, si bien soy bastante actual en ciertas cosas, soy un maricón que podría estar en la Fundación 26 de diciembre en unos años. Y me encantaría.

Nosotros, este tipo de maricones tenemos algo que los nuevos cuerpos disidentes no tienen, así como ellos tienen algo que nosotros no tenemos, y una de las cosas que nosotros tenemos es la huella de la pandemia del VIH. Yo creo que eso nos hace diferentes. Ni mejores ni peores, nos hace diferentes. Ayer vivimos dos experiencias en LesGaiCineMad que reflejan perfectamente esto que te cuento, 1985 y la película de Albertina Carri y yo soy 1985. Soy eso que dice el protagonista de que íbamos todas las semanas a un velorio.

Entiendo que haya nuevas formas, y por supuesto que tiene que haberlas, por algo estamos en el 2018 y hemos evolucionado en un montón de cosas, pero también los viejos putos tenemos nuestro back up. No nos podemos poner glitter y decir que somos los nuevos queer. No me sale, porque no es natural, yo creo que los nuevos cuerpos disidentes sí, son un deseo profundo, los cuerpos de sexo no binario, yo creo que ahí hay una decisión personal tan válida como la de los viejos putos de cincuenta y pico. También es interesante verlo en cierta genealogía que se genera en las películas.

El otro día, con la película de Ellen Page, My days with Mercy, había un tipo de lesbiana más viejo, con 1985 ocurría lo mismo. Yo creo que si uno midiera la edad, también marca eso. Y luego, con otras películas también pasa eso, se ven otros cuerpos, se ven otras identidades, otra mística, y creo que no es ni malo ni bueno, es diferente. Nosotros somos el pasado y ellos son el presente, somos parte de ese presente, tampoco somos el futuro, pero pasar al futuro, este presente tiene que estar conectado con nosotros de alguna manera.

Sobre actores y actrices cisgénero haciendo de personas transgénero

Le hice esta misma pregunta a Vida Morán, que es una compañera y amiga, pero además es un actriz, que también es trans. Y ella me dijo cosas muy interesantes, entre otros cosas que es importante que las personas trans tengan trabajo. Es importante que las actrices trans tengan trabajo. Y que tengan trabajo no porque sean trans, sino porque se las considere buenas actrices. Pero ante la opción, ya que no hay personajes trans, ante la opción de que hay 3 o 4 personajes trans, yo opino que la primera, segunda, tercera, cuarta cualificada sea una actriz trans, que las hay.

También es cierto que está lo otro, que significa, qué pasa cuando una actriz como Hillary Swank hace ese tremendo personaje [en Boys don’t cry]. A mi lo que me hace más ruido es que lo hagan los hombres, hombres cis, sobre todo, por más que hagan buenas actuaciones. Creo que hay suficientes actrices trans, y si no hay que buscarlas y hay que darles la oportunidad. En estados Unidos hay como un principio de apertura con eso, liderado por Laverne Cox, pero ahora con Pose, la serie que produjo Ryan Murphy, ha abierto una cosa muy grande, con Transparent también, a actrices cualificadas para hacer el protagónico de una serie con tanta producción como las que hace Murphy. Yo no sé si Jared Leto en Dallas Buyers Club era la persona indicada para hacer ese personaje. ¿No se podía haber ofrecido a una actriz trans? Otra cosa es hacerle un boicot a Scarlett Johansson, por ahí sí le haría un boicot a alguien que sea transfóbica, pero no a Scarlett Johansson que es más bien una aliada.

Uno de los grandes enemigos que nosotros tenemos como colectivo es toda la reacción que hay contra la ideología de género. Es tarea fundamental apoyar mucho al colectivo transgénero y transexual. Yo voy a dar un taller sobre crímenes de odio el día 7 de noviembre en el Segundo Foro Mundial de Ciudades contra la Violencia y por la Paz, que se hace aquí en Madrid, y voy a dar un taller sobre crímenes de odio por orientación sexual e identidad de género. Bueno, la cantidad de personas trans asesinadas en el mundo en los últimos años es de datos no oficiales. Hay una cuestión donde los gays y las lesbianas tenemos que acompañar al colectivo [trans], y enganchándolo con esto, creo que también tiene mucho que ver con esto que hablamos de quién ocupa el rol de un personaje trans y tendría que ser una persona trans.

Sobre cómo salpica el efecto #MeToo en cineastas homosexuales

Lo puto no quita lo facho, y se aplica a todas las identidades. Pim Fortuny era un gay declarado holandés, líder de un partido de ultraderecha, asesinado hace 10 años. Yo creo que ahí hay una cuestión de privilegios más allá de la orientación sexual. Los poderosos, sean gays o heterosexuales, se aprovechan y más en una industria como esa.

Primero hay que decir, un abusador es un abusador, sea heterosexual, gay, lesbiana, trans o cura. ¿De quién la sociedad se va a encargar de colgar primero? A una lesbiana, a una persona trans y a un puto, a un homosexual, a los curas los salvan, los cuidan, los protegen para siempre y los heterosexuales, los ricos como Harvey Fierstein siguen diciendo que no tuvieron nada que ver. En el caso concreto de Kevin Spacey, como era gay y era poderoso, además no solo poderoso, era la persona más influyente artísticamente que había en el mercado en ese momento. Casi es como la venganza de la realidad sobre lo que él contaba en House of cards. Yo no lo juzgaría desde la moral, pero sí desde el ensañamiento a las personas que no son de la sexualidad hegemónica.

Sobre cine y sida

Es importante que hablemos de VIH constantemente. Que todas las personas que podamos ser visibles viviendo con VIH lo digamos. Creo que es importantísimo que haya una naturalización de el testeo del VIH, porque conocer la serología para mi es un derecho humano, porque conocer si eres negativo o positivo mejora la calidad de vida de las personas. Esto es algo que el Estado no lo entiende, sigue sin entenderlo. Creo que es muy importante que en festivales de cine LGBT haya un apartado tan importante como el que tiene LesGaiCineMad, que es específico de películas, de cortos, pero también de actividades que hacen a la visibilidad del tema VIH, del tema sida, mostrarlo desde diferentes lugares.

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