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Con el vestido de novia en la cartera

Una de las cosas que más disfruto es reunirme con mis amigos y que me cuenten sus últimas novedades. Después no las cuento a nadie más, simplemente las escribo ya sea en alguna novela o en este espacio. En el diálogo que tuve con mi amigo Alonso, quien está siempre dispuesto a casarse con un buen polvo, me di cuenta de que detrás de ese cuerpo caliente hay un gran corazón.

Eduardo García • 22/03/2012

CON EL VESTIDO DE NOVIA EN LA CARTERA

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A Alonso lo conocí en un chat, y en lugar de tener sexo, nos hicimos amigos de inmediato. Es un chico de sonrisa fácil, espontáneo, encantador, hablador, y más caliente que el sol. Vino a vivir a Madrid hace casi doce años por motivos de trabajo y desde que llegó, fue sentirse como si hubiese nacido español. Nació y se crió en el Perú, en Lima, y poco después de llegar a Madrid, su madre y su hermana vinieron detrás de él. Obviamente, no estuvieron mucho tiempo viviendo los tres juntos porque Alonso necesitaba su independencia para darle placer al cuerpo en su recién descubierto paraíso. Se hizo adicto a Chueca, a los bares, a las discos, a las páginas de contactos de internet. Su vida transcurría entre copas, sexo, vida social, y trabajo. Buscaba su alma gemela, pero mientras la encontraba, se distraía con los cuerpos que estaban dispuestos a entretenerlo.

Esa tarde habíamos quedado en tomar un café, y como siempre me pareció una persona muy interesante para descubrir, no dudé en preguntarle todo lo que se me antojó.

-¿Por qué, si eres peruano, hablas como el más castizo de los españoles?-No pude evitar el preguntarle.

-Porque trabajo en telecomunicaciones y con público, me entienden mejor si les hablo así.

-¿No crees que pierdes un poco tus orígenes?

-Hoy en día soy un personaje del mundo, les pertenezco a todos, absolutamente a todo el que me quiera tener.

-¿Ya no quieres ser de un solo hombre, a eso te refieres cuando lo dices con esa sonrisa?

-Toda la vida he sido muy caliente, demasiado, y desde que tuve mi primera experiencia sexual a los trece años…

-Espera,-lo interrumpí.-¿Desde los trece años ya tienes sexo?

-Así es, y lo veo de lo más natural, que ya se me quemaba el cuerpo de las ganas. Desde entonces, nunca he parado de tener sexo, mi rey. Para mí es como alimentarme, necesito sexo a diario.

-Entonces eres pura llamarada.

-Toda la vida he tenido varios novios a la vez, así cuando uno no puede atenderme, busco al otro. El primero en Madrid fue un moro impresionante que era casi tan caliente como yo. Después, en el metro, conocí a Mike, un norteamericano que me invitó a su casa a ver películas y a tomar vino. Yo sabía muy bien a lo que iba, y me quedé a dormir en su casa desde la primera noche. Al día siguiente busqué mis cosas y me quedé a vivir con él.

-¡Pero qué decidido!

-Fueron tres años muy felices, y yo le fui fiel, mira si me gustaba, hasta que lo encontré en plena Plaza de Chueca besándose descaradamente con otro. Ahí terminó todo, no se lo pude perdonar. Recogí mis tres trapos y me marché a casa de mi madre y de mi hermana hasta que volví a vivir solo. Pero la soltería no me duró mucho, pues una semana después conocí a un catalán que, mientras repartía publicidad gay, me obsequió un preservativo. Yo se lo acepté, claro, pero con la condición de que lo use conmigo. Sabes que soy más pasivo que la luna, y se lo hice saber a ese chico mientras le apuntaba mi número de móvil.

-¡Pasivo no, eres más rápido que la mierda!

-Dos horas más tarde, cuando salió de currar, me fui con él y usamos aproximadamente cinco o seis de los preservativos de colores que tenía.

-Casi todo el arcoíris.-Sonreí, entretenido con la conversación.

-Fue un no parar. Y así estuvo mi vida entre un polvo y otro, entre romances ligeros, entre sexo rápido, esporádico, entregándome siempre, porque es mi personalidad, dando lo mejor de mí.

-¿Qué será lo mejor de ti?-Le pregunté.

-Pues este cuerpo pequeño pero con buenas curvas y con mucho que ofrecer, mira que este culete no lo tiene mucha gente, es genética y años de cuidarlo. Que además la experiencia y las ganas las tengo, eso nunca me falta.

-Me he dado cuenta de que andas siempre con el vestido de novia en la cartera, dispuesto a casarte con el primero que se te cruza en tu camino.

