Agresiones de segunda división

Imagínese usted que tan solo transcurridos cuarenta días de un año se hubieran producido diecisiete agresiones contra personas negras o judías por el simple hecho de serlo. ¿Qué hubiera sucedido?

Mario Erre • 11/02/2016

Homofobia | Foto:iStock/Thinkstock

homofobia lgtbifobia xenofobia racismo nazismo madrid delitos de odio discriminación lgtbi

Imagínese usted que tan solo transcurridos cuarenta días de un año se hubieran producido en Madrid (o cualquier otra ciudad de este nuestro maravilloso y autocomplacido de su libertad Occidente) diecisiete agresiones, el cielo no lo quiera, contra personas negras o judías por el simple hecho de serlo. ¿Qué hubiera sucedido? Yo se lo digo: declaraciones institucionales leídas por circunspectísimos representantes de primerísimo nivel de administraciones e instituciones, campañas publicitarias en todos los medios, “banners” y farolas. Multitudinarias manifestaciones de indignadísimos ciudadanos enlutados presididas por los ya citados circunspectísimos portavoces de las instituciones Y con todo el derecho y toda la razón.

Pues bien, afortunadamente no ha sido así. Aquí lo que ha sucedido es que diecisiete personas LGTBI, es decir, lesbianas, gais, trans, bisexuales y/o intersexuales han sido agredidas precisamente por ello, por tener una orientación sexual o identidad de género no coincidente con la mayoría del de los habitantes de este Madrid cosmopolita y mullicultural que se cree que lo es aún más por haber “echado” a la camarilla, dícese que mafiosa, que lo dícese que gobernó entre 1989 y 2015.

Pero no es así. Madrid, y España en general y gran parte de Europa tiene una asignatura pendiente con el colectivo al que en su día se le colgó un triángulo rosa invertido previamente a su gasificación y se le consideró una panda de vagos y maleantes, aunque muchos de ellos hayan hecho aportaciones a las artes y a las ciencias que hicieron cambiar la Historia ( la ejecución fuera de orden u OoOE ´Out-of-Order Execution´ de los ordenadores modernos, inventada por Lynn Connway es una de ellas), aunque estas cosas siempre figuren en el anecdotario y en las referencias a pie de página.

A ver si se enteran de una buena vez que las personas LGTBI tenemos los mismos derechos que todas las demás, derechos que van más allá del matrimonio civil, y que uno de esos derechos es la protección ante agresiones nazis, y que tenemos derecho a denunciar esas agresiones sin que en las comisarías se rían de nosotras y nosotros y sin que nos atiendan despectivamente mientras en muchos casos a nuestros agresores se les saca poco menos que en volandas por la puerta de atrás.

Tenemos derecho, y exigimos, a una Ley contra los Delitos de Odio y contra la LGTBIfobia que sea eficaz, y tenemos derecho a que en nuestras concentraciones para lamentar las continuas agresiones contra nuestro colectivo estén presentes el concejal del distrito de turno, el alcalde o alcaldesa de turno, el presidente o la presidenta autonómicos de turno y el ministro del ramo, tal y como sucedería y suele suceder en los casos de agresiones contra una mujer, un negro, un árabe, un judío o un niño o niña cis, hertero o cis-hetero que sufre acoso escolar.

Mientras esto no sea así, ya podrán decir misa cantada en latín todas las instituciones y administraciones, que el colectivo LGTBI seguiremos pensando que les importamos, con perdón, una mierda.

Y a modo de post-data un lamento dirigido a quien corresponda: a los LGTBI madrileños y en general nos hubiera gustado que las placas con el nombre de la nueva Plaza de Pedro Zerolo se las hubiera habilitado con la misma celeridad que se hizo en su día con las de Margaret Thatcher o Nelson Mandela, por poner solo dos ejemplos bastante antitéticos además, porque a día de hoy, casi siete meses después, aun figuran las placas de “Plaza de Vázquez de Mella.

Así demuestran sus ilustrísimas su preocupación cuando no hay elecciones cerca.

*Publicado originalmente en la revista "NHU (Nación Humana Universal)"

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

Acerca de Mario Erre

Mario Erre, gallego-argentino-madrileño de 41 años, residente en Chueca desde que Chueca comenzaba a serlo, por lo que ha visto y oído de todo, y que en sus ratos libres trabaja como entrenador personal para sobrevivir en la jungla capitalista y salvaje en la que se ha convertido este nuestro viejo y maltratado planeta.

Comentarios

Relacionado con Madrid

Contactos en Madrid Chat Gay Madrid Chat Lesbianas Madrid Guía LGTBI de Madrid Noticias de España

También te puede interesar...

Más en Errando

© Looping Media, S.L., 2007-2018
Condiciones de uso, privacidad y cookies
Quiénes somos | Publicidad | Ayuda y contacto