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Maricones y sidosos

Hagámosle la ola a la pareja gay que se atrevió a besarse delante de la manifestación nazi el sábado 21 de mayo en Malasaña, en el centro de Madrid y tiremos huevos en forma de votos a ese monstruo contra las libertades que es el Partido Popular (el azul y el naranja) cuya verdadera cara asomó el pasado 21 de mayo con el nombre de Concepción Dancausa, la enemiga de la libertad y la diversidad.

Mario Erre • 11/06/2016

Stop Homofobia | Foto: David Kam/iStock/Thinkstock

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Hagámosle la ola a la pareja gay que se atrevió a besarse delante de la manifestación nazi el sábado 21 de mayo en Malasaña, en el centro de Madrid, porque eso son hechos y no palabrería. Esos dos chicos se jugaron el pellejo para dejar en evidencia a un Gobierno a cuya delegada en Madrid, tétrico personaje conocido por sus desvaríos ultras, no le importa poner en riesgo la seguridad ciudadana ni en evidencia a la policía con tal de defender con lo público sus creencias privadas. Creencias, por cierto, que en cualquier otro país de Europa occidental suponen penas privativas de libertad o fuertes multas en el mejor de los casos.

Una vez más nos encontramos con gente valiente que, llegado el momento, no les importa jugarse el pellejo y decir basta cuando y donde hay que decirlo, como las activistas trans de las revueltas de Stonewall de Nueva York en 1969 que dieron origen al Orgullo Gay.

Maricones y sidosos fueron los mejores calificativos que encontraron las gentes del odio que se manifestaban con la complacencia del Gobierno por las calles del centro de Madrid. Las gentes del odio a todo: a la diversidad afectiva, a la diversidad cultural, a la diversidad de pensamiento…los herederos del “¡muerte a la cultura!” de Millán Astray y los que añoran esa dictadura terrorista franquista que a día de hoy partidos como el PP o Ciudadanos aún se niegan rotundamente a condenar.

Es curioso el trayecto que esas gentes del odio eligieron para su aquelarre. Nada menos que los barrios de Malasaña y la Gran Vía, símbolos precisamente de esa diversidad que odian y es reconfortante ver como las gentes de esos barrios les increpaban y le tiraban huevos desde las ventanas. Yo no estoy a favor de la violencia ni del insulto como ellos pero a veces la impotencia de ver como tu Gobierno que se supone que te debería de proteger protege a quien te odia, agrede e insulta y no hay otra alternativa que tirar de vísceras.

Fue lamentable ver como la policía supuestamente de todos expulsaba de la plaza del Dos de Mayo a la pareja gay que se besaba en lugar de a las decenas de fascistas intolerantes que les insultaban con términos como “maricones” y “sidosos”, algo que sería constitutivo de delito si de una vez por todas se legislara como es debido contra los delitos de odio, que parece que no molestan en absoluto al PP ni al Gobierno ni a su delegada, esa señora que alienta el odio en las calles del centro de Madrid y recomienda a sus vecinos y comerciantes que se encierren en casa y que no abran los comercios, dando así preferencia a una manada de fascistas terroristas que al bienestar de los vecinos y comerciantes. La misma delegada del Gobierno que ha multado a los convocantes del aniversario del 15M.

Por suerte esta señora y todos los de su calaña serán tan sólo un mal recuerdo en nuestras mentes después del 26 de junio. Un recuerdo doloroso pero que hay que recordar para que no se repita.

Lo dicho: hagámosle la ola a la pareja gay que se besó delante del odio y tiremos huevos en forma de votos a ese monstruo contra las libertades que es el Partido Popular (el azul y el naranja) cuya verdadera cara asomó el pasado 21 de mayo con el nombre de Concepción Dancausa, la enemiga de la libertad y la diversidad a quien Rajoy y su ministro Fernández han encargado su vigilancia, mostrando así el poco respeto que éstas les merecen. Tomemos nota, pues.

*Publicado inicialmente en el número de junio de "NHU-El periódico de Lavapiés"

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

Acerca de Mario Erre

Mario Erre, gallego-argentino-madrileño de 41 años, residente en Chueca desde que Chueca comenzaba a serlo, por lo que ha visto y oído de todo, y que en sus ratos libres trabaja como entrenador personal para sobrevivir en la jungla capitalista y salvaje en la que se ha convertido este nuestro viejo y maltratado planeta.

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