Ambigu@. Guía de experiencias infieles. Alberto Aranda. Sar Alejandría.

El volumen del que hoy voy a hablar es un buen ejemplo de lo que en su día fueron los libros para leer "con la mano izquierda", en referencia clara al "pecadillo de Omán", que decía Ismael Serrano en una de sus canciones

Guillermo Arroniz López • 19/01/2018

Ambigu@ | Foto: Uso permitido

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Recuerdo un tiempo en el que había incluso editoriales cuya principal línea de publicaciones era este tipo de "novela" de aventuras sexuales para mayor placer de un público que se animaba con los relatos pornográficos antes de que existiera Internet y robara casi todo a la imaginación. Una especie de herederos (gays) ochenteros y algo vulgares de las novelas sicalípticas que tanto éxito tuvieron en los arranques del siglo XX. El propio autor me hablaba de un estilo "callejero" como no podría ser de otro modo en este tipo de obra.

Lo que el lector va a encontrar es la historia... o mejor dicho, las historias sexuales de Loren, que es el "nombre de guerra" del hombre protagonista que se define a sí mismo como un cross-dresser o cd, y no como un travesti ni un transexual. Aunque tiene pareja descubre pronto que es infiel por naturaleza y también que le gusta vestirse de mujer para sus aventuras, y por diversos motivos: búsqueda de dinero (vendiendo su cuerpo); búsqueda de emociones (su pareja se ha acomodado y él se aburre mucho); o búsqueda de su auténtico yo (muy "puta", pero también muy dado a la ropa de mujer de bandera y a la ropa interior diseñada para el sexo y sus desvaríos) va contándonos cómo va seduciendo a distintos hombres que están a la caza de diversión frente a la rutina en la vida con sus parejas o jóvenes que tienen toda la fogosidad propia de su edad.

Entre anécdota y anécdota de encuentros con rumanos o rusos, también nos entretiene con teorías varias sobre la infidelidad, supuestas entrevistas a amigos del protagonista (elegidos, según parece al azar), porcentajes sobre la infidelidad de hombres y mujeres extraídos, según parece de varias fuentes, comentarios sobre documentales sobre la fidelidad/infidelidad en el mundo animal, e incluso un poema en medio de toda esta vorágine de sexo.

El autor utiliza la segunda persona y se dirige directamente al lector para hacerle llegar estas infidelidades y lo hace sin delicadezas en el lenguaje. Y aunque la obra contiene erratas tipográficas obvias no creo que a los hipotéticos lectores de este libro les afecten en absoluto para leer la obra y sacar de ella lo que fueron a buscar.

Tanto el título como la fotografía de portada dan la información necesaria para que nadie se llame a engaño: Aranda, como mínimo, es claro y directo... desde la portada hasta la última línea del libro.

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