Pablo Vergara Pérez: "La sociedad acepta a las personas trans que no se les nota"

Pablo Vergara Pérez escribió el libro “Género fluido: aprendiendo a vivir de otra forma”, una recopilación del diario de un hombre trans escrito a lo largo de 5 años.

Ariel Alan • 10/10/2016

Pablo Vergara Pérez | Foto: Uso permitido

pablo vergara pérez transexual

Pablo Vergara Pérez es un conocido activista y empresario trans que ha colaborado con distintas asociaciones y organizaciones, y ha escrito el libro “Género fluido: aprendiendo a vivir de otra forma”, durante su proceso de transición social de género. Recoge las vivencias y experiencias de una persona trans a la hora de enfrentarse a la familia, los amigos, la sociedad y al sistema médico y administrativo.

-¿Cómo fue aquel momento a los 28 años cuando te reconociste como hombre trans?

Ocurrió en un momento muy delicado para mí. Llevaba 5 años preparando las oposiciones a profesor de secundaria, y durante los dos últimos había estado estudiando sin esperanza de conseguir plaza, porque acababan de cambiar el sistema de acceso y las nuevas normas daban muchísimas ventajas a los interinos. En mi especialidad había tantos interinos que la posibilidad de que alguien que no había trabajado nunca consiguiese una plaza era prácticamente nula… Para colmo de males era el año 2008 y la burbuja inmobiliaria acababa de estallar, dejando a todos los que vivíamos del sector de la construcción con el futuro en el aire (yo trabajaba en una ferretería, mi novio era electricista…), en una zona de Andalucía donde en realidad, nunca han existido tiempos de riqueza y bonanza económica. Yo había pasado los dos últimos años, especialmente el último, sumido en la depresión, tomando medicamentos psiquiátricos e intentando levantar una vida que cada vez me costaba más llevar, y a nadie parecía extrañarle que me sintiera tan triste, tan abatido… sobraban los motivos para la depresión.

De repente, una mañana, me desperté sintiendo que nadie me conocía. Que me levantaba, me ponía una máscara, y fingía ser otra persona. Que nunca decía lo que realmente sentía, ni quería, y que las personas a mi alrededor no tenían ni idea de quién era yo. Ni siquiera yo tenía idea de quién era yo, porque me pasaba todo el día peleando contra mí mismo para mantener todo aquello bajo control, consiguiendo ni siquiera pensar en ello… Fue un abrir y cerrar de ojos, y en cuestión de dos semanas todo encajaba, pero al mismo tiempo yo me sentía aterrorizado porque me daba mucho miedo la reacción de las personas de mi entorno: mis padres, mi pareja, mis amigos… Al mismo tiempo sentía que toda la energía que había estado utilizando en reprimir mis propios sentimientos, de golpe estaba libertada y podía hace lo que quisiera con ella. Me sentía más vivo y más enérgico que nunca. Dejé las pastillas de un día para otro y desde entonces no las he vuelto a necesitar.

-¿Cómo fue la reacción de tu entorno al verte? ¿Tenías familiares o amigos con quienes compartir lo que sentías?

Fue muy distinta dependiendo de la persona. El que era mi pareja en aquel momento lo aceptó, pero los dos sabíamos que así no teníamos futuro, porque él es hetero, así que decidimos dejar la relación de mutuo acuerdo, aunque todavía seguimos siendo buenos amigos. Mis padres lo rechazaron frontalmente y aunque hubo un momento en el que parecía que terminarían por aceptarme tal y como soy, lo cierto es que nuestra relación se rompió hace años y ya no tengo contacto con ellos, ni con una parte de la familia. Pero tanto mi hermana como el resto de la familia me apoyaron desde el principio y siempre han estado ahí para lo que he necesitado. Mi abuela, a sus 90 años, se peleaba con mis padres por mí…

Mis principales apoyos han sido mis amigos. Conservo muchos amigos de antes, y después he hecho muchos amigos más, trans y cis, activistas y no activistas, que me han ayudado de manera increíble y a quienes nunca podré agradecer suficiente todo lo que han hecho por mí. En el libro menciono a varios de ellos y ellas (quienes me han dado permiso para usar su nombre real), pero hay muchos más que se han quedado fuera y han sido importantísimos para mí.

- ¿Cuándo decidiste volcar tus experiencias en un libro y cómo fue revivir tu historia?

Empecé a escribir en el blog al iniciar mi transición, porque había muy poca información y me sentía muy perdido. Pensé que habría otras muchas personas que estarían igual que yo, o que podría haberlas en el futuro, y me pareció que si empezaba a contar mis experiencias y sentimientos tal vez podría ayudar a alguien en el futuro. También era una forma de desahogarme, de aclarar mis pensamientos, y de explicar a mis amigos y familia, que leían el blog, cómo me sentía. Así estuve durante cinco años, hablando de las cosas que me pasaban, de mis sentimientos, de cómo iba superando mis problemas y encontrando mi felicidad, siempre siendo muy sincero y sin guardarme prácticamente nada.

