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La Visita

Cuando recibí la visita de José Miguel, me puse muy contento. Siempre es grato recibir la visita de amigos de algún país o ciudad en donde hemos vivido antes. José Miguel era un dominicano encantador y lleno de vida, la cual estaba dispuesto a exprimir hasta su última gota.

Eduardo García • 05/04/2012

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Desde que llegó, se fue a la calle a recorrer todo Madrid. Como yo tenía que trabajar, no podía acompañarlo mucho, pero me encantaba sentarme con él a escuchar sus historias. Pero entonces se desapareció por dos días seguidos en los que no supe nada de él. Yo estaba seguro de que estaba disfrutando de la ciudad, de sus noches y de sus hombres, pero no podía evitar el sentir algo de preocupación. Entonces, finalmente, me llamó al teléfono móvil.

-¡¿Se puede saber dónde estás metido?! Estoy muy preocupado por ti, maricón.-Le dije, intentando sentir enojo, aunque con él me era imposible.

-¡Ay, chiqui! No te mortifiques por mí, que estoy muy bien y feliz. Anoche conocí a un chico maravilloso y estoy aquí en su casa.

-¿Cómo me has llamado?

-Chiqui.

-¿Vienes tres días a España y ya hablas como los maricones de acá?-No pude evitar el reírme.

-¿Por qué te sorprende, cari? Sabes que yo me adapto muy fácilmente.

-¿Qué piensas hacer entonces, maricón?

-Pues voy a vivir este romance con mi chico y mañana te llamo de nuevo para decirte a qué hora regreso a la casa.

¡Esto era inaudito! Mi amigo venía de visita a Madrid y en un cerrar y abrir de ojos, ya tenía pareja. Me fui corriendo a “El Corte Inglés” más cercano a comprarle un teléfono móvil para poder estar contactado con él. Se lo entregaría cuando se decidiese a regresar a mi casa. Crucé la Gran Vía y desde que empecé a caminar por la calle Montera, se me acercó y se me pegó como una sanguijuela una de las “chicas” que componían la fauna de dicha calle. Era una maravilla de esas de Europa del Este tratando de hablar un buen español pero sin perder ese acento extranjero.

-Vamos a follar, guapo.-Me dijo sin ningún tapujo.

-Lo siento, lindura, pero tú no puedes ofrecerme lo que yo necesito. Que a mí me gusta lo mismo que a ti.

-Si eres gay trae a tu novio y nos vamos los tres.-Me respondió sin soltarme y caminando a mi lado.

-Es una de las cosas que no comparto.-Le dije y me solté, continuando con mi camino, mientras revisaba mis bolsillos a ver si me falta algo.

Después de comprar el móvil para José Miguel, regresé a mi casa y el resto del día me lo pasé haciendo labores de la casa, hasta que terminé muy cansado y me eché a dormir.

Al día siguiente me desperté temprano y me fui al gimnasio. Seguía sin tener noticias de José Miguel. En el gimnasio hice la rutina que me tocaba ese día, pecho y tríceps, con algo de ejercicio cardiovascular, para de esa manera poder tomarme después, sin mucho cargo de conciencia, un buen vaso de Horchata de Chufa, una de mis bebidas favoritas.

Mientras estuve en el gimnasio, estuve huyendo de una chica que la catalogo como que tiene “incontinencia verbal”, e internamente le tengo el apodo de “Monólogo”. Es impresionante la manera en la que habla con todo el que le pasa por enfrente. Es como si tuviese esa necesidad imperiosa de hablar sin parar, aunque sepa que no la están escuchando. Las primeras veces, por educación, intenté escucharla un poco, prestarle algo de atención. Pero cuando me di cuenta de que lo suyo no es normal, trato de evitarla a toda costa, ni siquiera cruzo la mirada con ella porque si lo hago, viene corriendo a donde estoy y empieza a contarme la misma historia de siempre. Me habla de su familia, de sus compañeros de trabajo, de cómo intentan abusar de su bondad, aprovecharse de ella, pero que ella no es tonta y que se da cuenta de lo que quieren y ya no sé cómo sigue la historia porque cuando llega a ese punto yo ya estoy pensando en otra cosa. Es que si me pongo a escuchar todo lo que habla, dejo de entrenar y además puedo terminar tan loquito como ella. No lo sé. Preferí pensar en la Horchata de Chufa que me iba a tomar al terminar mi entrenamiento del día.

Cuando volví a la casa después del gimnasio, me di cuenta de que José Miguel ya había regresado, porque lo escuchaba cantar desde antes de abrir la puerta. Entré y lo encontré bailando de un lado a otro al ritmo de no sé qué canción de Lady Gaga. Me miró sonriendo al verme entrar y me preguntó si notaba algo nuevo en él. Lo miré con atención y me escandalicé.

-¡Maricón! No puedes regresar así a Santo Domingo,-le dije.-Si llegas así te van a lanzar piedras.

-Pero si solamente me he hecho algunos retoques. ¿Se nota mucho?

Lo miraba con los ojos abiertos y seguía sin creer lo que veía. Mi amigo, que toda su vida había tenido el cuerpo velludo, estaba totalmente depilado, sin un solo pelo en todo el cuerpo. Se desnudó para que yo pudiera apreciarlo. Pero eso no era nada. Tenía las cejas sacadas, lo que le daba un aspecto totalmente andrógino. Y por si eso fuera poco, tenía los labios hinchados.

