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Acerca de... (Primera parte)

Aquí les traigo la primera parte de algunas situaciones que se dan en ciertos casos, y casi todas basadas en casos reales (no míos, por supuesto).

Eduardo García • 27/12/2012

Acerca de... (Primera parte)

acerca de emigrarción fidelidad infidelidad gay vejez reencuentro

…la emigración

A pesar de su fama de país hospitalario, que una vez lo fue y en gran medida, la República Dominicana se ha vuelto un país un poco hostil, sobre todo la capital, Santo Domingo. Es una pena que haya cambiado tanto en tantos aspectos. Pero una de las cosas que nunca ha cambiado y que hace que el gay se marche del país buscando libertad, es lo poco tolerantes que son con la homosexualidad. Lo conservadores que son en grado superlativo frente a este tema que continúa siendo tabú. El machismo, el que se te cierren las puertas y te señalen con el dedo, el que, todavía en pleno siglo XXI la iglesia tenga la última palabra frente al tema y nos condene sin miramientos.

…los recuerdos y las ilusiones

Si estás enamorado de un recuerdo, que por lo tanto es una ilusión, ¿cómo lo sacas de tu corazón para que no te haga daño?

…la vejez del hijo gay

La preocupación de muchos padres cuando saben que su hijo es gay, es el que éstos lleguen solos a la vejez. Les preocupa que sus hijos no tengan descendientes que los acompañen cuando les llegue la ancianidad.

…la infidelidad

-Siempre supe, desde el primer mes de relación, que mi novio me era infiel.-Me contó Alejandro.

-¿Entonces para qué continuaste la relación?-Le pregunté.

-Porque pensaba que iba a cambiar, me lo prometió.

-La gente no cambia. La aceptas como es y aprendes a vivir con sus cosas, o te alejas de ellos. No puedes entrar en una relación pensando y creyendo que van a cambiar.

-Así estuvimos cuatro años de relación, hasta que ya no aguanté más. Su infidelidad era más fuerte que él mismo, creo que no podía evitarlo.

-Pero si lo sabías desde el primer mes, todavía estabas a tiempo de alejarte.-Le dije.

-No quise alejarme en ese momento, pero ahora ya no lo aguanto más. Por eso hemos terminado. Lo peor es que me sigue buscando y tiene una dependencia emocional conmigo.

-¿Y tú qué haces?

-Quiero no tener que hablar más con él, pero cuando me busca, aunque siento que me da rabia, no puedo dejar de contestarle.

…las maneras de ver la fidelidad

Amigo 1: yo soy cien por ciento fiel a mi pareja, en cuerpo y alma, no lo engaño ni siquiera con el pensamiento.

Amigo 2: yo soy fiel de cuerpo, pero no de mente. No he estado físicamente con otro, pero en mis pensamientos he sido el ser más promiscuo del mundo.

Amigo 3: yo opino que si eres infiel de cuerpo, no importa, mientras no entregues tu corazón. Mi cuerpo puede usarlo el que quiera, pero mi corazón es solamente de mi pareja. Soy fiel del corazón.

Amigo 4: yo soy infiel en todos los sentidos. Tengo mi pareja, pero me enamoro todos los días de alguien diferente. Da igual, porque siempre regreso con mi pareja, es el único con el que formaría un hogar.

…los reencuentros

A Osvaldo lo conocí en el año 1996, en un viaje de una semana a Santiago de Chile. Como suele suceder, lo conocí justamente la noche antes de irme del país. En esa noche de primavera, en la discoteca “Fausto” se me acercó aquel chico hermoso, con mirada dulce y tierna sonrisa. De inmediato me perdí. No tuve las fuerzas para nada más, ni siquiera para continuar bailando mientras él lo hacía delante de mí. Mis amigos se reían porque decían que se me caía la baba mientras tenía a ese chico frente a mí.

Como era de esperar, se fue a dormir conmigo esa noche. Hicimos el amor, tuvimos sexo, nos hablamos, dormimos abrazados. Se dice que cuando es poco el tiempo, todo es más intenso. No sé si era por la falta de tiempo que teníamos, o por lo que ese chico produjo en mí desde el primer momento, pero hubiese querido quedarme en sus brazos para siempre.

