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Usted también es Alan

Porque la transfobia es una enfermedad de complicada cura que está mucho más extendida en la sociedad de lo que a primera vista podemos percibir principalmente en sociedades tan autocomplacidas como la europea y la española.

Mario Erre • 29/12/2015

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Porque la transfobia, y la lgtbifobia en general, es una enfermedad de complicada cura que al igual que otras muchas como el machismo, el racismo o la xenofobia está mucho más extendida en la sociedad de lo que a primera vista podemos percibir, principalmente en sociedades tan autocomplacidas de su “openmindismo” (perdón por el “palabro”) como la europea y dentro de ella la española, que se cree que por permitir a pesar de la férrea oposición de los capitostes de la mayoritaria Iglesia católica que dos personas del mismo sexo puedan casarse legalmente ya está vacunada contra ella. Y no es así.

No es así, porque si fuera así no estaríamos lamentando el asesinato social de Alan, un chico condenado a muerte por su entorno extrafamiliar por la razón de haber intentado (y conseguido oficialmente) conciliar su personalidad con su identidad civil, ahora que tan de moda está hablar de “conciliación”

No es así, porque la condena y la sentencia social incluyó a su familia por apoyarle en lugar de sumarse a la horrorizada gente de bien que veía un peligro en la felicidad de un joven y se mostró displicente con ellos.

No es así, porque la comunidad educativa, en este caso y en la mayoría de casos similares tira de argumentario demagógico para justificar su miedo a no se sabe que, quizás al abandono de la ignorancia, para marginar a jóvenes como Alan y condenarles a la exclusión social y laboral.

No es así, porque los legisladores dan largas y más largas a la solución definitiva de la marginación a las personas trans dejando las legislaciones en este tema para la última hora de las legislaturas y la última página de sus programas.

No es así, porque las administraciones y sus autoridades demuestran continuamente que les importa un bledo la transfobia y lo demostraron una vez más no acudiendo a las concentraciones silenciosas que en memoria de Alan se celebraron el pasado día 27 en las principales ciudades españolas. No acudiendo pero sí enviando a la fuerza pública ¿para qué? ¿para vigilar que no “la líen” los peligrosos maricones y las terroristas travestis? Ni una sola autoridad de ninguno de los tres niveles de la Administración en la concentración de Madrid salvo tres diputadas autonómicas a título personal. Ninguna representación de las administraciones pero todas las policías presentes, no vaya a ser.

No es así, porque la prensa oculta o baja el tono de casos como el de Alan relegándolos a pequeñas columnas en las que los errores de género hacen daño a los ojos de la lectora, el lector y le lector informades.

No es así porque la relativamente considerable afluencia a estas concentraciones del pasado domingo no se corresponde ni de lejos con la multitud de ciudadanos que se supone que debería de estar en contra del asesinato social de un conciudadano.

Y, finalmente, no es así porque usted y yo sabemos que no es así, tanto si está de acuerdo conmigo, precisamente por estarlo, como si está en desacuerdo con este artículo de “mariconadas que sólo interesan a maricones”, expresión común a derecha, centro e izquierda por más que unos lo disimulen mejor que otros. Si es de los de esta última opción (en desacuerdo por esa razón) dese cuenta que yerra hasta en el insulto.

Yo también soy Alan.

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

Acerca de Mario Erre

Mario Erre, gallego-argentino-madrileño de 41 años, residente en Chueca desde que Chueca comenzaba a serlo, por lo que ha visto y oído de todo, y que en sus ratos libres trabaja como entrenador personal para sobrevivir en la jungla capitalista y salvaje en la que se ha convertido este nuestro viejo y maltratado planeta.

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