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Hasta que nuestras festivas manifestaciones del orgullo “gay” no tengan que competir en número de asistentes con las de La Meca, Teherán, Moscú, Lagos o Kampala no podemos darnos por satisfechas y satisfechos de lo conseguido. Y digo lo conseguido porque todo ello no nos lo ha regalado nadie ni lo tenemos “gracias a Zapatero” si no que es producto de una lucha de gentes que plantaron cara a una sociedad que vive como normal que en su país pueda ser encarcelado alguien por tener sentimientos hacia alguien de su mismo sexo.

Mario Erre • 07/07/2016

Mapa Africa | Foto: bogdanserban/iStock/Thinkstock

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“ Será considerado culpable de cometer sodomía aquel hombre que penetre su glande, o su equivalente, en el ano de otro hombre, o permita que otro hombre penetre su glande, o su equivalente, en su propio ano aquel que cometa el delito de sodomía será castigado con cien azotes y también podrá ser encarcelado por un período que no exceda los cinco años; cuando el infractor sea condenado por segunda vez, será castigado con cien azotes y será encarcelado por un período que no exceda los cinco años; cuando el infractor sea condenado por tercera vez, será castigado con la pena de muerte o con prisión perpetua.”

Esto no es una sentencia de la Inquisición. Es el artículo 148 del Código Penal vigente en la República de Sudán.

Y es que lo que en nuestro autocomplacido occidente es una gran fiesta multicolor y de consumo masivo, especialmente dirigida a hombres homosexuales blancos, guapos, musculosos y es delictivo en la mayoría de países de la ONU.

En lugar de congratularnos entre nosotras y nosotros de lo que sólo disfrutamos nosotras y nosotros, deberíamos de mirar a esos países. Esos países en los que la gente diversa vive en una situación pre-Stonewall sin siquiera saber que existió y es posible Stonewall.

Hasta que nuestras festivas manifestaciones del orgullo “gay” no tengan que competir en número de asistentes con las de La Meca, Teherán, Moscú, Lagos o Kampala no podemos darnos por satisfechas y satisfechos de lo conseguido. Y digo lo conseguido porque todo ello no nos lo ha regalado nadie ni lo tenemos “gracias a Zapatero” si no que es producto de una lucha de gentes que plantaron cara a una sociedad a veces incluso similar a la que vive como normal que en su país pueda ser encarcelado alguien por tener sentimientos hacia alguien de su mismo sexo. Gentes como Harvey Milk, Sylvia Rivera, Pedro Zerolo o Shangay Lily.

Miles de personas como usted y como yo se pudren en cárceles africanas y asiáticas por el simple hecho de que su manera de amar no coincide con la mayoritaria, sólo por eso, y sólo por eso cada vez que alguien denosta la celebración de nuestra dignidad con chascarrillos de más o menos gracia sería conveniente invitarle a ver un vídeo real que recientemente un compañero de una asociación de refugiados LGTBI africanos exhibió en un acto en el que se reivindicaba todo esto de lo que les estoy hablando.

Cuando el heterísimo “cuñao” preguntara que delito había cometido el protagonista del vídeo para ser apedreado desnudo por decenas de ancianos, jóvenes e incluso niños hasta la muerte habría que contestarle que por que es gay y lo ha hecho público, respondiéndole así, de paso a su “cuñadísima” pregunta de ¿por qué no se celebra el orgullo hetero.

Sí, señora y señor que esto lea, hay otros mundos y otras culturas. Mundos sin orgullo porque mientras haya un solo lugar en el que no se entienda que el amor no se decreta si no que se siente y mientras en ese lugar se condenen esos sentimientos si no son como los propios nadie puede estar orgullosos de nada, y mientras sucedan cosas así y permanezcamos de brazos cruzados creyendo que está todo conseguido no habremos conseguido nada.

No quiero finalizar este artículo sin recordar a las cuarenta y nueve víctimas de Orlando que tan rápidamente han sido olvidados por los medios y las fotos de perfil, si es que alguna vez los tuvieron en cuenta, porque ellas y ellos también pertenecen a ese club de olvidados en el que viven las personas LGTBI que códigos penales como el de Sudán condenan a muerte por vivir su amor, su sexualidado su género de otra manera pero con el mismo orgullo, es decir, dignidad, que sus verdugos.

*Públicado en el número de julio de la revista "NHU"

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

Acerca de Mario Erre

Mario Erre, gallego-argentino-madrileño de 41 años, residente en Chueca desde que Chueca comenzaba a serlo, por lo que ha visto y oído de todo, y que en sus ratos libres trabaja como entrenador personal para sobrevivir en la jungla capitalista y salvaje en la que se ha convertido este nuestro viejo y maltratado planeta.

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