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Sofía Olguín: "Soy un hombre gay en el cuerpo de una mujer"

"Todos mis sueños, tuyos" se llama la novela de Sofía Olguín que refleja el miedo, la represión sexual y la homofobia interiorizada que padecen los jóvenes que han crecido en medio de una cultura machista, patriarcal y heterosexista. La escritora dialogó en exclusiva con Universo Gay.

Ariel Alan • 03/04/2012

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Hace más de seis meses que Alexis no ve a sus padres. Cansado de ocultar su homosexualidad y soportar las humillaciones de su madre, dejó su casa arrastrando la depresión acumulada durante más de veinte años. Ahora vive en el centro de Buenos Aires, a veinte minutos de la Facultad de Filosofía y Letras, con Martín, un joven bohemio estudiante de Historia, y Franco, encargado de una librería y amante de la literatura medieval. En el bar de la facultad, Alexis conoce a Daniel, un estudiante de intercambio recién llegado de Estados Unidos, con quien inicia una relación.

Narrada en primera persona por el protagonista, "Todos mis sueños, tuyos", de Sofía Olguín, refleja el miedo, la represión sexual y la homofobia interiorizada que padecen los jóvenes que han crecido en medio de una cultura machista, patriarcal y heterosexista.

La escritora dialogó en exclusiva con Universo Gay.

- ¿Cómo surgió la idea de contar la historia de Alexis?

Hasta el momento había escrito cinco o seis novelas, muy diferentes de Alexis porque se trataba de novelas de fantasía. Quería escribir algo totalmente distinto, cosa que sólo había hecho en relatos o cuentos cortos. Quería contar una historia de vida, una vida que además pusiera en tela de juicio muchos aspectos de la sociedad en que vivimos. Había intentado escribir esta historia hacía tiempo, pero no podía encontrar la voz del personaje porque era más joven y no me encontraba lo suficientemente preparada para enfrentarme con una personalidad tan fuerte y real como la de Alexis. Creo que ese era el mayor inconveniente que tenía, poder sentir al personaje como parte de mí, desdoblarme para poder darle voz.

- ¿Le representó alguna clase de problema o dificultad escribir desde la óptica de un personaje masculino?¿O le fue fácil relacionarte en primera persona con la construcción de la masculinidad?

Fue muy fácil. Preocupantemente fácil, diría. Hacía dos años que venía escribiendo en primera persona masculina, así que tenía un poquito de “práctica”, digamos. Siempre digo que soy un hombre gay en el cuerpo de una mujer, y mis novelas y relatos son la única manera que tengo de ser ese chico. Nunca escribí en primera persona desde una mujer. Lo más cerca que estuve fue en el cuento “El de al lado”, publicado en la revista Transformación, del Grupo de Apoyo y Estudio de la Diversidad Sexual de la Universidad Nacional de Colombia. Trata de una madre soltera cuya hijo de diecisiete años es gay y tiene una relación con el vecino de al lado.

- ¿De qué manera vive Alexis el rechazo que tiene en su familia por ser homosexual, hecho que lo lleva a irse de su casa?

Alexis sobrevive a su situación familiar refugiándose en el estudio, de la misma manera que intenta olvidarse de sus amores no correspondidos. Como siente que ser gay es sinónimo de ser discriminado, rechazado, de ser una paria o motivo de burla, encuentra un alivio en la intelectualidad: siente que, de alguna forma, los libros y el conocimiento le devuelven el respeto que su sexualidad disidente le quita.

El verdadero “problema” de Alexis no es que sea homosexual, sino que su padre es alcohólico y su madre tiene una severa enfermedad mental que la lleva a comportarse de formas que no desea. Esta enfermedad es la esquizofrenia residual, que la novela nunca menciona con ese nombre porque Alexis no lo sabe (pero yo sí, porque soy la autora). Él no comprende del todo la enfermedad de su madre y siente que su odio es, digamos, lógico (“me odia porque soy gay”), cuando en realidad es un odio patológico. Esto queda claro al final de la novela, luego de que Alexis haya podido desintoxicarse de su pasado y conozcamos por fin, a su madre.

