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Desayuno con amigos

En la entrega de hoy, uno de esos diálogos de desayuno, en el que unos amigos se ponen al día con lo que hicieron en el fin de semana.

Eduardo García • 08/11/2012

Desayuno con amigos

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Esa mañana, desde que me desperté, me tomé una buena cucharada de miel, una cápsula de ginseng con jalea real y me coloqué frente al espejo para practicar una vez más mi coreografía del “Gangnam Style”. El invierno había llegado y yo había tomado la decisión de aprender bien los pasos y hacerlo a la perfección antes de que éste terminase. Quién sabe si hasta me ganaba una nominación como mejor bailarín del año en los Besametonto Awards del 2013. Pero no iba ni por la mitad de mi práctica cuando sonó el móvil.

-¡Aló!-Contesté.

-Amigo, estoy aquí debajo de tu casa, vamos a tomar un café con leche, que no he desayunado.-Me dijo Steve, que a pesar de su nombre en inglés, era colombiano de pura cepa.

-Dame cinco minutos que me ponga algo de ropa y bajo.-Le dije, sabiendo que la coreografía del coreano tendría que esperar, y las nominaciones también, que a los amigos hay que darles atención.

-¿Por qué estás con la respiración agitada? ¿Estás follando y te he interrumpido?

-No, no, fue que corrí a contestar el móvil.

-Apúrate, amigo, que te espero.

Cuando bajé, unos cuatro minutos más tarde, me encontré a Steve acompañado de un niñato de unos dieciocho años y hermoso rostro.

-Te presento a Richi.-Me dijo Steve y nos dimos un beso en cada mejilla. Percibí un agradable olor a suavizante que desprendía su ropa.

Miré a Richi de reojo, y durante todo el camino a la cafetería me preguntaba si era mudo, porque no emitía sonido alguno, ni siquiera tosía. Miré entonces a Steve para que se percatara de mi curiosidad, pero se limitó a hablar de su vida en el “paro”.

Cuando llegamos a la cafetería, nos sentamos y ordenamos tres cafés con leche y seis porras.

-¿Cómo estuvo tu fin de semana?-Me preguntó Steve.

-El mío tranquilo, pero quiero que me cuentes del tuyo, que estoy seguro que estuvo mucho más agitado y sé que te mueres de ganas por contármelo.

-¿Para qué? ¿Para que después lo andes escribiendo y publicando? Creo que mejor no te cuento nada.-Se hizo el difícil.

-¿Yo? ¿Pero cómo se te ocurre, Steve, por favor? Sabes que no escribo ni publico lo que me cuentan.-Me hice el ofendido.

-Sabes que sí, que ya me lo has hecho antes.

-Bueno, pero siempre cambio los nombres y las situaciones.

-Me da miedo.

-Anda, amigo, cuenta.-Le pedí y Steve miró a Richi, pero como éste no dijo nada, le dio un sorbo a su café con leche y se acomodó en la silla.

-El viernes fui a ver una película en el festival de cine gay que hay en estos días.-Me dijo mi amigo.

-El Lesgai.-Le dije.

-¡Ese mismo!-Dijo Steve.

-¡Qué guay, tío!-Richi habló por primera vez y ambos nos sorprendimos. Lo miramos con atención por dos segundos, y volvimos a nuestra conversación.

-¿Qué viste?-Le pregunté a Steve.

-Una película gringa, una de esas historias de amores atormentados, terribles, que te de dejan con un sabor amargo.

-¡Que fuerte, tío!-Exclamó Richi. Lo miramos por medio segundo y continuamos con nuestra charla.

-¿Te gustó?-Le pregunté.

-Sí, tiene escenas terribles.

-Dicen que hay una buena selección de películas.-Le dije.

-¡Qué guay, tío!-Exclamó Richi, pero esta vez no lo miramos y continuamos con nuestra conversación.

-Lo más interesante es lo que me sucedió, que conocí a un chico en la misma sala mientras veíamos la película.

-¡Qué fuerte, tío!-Exclamó Richi.

-¿Y cómo fue eso?-Quise saber.