Al cabo del tiempo, varias personas me sugirieron que quizá sería una buena idea que lo volcase todo en un libro, ya que de esta manera sería más fácil de leer y llegaría a más gente. Y también porque, según ellos, era un libro que merecía la pena ser escrito y ser leído. Después de meditarlo un tiempo, y de que fueran varias personas distintas las que me lo aconsejasen, decidí tomar la recomendación y ponerme manos a la obra.

La experiencia de revivir mi historia ha sido muy bonita y muy intensa. Cuando una persona escribe sus memorias, las emociones del pasado se van apagando, es como colores que se desgastan, pero al tratarse de un diario, todo lo que había vivido se mantenía igual que el primer día. Había cosas que no recordaba, y muchos recuerdos se habían ido volviendo más amables con el paso del tiempo, y al volver a leerlos me he indignado tanto contra aquellas situaciones y aquellas personas, como si el daño que me hicieron se lo hubiesen hecho a otra persona… Me ha llamado la atención el rastro de violencia que hay en todo el relato: los compañeros y compañeras, especialmente compañeras, muertas, que se han suicidado, que han sido asesinadas, que han tenido que soportar agresiones por parte de sus familias, de su entorno y de desconocidos… Muchas veces estaba trabajando en el libro y estaba llorando de pena, de rabia, de indignación…

Pablo Vergara Pérez | Foto: Uso permitido

- Empezaste tu transición en el año 2008 ¿Cómo ves la realidad de las personas trans con respecto a entonces? ¿Qué sientes ha cambiado y qué falta aún?

Desde el año 2008 hasta ahora tan sólo han pasado ocho años, pero en lo que respecta al movimiento por los derechos de las personas trans, es como si el 2008 fuese hace mucho tiempo.

Las cosas han cambiado mucho y nada desde entonces. Creo que la sociedad entiende cada vez mejor a las personas trans y nos acepta… con una condición: ser cisaparente. Es decir, que no parezca que eres una persona trans. Porque para las personas a las que se les nota que son trans (principalmente las mujeres trans) todavía sigue sin haber ningún lugar seguro. Al mismo tiempo estamos asistiendo a un repunte de la violencia, algo que hace tan solo un par de años no existía. No hay mes que no amenacen de alguna manera a alguna amiga o amigo trans. También estamos viendo como a España llega un fenómeno importado de los EE.UU.: las TERF, Feministas Radicales Trans Exclusionarias, que rechazan la inclusión de las mujeres trans en espacios de mujeres, o incluso reconocer que las mujeres trans son mujeres de pleno derecho.

Se han aprobado leyes que reconocen específicamente los derechos de las personas trans como la de Andalucía (que yo mismo ayudé a redactar) y la de Madrid (descendiente de la de Andalucía, pero mucho mejor construida ya que la situación política era más favorable), además de varias leyes anti discriminación LGTB (como las de Cataluña, Murcia, etc…). Sin embargo, estas leyes no se cumplen, o lo hacen parcialmente, y no terminan de resolver las cosas del todo, en parte porque el activismo trans se ha politizado muchísimo y se ha olvidado de que más fuerte que la ley es la educación.

Cada vez hay más información sobre transexualidad, y más profesionales sanitarios dispuestos a dar un buen trato a sus pacientes trans, pero la gente que empieza está tan perdida como antes, y va directamente a los expertos de siempre, que en lo que realmente tienen experiencia es en hacer sufrir a sus pacientes trans, causarles ansiedad, y lograr que se pasen muchas noches angustiosas sin poder dormir, y muchas tardes llorando de impotencia. Cuando la gente consigue llegar a las fuentes de información alternativas ya ha perdido meses, o años, en manos de alguna UTIG. Así que, sí, las cosas han cambiado a mejor, y mucho, pero en la práctica cotidiana de la mayoría de las personas trans todavía se nota poco y queda muchísimo que hacer, además de empezar a plantearse los nuevos retos que están apareciendo, y que los que ya hace mucho que dejamos los veinte años atrás no podemos ver del todo.

Lo único que sí que ha cambiado, y de manera increíble, es la cantidad de niños y jóvenes que se atreven a decir que no están de acuerdo con la identidad que se les asignó al nacer, y la reacción de sus padres, que en vez de volverles la cara de una ostia (que es lo que venía siendo lo normal) les apoyan, luchan por ellos durante su minoría de edad y les acompañan durante los primeros años de su vida adulta. Gracias a eso estamos asistiendo al nacimiento de una primera generación de personas trans que crecerá de manera generalizada en un entorno que les quiera, que les acepte, y que tendrá la posibilidad de estudiar si lo desea. Hay muchos interrogantes abiertos, muchos retos, muchas amenazas, y muchos proyectos, pero tengo mucha fe en que las jóvenes generaciones de personas trans podrán con todo ello. La perspectiva de los próximos años de lucha por los derechos trans me parece muy emocionante y esperanzadora.

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