-¿Se puede saber qué te has hecho?-Le pregunté.

-¡Ay, cari, casi nada! Mi novio es experto en secretos de belleza, trabaja en una clínica estética. Me limpió un poco las cejas, me depiló el cuerpo y me inyectó algo en los labios, que los tenía muy finos. ¿Qué te parece?

-Me parece que ya no te ves masculino, que estás totalmente loco, o en este caso, “loca”, y que no puedes regresar así a Santo Domingo. ¡Pero por favor! ¿En qué estabas pensando?

-Mira, chiqui, no le veo lo malo a querer modernizarme.

-¡No me llames chiqui!

-Estás hecha una musculoca amargada.

-Mira, tú haz lo que quieras, que ya eres adulto. Yo no tengo que estar cuidándote.

-A mi novio le gusta así.

-Pues entonces genial, si a él le gusta, que lo goce. Después no me vengas con lloriqueos.

Dicho y hecho. El chico no apareció más, no le contestó las llamadas, y José Miguel, que nunca se dejaba abatir, continuó viviendo la vida nocturna madrileña y conociendo a otros chicos.

-Mi nuevo aspecto ha causado sensación.-Me contó, mientras estábamos tomando un exquisito vermú de grifo en Chueca.

-Me alegro que a alguien le guste.

-¡A todos les gusta! Que me lo dicen todo el tiempo y además se me acercan y me llevan a sus camas.

-Entonces me alegro mucho que le des uso a esos labios poderosos que tienes ahora.-No pude evitar el sonreír.

-Te cuento, chiqui, que anoche conocí a un taxista que, mientras yo caminaba, se paró a mi lado y me dijo que me llevaba a donde yo quisiera. Me llevó a una pensión y ahí disfrutamos de lo lindo.

-¿Lo verás de nuevo?

-¡Claro que no! Tengo pocos días y muchos hombres por conocer. Ya desperdicié mucho tiempo con el imbécil que me dijo que quería una relación y después desapareció. No entiendo por qué no dan la cara estos idiotas. Así que ya no me ilusiono más, mejor los disfruto en el momento y paso al siguiente. Hoy estuve chateando con uno con el que quedé en verme mañana. Puso la cámara y me enseñó hasta sus entrañas. No te imaginas todo lo que tiene.

-Tómale fotos, hombre, que uno en el fondo es voyeurista y a mí me encanta ver esas cosas.

-Te puedo enseñar las fotos que tengo de Javier, el hombre casado con el que ya me he visto varias veces,-me confesó.-Es cierto que no se le ve la cara, pero sí el resto del cuerpo y con muchos detalles.

-La verdad es que estoy sorprendido contigo, José Miguel.

-¿Por qué, cari?

-Pero en el buen sentido. Me causa gracia que en varios días que llevas aquí hayas conocido hasta hombres casados que se dejan tomar fotos y todo.

.-¡Eso es lo de menos! Sabes que soy especialista en los hombres casados. No sé por qué razón, pero siempre se han acercado a mí. No los justifico, pero si me piden sal y este salero se las puede dar, yo no soy quién para negársela, ¿entiendes?

-Te entiendo perfectamente. No los entiendo a ellos que viven una mentira. Que se casan, tienen hijos, y después buscan otros hombres para tener sexo. ¿Cómo les dices a tus hijos que no mientan si tu vida es una mentira? Pero a ti no te critico para nada, que eres soltero y haces con tu cuerpo lo que quieras. Que yo hago lo mismo y también he estado con hombres casados y con hijos. Ahora, yo no me casaría con una mujer si lo que me gustan son los hombres.

-Pero lamentablemente muchos, muchísimos hombres lo siguen haciendo. No te niego que eso me da morbo, pero yo tampoco lo haría.

-Mira que no te lo digo por moralista, José Miguel, que no lo soy, pero es injusto para la mujer.

-A menos que sea de mutuo acuerdo.-Me dijo.

-Bueno, eso sí, que cada relación es un mundo,-le dije, tomando el último sorbo de mi vermut.-Además, creo que la sociedad, la iglesia y la familia te llevan a eso. Prefieren que vivas de las apariencias a que te realices como persona.

-Y cambiando de tema, te cuento que hoy vamos a salir, amigo, que ya no me quedan muchos días aquí y quiero disfrutar al máximo.

-¡Claro que sí! Hoy te voy a llevar a un lugar con el que vas a alucinar.

-No creo que quede algo que me sorprenda en esta vida.-Me dijo haciendo una mueca.

-Ya lo veremos esta noche. Ven, vamos a la casa, vamos a prepararnos.

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

Acerca de Eduardo García

Eduardo García nació en Santo Domingo y, tras residir unos años en Chile, donde publicó sus tres primeras novelas, se afincó en Madrid. En España ha continuado con su labor de escritor, además de dedicarse a dar clases de yoga y a las terapias alternativas. Sus últimas novelas están disponibles en Gaymazon. Su columna La cuenta, por favor ha sido nominada a los premios Bésametonto 2013.

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