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Cuando termina un amor

Como si fuera una epidemia, en los últimos meses, algunos de mis amigos han terminado relaciones amorosas estables, que parecerían que iban a ser para siempre, o al menos eso deseaban y pensaban ellos. Todos hemos pasado alguna vez por la experiencia de un corazón roto, y si alguien se ha perdido de esa vivencia, entonces le falta la mitad de su vida por vivir. Esta entrega de hoy es un homenaje a todas las personas que han vivido un amor, un desamor, y que han terminado con el corazón hecho pedazos. Porque en el fondo, lo queramos o no, todos tenemos nuestro corazoncito.

Eduardo García • 19/04/2012

Cuando termina un amor

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Tú, que alguna vez has estado realmente enamorado y has terminado con el corazón roto, qué difícil es volver a reunir los pedazos y armarte de nuevo. Es un dolor agudo, que oprime el corazón, todo el pecho, que no te permite casi respirar, que te ahoga. Entonces sientes rabia, tristeza, soledad. Pasas revista al tiempo que pasaron juntos, ¿en qué fallaste? ¿Fuiste tú quien realmente falló? ¿Qué fue lo que llevó la relación a que terminara? Al menos eso, aprender la lección para no volver a cometer los mismos errores. Pero qué errores, en realidad, si todas las relaciones son distintas, en todas hacemos cosas buenas y también nos equivocamos. Piensas que eres humano y que es válido equivocarse. Y te vuelves a preguntar si realmente te equivocaste y en qué.

Ves que él quiere formar parte de tu pasado, de un pasado que amenaza con irse, y te da miedo saber que lo único que encuentras en tu vida es soledad, que te da miedo dejar la ventana abierta para que no se vayan los recuerdos que aún te quedan de él, y a ellos te aferras con fuerza.

Te preguntas si tal vez entregaste muy poco o si diste demasiado. Una relación de pareja se construye de a poco, son dos caminando juntos, aprendiendo el uno del otro. Cuando se ha tenido una relación en la que de verdad se amó, al terminar ésta, se destroza la imagen que tenemos de nosotros mismos, es como si una parte de nosotros hubiera muerto, posiblemente la mejor parte de nosotros, o al menos eso piensas. Sientes que todos tus sueños se han ido con él. Volver entonces a ser el mismo de antes. Al menos intentarlo. ¿Pero cómo, para qué, por qué? No quieres eso, con la relación cambiaste, no te interesa volver a hacerte el lindo, a conocer chicos, uno tras otro hasta dar con el correcto, o el que más se acerque a tus expectativas, y peor aún, el que más se acerque a lo que era él para ti. A empezar con las inevitables comparaciones, con los abrumadores recuerdos de tiempos felices, cuando él te quería, te acariciaba, te hacía compañía y te pedía amor, todo tu amor y toda tu atención. Cuando te decía que era sólo y totalmente tuyo y que nunca se alejaría de tu lado, que estarían juntos para siempre. Cuando te decía que lo mires, que lo acaricies, que lo deje dormir sobre tu pecho, y respiraba junto a ti. Te das cuenta de que donde antes eran dos, te has quedado solo, y te sientes como una isla solitaria en medio un inmenso océano, ni una nube para acompañarte.

No sabes cuándo fue que las cosas cambiaron ni por qué. Simplemente la relación se enfrió, él te dejó de querer. O más bien, usando sus palabras, su amor se transformó en algo más fraternal. Los abrazos sensuales pasaron a ser saludos amigables, los besos apasionados en un ligero toque de labios. Se empezaron a notar las diferencias, su falta de paciencia hacia ti, el que él necesite su espacio, su necesidad de emprender un nuevo camino sin ti, en el que no existes y no cuentas para nada. Que tuviera menos tiempo para ti, proyectos en los que no estabas incluído. Sobre todo cuando antes su vida había girado en torno a la tuya. Pero ya no, ya no es así. Todo había cambiado, él había cambiado. Su amor por ti estaba muerto. Y quieres saber si ese amor alguna vez realmente existió.

Dejar de ver a sus amigos que ya eran casi los tuyos. Te alejas de todo lo que te recuerde a él, de su familia que te había tomado cariño, de las cosas que le gustaban, de las que les gustaban a ambos. Él te devuelve las llaves del piso y las camisetas que le habías prestado junto a una nota que te dice que los cambios son buenos y que siempre podrás contar con él, que nunca olvidará las cosas lindas que vivieron juntos, que guardará muy buenos recuerdos de ti. Te sientes utilizado, no es justo. Te aburres, no sabes qué hacer, no te interesa ver a nadie más, no tienes ganas de trabajar, ni de reir, ni siquiera de llorar o de patalear. Piensas que el amor es realmente una mierda que te deja destrozado, que nunca más te vas a enamorar, que no vale la pena, para qué.

Lo llamas por teléfono y no te contesta. Si llega a hacerlo siempre tiene una excusa para cortar. Ya no tiene tiempo para ti, su vida es otra totalmente ajena a la tuya. Ya no formas parte de su vida, ya no te quiere en la suya.

Lo insultas, lo extrañas, miras sus fotos, las tiras al suelo, las pisoteas, pero no las rompes ni las echas a la basura. Las miras de nuevo, entonces las escupes, le orinas encima, pero después las limpias y las guardas de nuevo. Sientes tu vida vacía, nada te llena y nada lo hará. Te desesperas, pero no tienes para dónde ir porque todo te recuerda a él, todo te habla de él, toda tu vida se ha convertido en él. Te miras al espejo y lo miras a él. Para colmo, lo tienes impregnado en tus pensamientos, en tu cuerpo, incluso su olor es ahora tu olor. Su piel es ahora tu piel.

¿Cómo volver a ser el mismo de antes? No hay razonamiento que valga, no sabes de dónde sacar fuerzas para continuar. Ya no sabes si quieres realmente continuar. Entonces escuchas una y otra vez la canción de Yolandita Monge que, estremeciéndose, llorando y gritando, exclama junto a tí:

Y no te bastan los amigos

Y no te bastan ya los juegos

No te basta una sonrisa

No te conforma nada

Piensas en el fondo cuál será el motivo,

buscando una razón entre la gente

Pero nunca hay una razón por qué

un amor debe terminar así

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

Acerca de Eduardo García

Eduardo García nació en Santo Domingo y, tras residir unos años en Chile, donde publicó sus tres primeras novelas, se afincó en Madrid. En España ha continuado con su labor de escritor, además de dedicarse a dar clases de yoga y a las terapias alternativas. Sus últimas novelas están disponibles en Gaymazon. Su columna La cuenta, por favor ha sido nominada a los premios Bésametonto 2013.

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