- ¿Cómo cambia su vida a partir de independizarse y poder ser quien realmente es?

Cuando Alexis huye, al principio se siente muy deprimido. Él se va de su casa por una situación extrema, forzosa… muy diferente del joven que un día decide independizarse, tiene todos los medios para ello y su familia lo despide con lágrimas en los ojos.

Como no puede pagarse un lugar para él solo, se va a vivir con dos chicos de la facultad que son más grandes que él. Y tendrá que enfrentarse con ellos, porque estos dos hombres (llamados Franco y Martín) quieren conocerlo, ser sus amigos, tener con él una buena relación. Al fin y al cabo, están compartiendo la casa. Eso produce un gran quiebre en él, porque toda su vida ha permanecido cerrado, guardándose todo, tanto lo bueno como lo malo. Y de repente, que alguien se interese por él, le resulta chocante e incómodo.

Como el lector de esta entrevista podrá imaginarse, Alexis no ha tenido relaciones con chicos (tampoco con chicas) y todo lo que le va ocurriendo en este aspecto ocurre porque el otro da el primer paso. Alexis no tiene iniciativa: primero, es tímido; y segundo, tiene miedo de que los hombres lo traten mal, tal como su padre trataba a su madre.

Por suerte, en su camino se encuentra con dos hombres muy distintos que, cada uno a su manera, le enseñan a dejar atrás sus temores.

- ¿A pesar de que en Argentina se promulgó la Ley de Matrimonio Igualitario, piensas que aún existen sectores machistas que no aceptan la diversidad?

Por supuesto. Creo que es un error mezclar cuestiones puramente civiles con el conjunto de ideas que una sociedad tiene instaladas en su imaginario colectivo. La Ley de Matrimonio Igualitario y las modificaciones que ha introducido en el Código Civil no han sido acompañadas por una campaña activa que intente acabar con la LGTBfobia. Es muy, muy difícil acabar con ella, porque va más allá de que dos adultos puedan casarse, aunque es un excelente comienzo, claro. Y en el imaginario colectivo de la sociedad nos encontramos con muchas construcciones que son, justamente, las que el movimiento LGBT pone en debate: qué es la familia, qué es un padre, una madre, qué es ser hombre, ser mujer, ¿se puede no ser ninguno de ellos?

No puedo dejar de mencionar la situación de las personas trans (travestis, transexuales y transgéneros), que son parte de la comunidad LGBT (aunque la palabra “comunidad” no me gusta). Actualmente las travestis tienen una esperanza de vida promedio de 33 años; no encuentran más alternativa de vida que la prostitución, donde se exponen al frío de la calles, el maltrato por parte de la policía y a las enfermedades de transmisión sexual. Y volvemos a las construcciones: qué es la feminidad, qué es la masculinidad, dónde acaba y dónde comienza cada una. Actualmente está pendiente la Ley de Identidad de Género y Atención Sanitaria, que obtuvo media sanción en la Cámara de Diputados el 30 de noviembre de 2011.

No obstante, creo que lo peor que puede existir es la discriminación entre personas LGBT. No ver que el machismo tiene muchas caras, muchas manifestaciones: la mujer que recibe un sueldo más bajo que el que recibe un varón, el chico gay afeminado que es discriminado en la escuela, la lesbiana que es tratada de “marimacho”, la chica trans que es maltratada porque ha renunciado a los beneficios que la sociedad le otorga al hombre y que ha construido su identidad femenina, identidad que es culturalmente inferior...

Para concluir, quisiera recalcar el importantísimo papel que la educación temprana juega en este arduo proceso de ir acabando, poco a poco, con estas ideas que asfixian y mutilan nuestras identidades. Y en este aspecto, un gran obstáculo es la Iglesia Católica Apostólica Romana, cuyo credo se imparte en muchas escuelas privadas del país y que impone un modelo rancio y obsoleto de familia, de hombre, de mujer y de ser humano; que se ha convertido en una herramienta más de la manipulación ideológica que ejerce sobre nosotros el sistema capitalista.