Al día siguiente, él se marchó a trabajar y me aseguró que regresaría más tarde para despedirse, ya que mi vuelo salía en la noche. Como es natural, no dejé de pensar en él en todo el día, esperando su regreso para la despedida. Pero Osvaldo no llegó. Cuando pude comunicarme con él, me dijo que iba en camino a verme, pero no lo hizo, no llegó. Todos mis intentos por contactarlo fueron en vano. No quiso ir, no quiso verme de nuevo. Él tenía veinticuatro años y yo dos más que él.

Esa noche me marché con el corazón dividido en dos y sin poder entender el por qué no quiso verme una vez más. Unas semanas más tarde, me llamó a mi casa en Madrid y me pidió excusas por no acudir a despedirse. Me dijo que quería verme de nuevo cuando regresara a Chile. Pero cuando así lo hice, dos meses después, no contestó a mis llamadas, mis mensajes y no lo vi por ningún lado. Le preguntaba a sus amigos por él y no tenían nada que decirme. Osvaldo no se dejaba ver de mí. Dejé de buscarlo, pero nunca lo olvidé.

Finalmente, a mediados del año 2012, dieciséis años después, pude contactarlo de nuevo por Facebook. Me contestó y me dijo que quería verme. No me hice muchas ilusiones porque sabía que era muy posible que a pesar del tiempo transcurrido y de sus mensajes, reaccionase de la misma manera y que terminara sin poder verlo una vez más.

Pero sí que lo vi. Desde el mismo día en que pisé tierras chilenas, lo contacté y nos reunimos. El tiempo había pasado, pero volví a sentir lo mismo que dieciséis años atrás, y posiblemente con más intensidad. Ya no era el chico hermoso de antaño. Se notaba que el tiempo había pasado, que había dejado secuelas, que la vida lo había maltratado, pero yo continuaba viendo a aquel Osvaldo hermoso de antes. Volví a perderme en su mirada dulce y en su tierna sonrisa. Nos dimos un fuerte abrazo con el que me di cuenta de que no podría controlar la situación. Desde hacía años, yo ya no me enamoraba de nadie, podía controlar mis sentimientos y todo lo relacionado a conocer chicos nuevos. Pero al parecer, junto a Osvaldo volvía a ser el mismo chico iluso de antes. Así me sentí y así viví esos días con él. Días en los que no nos separamos, en los que volvimos a hacer el amor, a tener buen sexo, a darnos besos y caricias, a sentir que teníamos complicidad. No importaba todo lo vivido en esos años en que no nos vimos, todos los golpes y desilusiones. Osvaldo me devolvía la alegría de la juventud, de un romance fresco y colorido.

Lamentablemente, aunque yo había continuado evolucionando, madurando, creciendo, Osvaldo continuaba con la misma mentalidad de joven alocado y rebelde al que nada le importa ni le molesta. Era eso, un chorro de frescura, pero no podía ser más que eso. No tenía proyectos, ni ganas de luchar. Vivía en la comodidad de su hogar donde todo se lo resolvían, a pesar de haber cumplido ya los cuarenta años. Yo sabía que lo nuestro era un romance pasajero, porque yo, una vez más, me marcharía. Por la misma razón lo disfruté hasta el día en el que me marché. Hasta el momento en el que Osvaldo repitió lo mismo de dieciséis años atrás. Quedó en pasarme a recoger para llevarme al aeropuerto, y nunca apareció. Una vez más desaparecía, me dejaba sin entender lo que sucedía. Nunca más me habló ni me contestó los mensajes. Tomé el vuelo con un millón de preguntas. No me habló en el Facebook, no dio la cara, simplemente desapareció. Tal vez no lleva bien las despedidas, posiblemente es algo que lo supera. Pero una de mis preguntas era: “¿de qué valen las buenas intenciones si de todos modos van a repetir las mismas cosas por las que te pidieron excusas mil y una vez?” ¿A qué se debía que volviera a tropezar de nuevo con la misma piedra y que el golpe se sintiera en el mismo lugar?

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

Acerca de Eduardo García

Eduardo García nació en Santo Domingo y, tras residir unos años en Chile, donde publicó sus tres primeras novelas, se afincó en Madrid. En España ha continuado con su labor de escritor, además de dedicarse a dar clases de yoga y a las terapias alternativas. Sus últimas novelas están disponibles en Gaymazon. Su columna La cuenta, por favor ha sido nominada a los premios Bésametonto 2013.

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