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Abel Arana baja el telón de "Historias de Chueca"

Comenzó a escribir “Historias de Chueca” por una apuesta y casi sin darse cuenta se embarcó en una trilogía que ahora pone su punto final. Abel Arana publica “Telón” este mes de diciembre y está dispuesto a que la despedida sea inolvidable.

Libertad Morán • 09/12/2010

Portada Telón

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En un primer momento puede parecer que Abel Arana es un tipo inaccesible: un hombre todoterreno que conjuga los medios de comunicación con la facilidad de un malabarista. Tan pronto te lo encuentras pinchando en una fiesta, como en el photocall de algún evento o te escribe algún descacharrante artículo en su blog sobre lo absurdo de esta sociedad (o se pone serio y se te caen los palos del sombrajo y no te queda más remedio que asentir a lo que dice). A muchos les impone su presencia. Le dicen por la red —por Facebook, por Twitter, por el mismo blog— que lo han visto por la calle y les ha dado corte saludarlo, que no se atrevían… Él se medio enfada: “¡Pero haberme dicho algo, hombre!”. Y es que, en el fondo, Abel es afable, cercano y tan divertido como sus libros.

-Las portadas de los tres volúmenes han jugado con los colores blanco, rojo y negro creo yo que como un reflejo de la evolución de los propios personajes: de la blanca inocencia de los muchachos de provincias que llegan a Madrid dispuestos a comerse el mundo, al rojo clímax en el que todo puede suceder hasta llegar a un negro que huele a tragedia y a punto y final, ¿fue algo premeditado o surgió por casualidad?

Siempre ha sido todo premeditado porque lo primero que tuve claro era el final. No tanto lo de los colores. Eso se decidió ya con el primer libro en la calle. Por supuesto que los tres libros son el reflejo de tres estados distintos por los que pasan los protagonistas. No creo yo que suene a tragedia el negro. El negro es un color muy sobrio, muy elegante, no tiene necesariamente que conducir a una tragedia, aunque a veces suceda…

-¿Crees que la trilogía puede llegar a pecar de localista (al fin y al cabo se sitúa en Chueca, a día de hoy un microcosmos muy particular) y tirar para atrás al lector ajeno a las grandes urbes por no sentir identificación con lo que sucede o por el contrario piensas que, al fin y al cabo, todas las historias son universales y cualquiera puede acercarse a esta trilogía?

Es una cosa que no me preocupa. Yo solamente quería contar una historia y nada más. Nunca he pensado que vendería más si la hubiese situado en Nueva York o en Moscú. Cualquier lector se puede sentir identificado con ciertas situaciones porque esas situaciones son universales, no dependen del lugar dónde sucedan. Vamos, digo yo que enamorarse en Praga es lo mismo que enamorarse en Torremolinos aunque con más frio ¿no?

-El humor y la parodia han sido los otros protagonistas de los tres volúmenes, ¿te planteas seguir manteniendo ese tono en futuras obras o quieres probar con un nuevo registro habiendo demostrado ya que lo más difícil —hacer reír— se te da estupendamente?

Pues no lo sé, la verdad. Ahora mismo en la cabeza tengo dos novelas clarísimas. Una es una comedia enloquecida con lesbianas, porque ya va siendo hora de que alguien escriba un libro para lesbianas modernas en condiciones y la otra es un cambio radical, un thriller político. Vamos, nada que ver. Supongo que al final los personajes vendrán a mí y ellos mismos decidirán qué camino tomar… Me pasa siempre.

-Aunque Telón se acabe de publicar, ¿tienes en mente algún proyecto literario o quieres descansar una temporada para alejarte de tus personajes?

Con Telón se acaban definitivamente esos personajes y supongo que en cuanto se termine de leer el libro se comprenderá porqué. Me he quedado vacío y les he dado todo lo que podía. Y ha sido un poco triste, no creas. Tener que decir adiós a veces es muy difícil. Y a todos estos los he parido yo, vamos, que estoy como una madre acongojada viendo como los hijos le crecen y se le van de casa…

-Dejando un lado tu vena literaria, eres polifacético a más no poder: guionista para televisión, actor en series para Internet, columnista para Oh my God!, blogstar, modelo ocasional, embajador de Kiehl’s y conductor/DJ de sus fiestas benéficas… ¿Qué más facetas de Abel Arana vamos a poder ver próximamente? ¿Hay algo que te apetezca mucho probar y todavía no hayas podido llevar a cabo?

¿Lo de modelo es broma? Es que nunca he entendido lo de las limitaciones. Pienso que todo el mundo tiene un potencial tremendo para hacer muchas cosas, algunas saldrán bien y otras no, pero hay que atreverse a probar. Hay que ser más descarado con la vida y quitarle hierro al asunto. He escrito tres libros pero eso no significa nada. Tengo más de 100.000 lectores al mes en el blog y tampoco significa nada. Siento que tengo pendiente la asignatura televisiva. Pero no sé ni cómo ni dónde y tampoco es una cosa que dependa exclusivamente de mí. Me gustaría mucho poder contar historias por la tele, pero aún está todo muy verde como para poder contar nada. Y al margen de eso, pues también voy observando la vida y me dejo llevar. A veces es lo mejor para intentar encontrar tu camino.

-Me apetece ver tu lado tierno, ¿qué les dirías a las personas que leen tus libros? ¿Y a las que aún no lo han hecho?

Pues que les comería la boca a todos… Esto no ha quedado muy tierno ¿no? En realidad aún me sigue alucinando el hecho de que alguien vaya a una librería y se gaste el dinero en las tonterías que he escrito. Hay libros veinte mil veces mejores que los míos y lo único que puedo estar es agradecido. Siempre he dicho que yo de profesión soy PAYASO, así, con mayúsculas. Y el mayor premio o la mayor recompensa a la que puedo aspirar es a la sonrisa de los demás. Si ellos se ríen, lo he hecho bien, si ellos no se ríen… mal asunto. Y a los que no los han leído… ¡pues que no sé a que co***es están esperando!

-Acabamos con una clásica, ¿pensaste en algún momento, durante aquella semana en que escribiste el primer volumen de esta trilogía, que llegarías tan lejos con ella como para necesitar cerrar con este gran telón con el que pones fin a las aventuras y desventuras de Alejandro y Miguel?

La verdad es que no y supongo que ese es uno de mis muchos defectos. Soy un inconsciente y no hago planes. Hoy estoy aquí pero mañana no tengo ni idea de lo que va a pasar. Puede parecer una vida muy excitante, pero no lo es tanto. Nunca he planeado absolutamente nada porque necesito ser sorprendido constantemente para sentirme vivo. Con respecto a Telón lo único que espero es haber estado a la altura de lo que los lectores esperaban de mí. Tengo un cierto miedo a las reacciones de los cuatro últimos capítulos, pero te prometo que es la historia que yo quería contar desde el principio.

Y ya, antes de despedirme, quiero mandar un abrazo enorme a los lectores de UNIVERSOGAY y que hagan el favor de comprar el libro que los autores pobres como yo dependemos mucho de las ventas para poder seguir escribiendo. Y ¡qué coño! que peor es robar que pedir…

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