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De cómo conocí a mi amigo Daniel

Un pequeño relato acerca de cómo un chico conoció a su nuevo mejor amigo, Daniel. Que lo disfruten...

Eduardo García • 06/06/2013

De cómo conocí a mi amigo Daniel

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Daniel fue una de las primeras personas que conocí cuando llegué a Madrid. Yo estaba sentado solo en una cafetería tomándome un café con leche y leyendo una novela de temática gay que me había comprado un rato antes en una de las librerías de Chueca. Era una historia de amor, pero a mí me estaba causando gracia la manera en la que se iba desarrollando. Así que de vez en cuando echaba una carcajada, disfrutando de la lectura y de mi delicioso café con leche caliente y espumoso.

De un momento a otro, se me acercó un “osito” sonriente, peludito, gordito, con cara de simpático. Pidiendo permiso, pero sin esperar respuesta, se sentó en mi mesa. Yo lo miré con cara de que no entiendo lo que está sucediendo y, por si acaso, me llevé la mano al bolsillo del pantalón, no vaya a ser cosa de que el chico ese fuese un ladrón.

-No te asustes,-me dijo, poniendo cara de serio.-No quiero molestarte, ni robarte y mucho menos ligar contigo, que no eres mi tipo.

-Entonces no entiendo qué deseas.-Le dije sonriendo, porque de inmediato me agradó ese chico por su sinceridad.

-Me llamo Daniel, y quiero pedirte un favor.

-No tengo mucho dinero.-Le dije, aún desconfiando un poco.

-Hombre, no se trata de eso, ¿me dejas hablar? Y disculpa que te interrumpa la lectura, pero no te pienso quitar mucho tiempo.

-Te escucho.

-El favor que te quiero pedir es que te hagas pasar por unos minutos por mi novio.-Me dijo y se quedó tan ancho.

-¿Es un método nuevo de ligar? Mira que no estoy para estas cosas.

-Créeme que no te quiero ligar, no quiero ni siquiera darte un beso, te lo juro. ¿Puedes escucharme? ¿Es tan difícil prestarle atención a un extraño por un momento? ¿En qué mundo vivimos?

-Dale, que te escucho, disculpa la interrupción.-Le dije, un poco divertido por la situación. Coloqué el libro sobre la mesa, al lado del café, sabiendo ya que mi lectura se vería interrumpida por unos minutos.

-Hace poco tiempo, mi novio de varios años me dejó por otro, por un niñato de mierda al que conoció en la calle, según me cuentan. He quedado aquí con él para que me devuelva algunas cosas mías que tenía en su casa.

-¿Tu ex novio viene en camino y quieres que me haga pasar por tu novio actual?

-Así es, veo que nos vamos entendiendo.-Me dijo, aliviado, sonriendo por primera vez.

-¿Qué pretendes con eso?-Lo miré con atención.

-Que vea que no me duele estar sin él, aunque me esté muriendo por dentro. Quiero demostrarle que yo también puedo continuar con mi vida. Te presento como mi novio actual, le cago la autoestima un poco, y listo, yo quedo como un rey.

-¿Y yo cómo quedo?-Quise saber.

-Como alguien que le hizo el favor a alguien que está desesperado y dolido. Tranquilo, que ni siquiera te voy a besar ni nada, ya te dije, es sólo a presentarte como mi novio, nada más que eso. Por favor, ¿harías eso por mí? ¿Porfaplis?

-De acuerdo, hagámoslo. Pero no quiero problemas ni escenitas de celos o de dramas ridículos. Que a esta altura de mi vida le salgo corriendo a ese tipo de situaciones.

-No te preocupes, que mi ex no es un chico dramático, es lo más seco que hay. Se las da de tipo duro, de que nada le importa, pero en el fondo yo sé que le molestará y dolerá, sobre todo porque su ego se verá afectado, y es de estos idiotas que tienen un ego del tamaño del sol.

-Pues con gusto lo hago, no me gustan esos egos inflados.

-Mucho ego inflado pero lo que tiene es una polla del tamaño de un maní, así que creo que a fin de cuentas lo que está es acomplejado.

-¡Ah! Es uno de esos que anda de Diva por ahí. Pues que se joda, le lastimamos el ego.

-¡Gracias, gracias! Desde que te vi leyendo esa novelita, sabía que podía contar contigo.-Daniel estaba que saltaba en la silla.

Miré de reojo el libro que estaba leyendo y preferí no indagar a qué se refería al decir "esa novelita".

-Además, que vea que yo puedo ligar con chicos guapos como tú, que él no lo es todo en la vida, aunque para mí sí que lo era, el muy cabrón.

Unos momentos después, un oso gigante, inmenso, grande, altísimo, entró en la cafetería y buscó a Daniel con la mirada. Daniel levantó la mano y le hizo señas de que se encontraba en aquella mesa. El gigante se acercó a nosotros con cara de pocos amigos, con el ceño fruncido, y se quedó de pie frente a nosotros, inmóvil, en silencio. Tenía una bolsa en la mano. Daniel, muy orgulloso, se puso de pie y lo saludó con dos besos en la mejilla. El gigante le entregó aquella bolsa llena de cachivaches.

-Aquí está todo lo que tenías en mi casa, no creo que te falte nada.-Le dijo el gigante y me impactó su seriedad.

-Gracias,-le dijo Daniel, agarrando la bolsa. Entonces me miró como recordando por primera vez que yo estaba a su lado.-Miguel, te presento a mi chico, con el que soy muy feliz.

Miguel, el gigante, me miró con cara de enojado y, no sé cómo, me puse de pie, lo saludé sin darle beso ni la mano y abracé a Daniel, dejando mi brazo izquierdo sobre sus hombros. Inspirado, le di además un beso en los labios a mi supuesto novio.

-Un gusto, Miguel.-Le dije, y él me contestó con un gruñido. Se hizo un silencio incómodo que ninguno de los tres se atrevió a romper. Creo que incluso mis piernas temblaban un poquito ante aquel ser tan grande que con un dedo podría tumbarme al suelo. Sin nada más que decir ni hacer, Miguel se despidió con otro gruñido, dio media vuelta y se alejó. Yo volví a ser capaz de tomar aire y a respirar con normalidad. Me senté de nuevo, aliviado.

-Gracias, guapo, eres increíble,-me dijo Daniel después de que nos sentamos de nuevo.-Te invito a cenar como agradecimiento.

-No tienes que hacerlo, pero te lo acepto sólo porque me caes bien y creo que podemos llegar a ser buenos amigos.

Y así fue. Desde entonces, Daniel y yo nos convertimos en grandes amigos. Tal vez la falta de química sexual entre nosotros hizo que la amistad surgiera más fácil sin esa insoportable “tensión sexual no resuelta” que existe a veces entre muchos chicos que recién se conocen. Siempre le he dado mucha importancia a la amistad, y por esa razón, Daniel pasó a ser una parte muy importante de mi vida. Sabía que podía contar con él, reír y llorar frente a él, y que siempre iría de frente, me diría las cosas tal como eran, sin adornarlas ni disfrazarlas. Eso, y su gran sentido del humor, eran algunas de las cosas que más admiraba en él.

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

Acerca de Eduardo García

Eduardo García nació en Santo Domingo y, tras residir unos años en Chile, donde publicó sus tres primeras novelas, se afincó en Madrid. En España ha continuado con su labor de escritor, además de dedicarse a dar clases de yoga y a las terapias alternativas. Sus últimas novelas están disponibles en Gaymazon. Su columna La cuenta, por favor ha sido nominada a los premios Bésametonto 2013.

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