Alonso era la persona más enamoradiza que conocía. Desde que un chico le sonreía, ya visualizaba una posible relación con él. Cuando se daba cuenta de que la cosa no pasaría de uno o dos polvos, se refugiaba en las compras compulsivas. No esperaba a las rebajas, se gastaba todo su sueldo en sus marcas favoritas, Custo Barcelona y Desigual. Cuando llegaba la época de rebajas, incluso dejaba de ir a trabajar algunas mañanas para aprovecharlas y regresar a su casa lleno de bolsas de sus tiendas favoritas. Era uno de sus mayores momentos de felicidad. A veces me daba la impresión de que quería vestir su falta de un amor verdadero con ropa nueva y bonita.

-No te van a dar los días para usar tanta ropa, tantos zapatos, tantas zapatillas. Por Dios, ¿hay hambre en África?

-No seas exagerado, que tampoco es tanto. Además, de alguna manera tengo que canalizar tanto desamor, tantas rupturas, tanto abandono, que yo tengo mi corazoncito y no encuentro otra manera de ayudarlo. Bueno, a veces me ayuda los “Cosmopolitan” tan sabrosos que preparo al llegar a mi casa, que nadie los prepara como yo. Puedo tomarme hasta tres antes de irme a dormir, y si estoy acompañado pues el doble.

-Me gustaría escuchar algo de tu última relación, que creo que fue la que más te marcó.-Le dije.

-A Pierre lo conocí en la calle, muy cerca de mi casa. Sin pensarlo, casi lo arrastré hasta mi cama y como soy tan intenso, y él, típico francés frío y apático, alucinó con mis técnicas amatorias. Una semana más tarde estábamos viviendo juntos. Ha sido el hombre al que más he amado. Rechacé invitaciones sexuales, incluso las evité para ni siquiera tener tentaciones. Le di los mejores tres años de mi vida.

-¡¿Tres años más?!

-Así es.

-Vas de tres años en tres años. Tienes lo que se llama “la maldición de los tres años”.

-Pues eso parece, mi rey. Porque después de yo dedicarme a él en cuerpo y alma, de cocinarle, de ofrecerle mi juventud, todo mi amor, él decidió irse un tiempo a Francia supuestamente por trabajo. Una vez allí, me envió un email diciendo que ya no quería seguir conmigo.

-¡Por email!

-Así es. ¿Crees que es lo que me merezco? ¡Eso no se le hace a nadie! Yo que lo quise tanto que me tatué su nombre por todo el cuerpo. ¿Puedes decirme qué puedo hacer con los tatuajes que dicen Pierre? ¿Qué hago ahora con esos tatuajes? Dime a dónde se fue su amor, sus promesas de pasar toda la vida conmigo, su pasión por mí. Mis sentimientos hacia él continuaban intactos, mi vida giraba en torno a él. ¿Por qué me hizo eso? ¿Podrías explicármelo tú?

-Lo siento mucho amigo.-Me angustió ver el dolor reflejado en su rostro y le puse las manos sobre los hombros para estar más cercano a él.

-Su último email me decía que no tenía la valentía de hablarme a la cara, que sabía que me dolería la ruptura, toda esa mierda que habla la gente cuando va a terminar una relación y no sabe qué decir o no quiere quedar mal, que ni siquiera te lo puede decir frente a frente. ¡Incluso me hablaba del camino de felicidad recorrido juntos!

-¡Qué descarado! ¡Qué imbécil de mierda!

-Me escribió que sus sentimientos hacia mí habían cambiado, que sentía afecto por mí pero no amor. ¡Después de tres años! Comparó a su amor con un caballo salvaje que buscaba otros rumbos. Que su nuevo camino no lo podía compartir conmigo. Y con toda esa mierda que me dice, todavía es capaz de decirme que sigamos en contacto, pero que no lo detenga, que lo deje marchar tranquilo, que él también merece ser feliz. Que no lo llame ni lo busque, que ya él lo hará más adelante.

-¡Es un egoísta de mierda y un cobarde!-No pude evitar exclamar.

-Y terminar el email diciendo que debo de pasar la cuenta del teléfono a mi nombre porque su cuenta de banco española él la cerró.

-Me dejas sin palabras y sin aliento.

-¿Y sabes lo mejor y lo más extraño de todo? Es que a pesar de todo esto que te cuento y que me ha sucedido, puede que yo sea un tonto enamorado de la vida y del amor, porque aún creo y siento que puedo encontrar al hombre de mi vida.

-Pensando así, estoy seguro que lo encontrarás, querido amigo. Guarda bien ese vestido de novia que llevas en la cartera, estoy seguro que algún día lo vas a poder usar.

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

Acerca de Eduardo García

Eduardo García nació en Santo Domingo y, tras residir unos años en Chile, donde publicó sus tres primeras novelas, se afincó en Madrid. En España ha continuado con su labor de escritor, además de dedicarse a dar clases de yoga y a las terapias alternativas. Sus últimas novelas están disponibles en Gaymazon. Su columna La cuenta, por favor ha sido nominada a los premios Bésametonto 2013.

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