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Tábata y el garaje

No sabéis la de cosas divertidas que le pasan a la Oveja Tábata. Esta vez nos cuenta la aventura con su vibrador y el mando a distancia perdido. Y es que si tienes uno de estos cacharros es importante no perder de vista el mando, porque quien tiene el mando tienen el poder...

Alicia Rocafull • 27/08/2014

tábata | Foto: Uso permitido

tábata vibrador sexo erotismo

Andaba yo haciendo la limpieza en casa, que si barriendo que si quitando el polvo, y me encuentro de pronto con el pequeño vibrador con forma de balín. Estaba metido en un cacharro de estos que todas tenemos en casa y que usamos para echar las llaves al llegar, las monedas para comprar el periódico, la pinza para recogernos el cabello, etc, etc. Pues ahí estaba, inservible ya sin el mando a distancia que se había llevado en mi último polvo la inspectora de hacienda disfrazada de peluquera.

Cuando terminé de limpiar me lo llevé para el salón y lo dejé en otro de estos cacharros multiusos que tenemos todas, y en todas partes. Yo no sé vosotras, pero yo tengo al menos siete de estos cacharros, unos son ceniceros, aunque no fumo, otros son cajitas de madera, otros grandes copas de coñac, pero en total debe haber eso, unos siete, o más. El caso es que lo dejo en la copita verde de encima de la mesa y me pongo a ver un rato la tele.

Ya me había vuelto a olvidar del vibri, liada como estaba con una película americana de estas de amor que ponen por las tardes, cuando de pronto empiezo a oír un ruido así como de móvil silenciado. Como resulta que el móvil no era, y ya andaba yo mosqueada, me puse a investigar. El caso es que cada vez que oía un coche entrando al garaje de debajo de casa, se oía el dichoso ruidito… ¡Era el vibrador! Parece ser que los mandos a distancia del garaje hacían interferencia con mi vibri… cómo os quedáis…

Visto lo visto, rápidamente quise aprovechar el viaje ya que llevaba días sin darle marcha a mi cuerpo y no me faltaban ganas. Me parecía tan morboso el pensar que alguien desconocido me daba placer sin saberlo, que no puede resistirme a esta nueva a experiencia. Me tumbé en el sofá con el vibri puesto en el lugar adecuado, y descorrí las cortinas del salón que daban justo a la entrada del garaje. Podía ver perfectamente a los conductores que iban entrando al garaje y cómo activaban el mando mientras esperaban que se abriera la puerta. Como eran las 3 y media de la tarde, era la hora de más trasiego de entrada y salida, entre los que venían de trabajar y los que se iban, o sea un no parar…

Llegó primero la del tercero, una rubia de bote con tetas increíbles. Ahí se paró mientras se abría la puerta, y aquí estaba yo disfrutando del meneo, que fue breve pero intenso. Después de varios vecinos más, ya estaba yo a punto de llegar a lo más alto cuando llegó Olaya, que es la chica que vive justo encima de mi (lo de encima de mí ya me gustaría que fuera literal, pero no, me refiero a que vive en el piso de arriba). Olaya es la bomba y, si mi radar gay no falla, es más lesbiana que yo. Estaba yo ya a un tris de correrme viendo como Olaya presionaba el mando desde su coche rojo de altísima gama, cuando de pronto sentí como sus ojos se clavaban en los míos. No sé por qué se quedó ahí parada tanto tiempo, tanto que se le cerró la puerta y tuvo que volver a pulsar aquel mando del placer que ella no sabía que tenía en su poder. Así estábamos, mirándonos las dos, cuando yo empecé a deshacerme entre las piernas.

Por fin vi como su coche desaparecía bajo mi ventana, no sin antes ver como Olaya me enviaba una sonrisa y un gesto como de luego te llamo.

Pero eso..., eso es otra historia.

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

Acerca de Alicia Rocafull

Alicia Rocafull es una escritora y bloguera nacida en Madrid en 1967. En 1991 ganó el segundo premio del Concurso de Relatos de Renfe y en 2013 uno de sus cuentos formó parte de una recopilación de microrelatos publicada por Diversidad Literaria. Nacida en el seno de una familia de rancio abolengo, esta oveja rosa se dedica al activismo social en temas LGTB, defensa de los animales y veganismo desde los años 90. Ha sido colaboradora en varias radios online de temática lésbica, creadora de la radio y chat de las ovejas rosas y autora de diversos blogs. Actualmente podéis seguirla en sus perfiles de Facebook y Twitter, en su canal de Youtube, y en su blog La Oveja Rosa.

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