-Ese chico estaba sentado a mi lado, y entre que empezamos rozando los brazos y las piernas, terminamos viendo la película tomados de la mano como si fuésemos novios formales.-Contó Steve.

-¡Qué guay, tío!-Dijo Richi.

-Pero es que a ti no se te escapa ni uno, ¡por Dios!-Le dije.

-¿Y es mi culpa que haya habido química?-Dijo Steve.

-Química con las luces apagadas y viendo una película. Es como haber estado en un cuarto oscuro.-Le dije.

-¡Qué fuerte, tío!-Dijo Richi.

-No exageres, amigo, que no es para tanto,-dijo Steve.-Además, esa noche no me fui con él, porque andaba con algunos amigos y ya tenían planes, así que nos vimos al día siguiente.

-¡Qué guay, tío!-Dijo Richi.

-Me imagino que cuando se vieron te desquitaste por lo que no hicieron ese día.-Le dije, sonriendo.

-Pues más o menos, porque después de pasar toda la tarde juntos, de contarme muchas cosas de su vida y de sus malas experiencias amorosas, de irnos a cenar juntos, de abrazarnos y besarnos por las calles, me salió con una mierda rara.

-¡Qué fuerte, tío!-Exclamó Richi.

-¿Qué mierda te hizo? No me digas que te dijo que en realidad era heterosexual y que estaba probando por pura curiosidad-Le dije.

-Pues no, pero cuando finalmente estábamos en la cama, y aunque, por cierto, la pasamos de lo más bien, no pudo correrse. Me dijo a mí que me corriera yo, pero que él no podía porque necesitaba tener confianza con el chico con el que se acostaba para poder correrse delante de alguien. Eso después de haber hecho de todo, que lo único que nos faltaba era corrernos, porque todo lo demás ya estaba hecho. ¡Absolutamente todo!

-¡Qué fuerte, tío!-Dijo Richi.

-¿Y entonces?-Le pregunté.

-Pues que como no se pudo correr, me dijo que se sentía mal con él mismo y que se iba. Que no me sintiera culpable, que no era por mí, que eran rollos mentales que tenía él y que sólo él podría resolver o cargar con ellos. Así que se puso de pie, se vistió, y se fue.

-¡Qué fuerte, tío!-Dijo Richi.

-¿Qué hiciste tú?-Le pregunté.

-¿Qué podía hacer? ¡Nada! No iba a detenerlo, ni a obligarlo y mucho menos a suplicarle que se quedase. Lo dejé ir y borré su número de móvil, no me interesa tener contacto con un imbécil así, que ya muchos locos he conocido. Si todo iba bien, te hablo que le dio eso de repente, sólo porque no pudo correrse. Es que le cambió hasta la expresión de la cara.

-¡Qué fuerte, tío!-Exclamamos Richi y yo al mismo tiempo.

-Y esa fue toda la historia con ese chico,-dijo Steve.-Entonces el domingo, mientras caminaba por Chueca, conocí a Richi, que es muy majo y se ha quedado conmigo desde entonces.

-¡Muy guay, tío!-Dijo Richi.

-¿Así que ahora estás con Richi?-Le pregunté.

-Así es.-Dijo Steve.

-Richi, ¿sabes que ahora el matrimonio gay es constitucional aquí en España?-Le dije, mirándolo fijamente, con deseos de saber su reacción. Era un cambio total de conversación, pero no me pude resistir a la tentación de hacerle esa pregunta.

-¡Qué fuerte, tío!-Dijo Richi.

-Richi, eso es algo bueno. Es una buena noticia.-Le dijo Steve.

-¡Ah, pues que guay, tío!-Dijo Richi y tomó otra porra del plato.

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

Acerca de Eduardo García

Eduardo García nació en Santo Domingo y, tras residir unos años en Chile, donde publicó sus tres primeras novelas, se afincó en Madrid. En España ha continuado con su labor de escritor, además de dedicarse a dar clases de yoga y a las terapias alternativas. Sus últimas novelas están disponibles en Gaymazon. Su columna La cuenta, por favor ha sido nominada a los premios Bésametonto 2013.

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