Chat

Contactos

Fotos

Guía

Tábata en el centro comercial

No sabéis la de cosas divertidas que le pasan a la Oveja Tábata. Esta vez nos cuenta la aventura con su vibrador con mando a distancia, en el centro comercial. Y es que si tienes uno de estos cacharros es importante no perder de vista el mando, porque quien tiene el mando tienen el poder...

Alicia Rocafull • 19/08/2014

tábata | Foto: Uso permitido

sexo erotismo vibrador lesbianas

Eran las 4.40 de la tarde cuando llegué al centro comercial. Lo recuerdo porque al ver la hora en el gran reloj del distribuidor de entrada pensé casi inmediatamente en los merengues de Juan Luis Guerra y su grupo, los 4.40. Ganas de merengue es lo que tenía yo.

Después de lo pasado la tarde anterior en el gimnasio y, una vez recuperado el mando a distancia de mi fantástico vibrador, había quedado con laurapeluquera allí, sin determinar el lugar exacto, pero estábamos en contacto gracias a WhatsApp, y como yo era la que llevaba la voz cantante, la fui guiando hacia donde más me convenía. Primero escondí el mando del vibrador en el baño de chicas de la segunda planta, aprovechando el momento para colocarlo dentro de mis braguitas, en contacto directo con mi clítoris, así, mientras ella lo encontraba, yo iba comprando unas doradas que me hacían falta para la cena. Mientras me dirigía a la pescadería me llegó un mensaje que anunciaba la llegada de la peluquera:

- stoy entrando por la puerta, dnd stas?

Se ve que tenía urgencia por encontrarme, porque al escribir se saltaba la mitad de las letras, y el día anterior había cuidado mucho la ortografía, incluso cuando estábamos cibergimiendo ella ponía todos los acentos e interjecciones. Estuve pensando hasta en comprar vocales para poder seguir con la conversación… Le dije dónde tenía que buscar el mando y que después fuera hacia la pescadería que estaba al lado, que ahí me encontraría. Solo teníamos una somera descripción la una de la otra, lo que acrecentaba el misterio y, por consiguiente, el morbo, así es que debería servirse del mando para averiguar cuál de todas aquellas marujas que compraban pescado era yo.

Ya estaba yo hablando con el pescadero, justo le decía que me limpiara una dorada para hacer en el horno. Con los nervios de la cita se me había olvidado coger dinero y solo me llegaba para una, en lugar de las cuatro que me hacían falta. O igual me había dejado la cartera en la furgoneta, no estaba segura. Pues en eso estaba yo, viendo como la pescadera le sacaba las escamas al pez, cuando sentí una sacudida que me subía desde el mismísimo coño. Aquello empezó a subir de velocidad y las palabras me salían ya entre suspiro y suspiro, que si quítame bien las escamas, que si córtame las aletas, que si pásamela por el chorro de agua…. La pescadera me miraba raro, por un momento pensé que estaba dando cuenta de algo, porque sentí que me miraba de arriba abajo y que no me quitaba ojo. Por fin pude ver a laurapeluquera. Estaba justo detrás de mí y andaba jugando con el mando con una sonrisa que le llegaba de oreja a oreja. Le mandé un mensaje:

- Sígueme, vamos fuera, que tengo aparcada la furgoneta… y no dejes de darle al mando…

Yo nunca había hecho algo así, pero todo fluía de forma tan natural que no me daba ningún miedo. Al contrario, lo estaba pasando en grande. La chica no estaba mal, no era para echar cohetes, pero tenía su aquel, así es que me la llevé al huerto (a la furgoneta en este caso). Pagué a la pescadera y salí corriendo (y corriéndome) a la calle. Tenía la furgo a pocos metros:

- Ves la furgo blanca que tiene un ambientador rojo con forma de gatito colgando del retrovisor? Pues me voy a meter yo primero por la puerta lateral y te estaré esperando. No hace falta que llames, la puerta estará abierta.

Entré dentro y esperé. El corazón me latía a doscientos por hora, y lo que no es el corazón también. Me quité la ropa y me tumbé sobre la colchoneta, esperando. Oía pasar a la gente por la acera, los coches al otro lado, y yo ahí estaba, desnuda en medio de la oscuridad más absoluta. De pronto se abrió la puerta y alguien entró. Supuse que era laurapeluquera, pero tampoco podía estar segura porque no se veía prácticamente nada. Se me pasó por la mente que pudiera ser otra persona, qué miedo, pero en cuanto empezamos a besarnos y a tocarnos y noté sus tetas bajo la camiseta, supe que era ella.

Laurapeluquera, que se llamaba Inés y era funcionaria de hacienda, se marchó después de uno de los mejores polvos de mi vida.

Y se marchó con el mando a distancia de mi vibrador metido en el bolsillo. Pero eso, es otra historia.

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

Acerca de Alicia Rocafull

Alicia Rocafull es una escritora y bloguera nacida en Madrid en 1967. En 1991 ganó el segundo premio del Concurso de Relatos de Renfe y en 2013 uno de sus cuentos formó parte de una recopilación de microrelatos publicada por Diversidad Literaria. Nacida en el seno de una familia de rancio abolengo, esta oveja rosa se dedica al activismo social en temas LGTB, defensa de los animales y veganismo desde los años 90. Ha sido colaboradora en varias radios online de temática lésbica, creadora de la radio y chat de las ovejas rosas y autora de diversos blogs. Actualmente podéis seguirla en sus perfiles de Facebook y Twitter, en su canal de Youtube, y en su blog La Oveja Rosa.

Comentarios

También te puede interesar...

Más en La Oveja Rosa

© Looping Media, S.L., 2007-2019
Condiciones de uso, privacidad y cookies
Quiénes somos | Publicidad | Ayuda y contacto