- ¿El hecho de la culpa y la represión que suelen sentir los gays hace que vivan distinto el amor y estén más necesitados de cariño?

Todos necesitamos amor y cuando una persona sufre, sea por el motivo que sea, lo necesita aún más. Cuando el sufrimiento es, justamente, porque su amor (parte de lo que forma su identidad) es censurado, se genera una mezcla terrible de sentimientos, desde el autorrechazo hasta el miedo al futuro (¿qué será de mi vida?)… y la única manera de superarlo es que nos hagan ver que no tenemos motivos para sentirnos así. Hacerle ver a una persona que es un ser único y especial es un acto de amor.

Por otro lado, no creo que una pareja gay sea muy diferente de una pareja heterosexual, pero las presiones que se ejercen sobre ellas (miedo al rechazo familiar, discriminación laboral, trabas para poder formar una familia) son muy distintas de las que sufren las parejas heterosexuales (¿cuándo se casan? ¿para cuándo el hijo?). Y esas presiones generan una infinidad de situaciones que desgastan mucho las relaciones.

- La infidelidad y las relaciones ocasionales y poco duraderas son un tema bastante frecuente en la actualidad, ¿Piensas que a pesar de ello, aún existen los románticos y soñadores que creen en el amor para toda la vida?

Alexis no cree en el amor para toda la vida, aunque sí le encantaría poder vivir para siempre con su chico. En un momento dice algo como: «No creo en los Romeos, ni en las Julietas. Creo que todos podemos enamorarnos muchas veces, creo que somos seres humanos, que no hay ningún enano en pañales flotando en el cielo con un arco en la mano tirándonos flechas. Creo que el amor puede desgastarse, puede quebrarse, puede desaparecer. Que es como la felicidad». Románticos y soñadores existen, conozco un par… ¡y creo que van a existir siempre!

- ¿Se basó en experiencias personales de amigos o conocidos para escribir esta historia?

En el prólogo de la novela, Diego Manuel Béjar comenta que la novela parece autobiográfica. A esto me refería con lo que decía en la primera respuesta, con poder encontrar la voz de Alexis para darle vida y que no pareciera el personaje de una novela.

Alexis y yo tenemos algo en común: estudiamos la misma carrera en la misma Facultad. Esto debía ser así, porque quería que mi personaje fuera un intelectual y la Lingüística es el único campo del que sé lo suficiente como para ponerme a soltar parrafadas intelectualoides. Me habría gustado que Alexis fuera estudiante de Antropología o Filosofía (que se dictan en la misma facultad), pero no tenía la formación necesaria.

Muchas de las anécdotas de la novela son reales: la toma de la Facultad, las amenazas de bomba, los personajes que merodean por allí, los conflictos políticos, los bellos (y bellas) estudiantes extranjeros… De hecho, fui escribiendo la novela a medida que esos sucesos iban ocurriendo (año 2010), por eso es que tiene una estructura similar a la de un diario. En un momento Alexis recuerda una clase de Catequesis, en el secundario, cuando la catequista habla con desprecio acerca de las adopciones homoparentales. Eso me ocurrió a mí y no quise discutirle nada a esa persona porque ya nos teníamos entre ceja y ceja.

Con respecto a las cuestiones íntimas, más del plano espiritual, de Alexis o los demás personajes, Alexis y Daniel tienen muchas cosas en común conmigo; Alexis tiene mis peores defectos: la soberbia y la hipocresía; y Daniel tiene toda mi ternura y mi sensibilidad. Franco es un punto intermedio entre ello dos y su apariencia física está inspirada en alguien que aprecio, pero que es heterosexual y mujeriego, y que si se entera de esto no sé cómo reaccionaría. El otro chico interesante, Tadeo, también está inspirado en alguien real y si se entera de esto sé que se moriría de risa.

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