Billy Budd, el gaviero. Herman Melville. BB (Biblioteca Bilingüe).

Quien dice Melville, qué duda cabe, dice "Moby Dick", y sin embargo... quien dice Foster dice "Una habitación con vistas" tanto como dice "Maurice". En este sentido Melville no ha sido relacionado por la sociedad (en general, ni siquiera por la sociedad lectora) con esa otra obra, la del "otro lado de la calle”, o dicho más vulgarmente, la "otra acera" hasta hace bien poco.

Guillermo Arroniz López • 13/02/2018

Billy Budd, el gaviero. | Foto: Uso permitido

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Ambas obras sin embargo fueron publicadas tras las muertes de sus respectivos autores y el revuelo que causaron continúa hasta nuestros días. Es cierto que "Maurice" habla de forma abierta de las relaciones sentimentales entre hombres, y "Billy Budd, el naviero" no, pero hay en ella elementos claros en este sentido y no meramente sugerentes. Alguno de estos últimos serían, por ejemplo, la descripción que se hace del "Apuesto Marinero", es decir, de Billy Budd, el protagonista que da título a la obra, en el arranque mismo de la novela (novela corta, o relato largo) como podemos ver en la página 11 de esta edición bilingüe de 2017 de BB, es decir la editorial Biblioteca Bilingüe:

"Si había que largar las gavias en plena tormenta, ahí estaba él sentado a horcajadas sobre el penol a barlovento, con un pie en la relinga a modo de 'estribo', tirando con ambas manos de las 'orejeras' como de una brida, en actitud semejante a la del joven Alejandro tratando de refrenar al indómito Bucéfalo"

(Alexander y Bucephalus en la página 10, versión original inglesa).

Y también sería un ejemplo bastante potente desde un punto de vista sensual la forma en que lo "pinta" con sus palabras poco después el teniente Radcliff, oficial de reclutamiento:

"Aquí llega y, voto a tal, arrastrando su baúl ¡Apolo con un arcón!".

Página 19.

Y seis páginas más adelante se dice:

"Era joven y, pese a estar casi completamente desarrollado, su aspecto le hacía parecer aún más joven pues mantenía la expresión de adolescente que delataba su pulido rostro, casi femenino por su delicado cutis, en el que la blancura del lirio había sido borrada del todo por las travesías marinas, y el color de rosa pugnaba por asomar sobre la atezada piel".

Pero dejando de lado estas "recreaciones" más o menos sensibles, más o menos sensuales o veladamente homosexuales (como la referencia a Alejandro Magno), en el capítulo XVIII, uno de los momentos claves del relato (pródigo en ellos) hallamos este pasaje:

"En momentos así Claggart parecía un ánima en pena. Sí, y su expresión de melancolía asumía a veces un aire de leve anhelo, como si hubiera podido amar a Billy de no haber sido por las circunstancias y por ser algo prohibido".

¡Ah! Esa última frase es inequívoca. Porque antes de eso uno podría haber pensado que el amor por Billy era paternal, fraternal, o amistoso, con esa intensidad de la amistad propia del siglo XIX, y cuyos lazos fortísimos son descritos con maestría, por ejemplo, por Stoker en el famoso "Drácula".

Habiendo dejado claro el elemento homoerótico que sobrevuela la obra, no obstante -la ópera basada en el relato se representó en el Teatro Real de Madrid en 2017, algo muy en concordancia con el World Pride celebrado en la ciudad- hay muchos otros elementos dignos de ser mencionados y someramente evaluados.

Empecemos por el argumento, intentando no estropear la sorpresa al lector que llegue "inocente" al libro: a finales del siglo XVIII un joven marinero de gran belleza y carácter abierto y bondadoso es reclutado a la fuerza para la armada, algo completamente legal en la época en que suceden los hechos. En el barco de guerra para el que es reclutado, el "Indomitable" (el Indomable) se encontrará con un enemigo inesperado... quizá porque sus virtudes despiertan envidia, quizá porque despiertan sentimientos que un hombre del siglo XVIII no se podía permitir tener, y menos en un buque dedicado a defender los dominios e intereses de su majestad.

A partir de ahí es preciso decir que la estructura del texto es endiabladamente inteligente. Empieza con la narración de los hechos singulares de la novela para, a continuación, hablarnos de eventos históricos que nos despistan inicialmente pero nos darán muchas claves de lo que sucederá después y explicarán no pocas de las decisiones que se tomen. A continuación se introduce en la psicología de los personajes del triángulo masculino protagonista y por último, casi cuando uno no se lo espera, llega el desenlace como una cadena de sucesos inevitables, fatídicos, en su lógica sucesión.

En ese avance, aparentemente sinuoso, el hábil Melville ha sembrado numerosas ideas que nos asaltan y nos acosan sin dejarnos muchos espacios para la indiferencia o la ajenidad. Y nos pone un terrible espejo frente al rostro muchas veces durante el texto, porque como seres humanos somos incapaces de escapar a ésta u otra debilidad. El fragmento, yo creo, más duro y más iluminado es el de la página 91:

"Porque en realidad, la envidia y la antipatía, pasiones irreconciliables con la razón, pueden nacer unidas como los siameses Chang y Eng. ¿Es que la envidia es un monstruo? Veamos; aunque muchos acusados se han declarado culpables de actos horribles para reducir sus penas ¿ha confesado alguien alguna vez sentir envidia? Hay algo en ella que hace que se considere de un modo general como más vergonzosa que la felonía. No solo reniegan todos de ella sino que las gentes de bien muestran incredulidad cuando se achaca en serio a personas inteligentes. Sin embargo, como la envidia reside en el corazón y no en el cerebro, ninguna zona de la inteligencia sirve de garantía contra ella. No obstante, la variedad de envidia de Claggart no era una cualquiera. Lo que sentía por Billy Budd tampoco tenía que ver con la envidia temerosa que desfiguraba el rostro de Saúl, cuando rumiaba sus perturbadas reflexiones sobre el joven y hermoso David".

Al final de la obra hay imágenes muy potentes, tan cargadas de patetismo como de belleza estética y espiritual, un regalo para cualquier director artístico de cine... o sencillamente para la mente de un lector sensible a este tipo de descripciones.

Resulta curioso que en los tres libros que he leído en los que la mar juega un papel protagonista: "Trafalgar", el Episodio Nacional de Galdós; "Farruquiño", el delicioso relato de Torrente Ballester; y " Billy Budd, el gaviero", uno de los personajes fundamentales es un niño, un adolescente u hombre joven al que se toma gran cariño, aunque sea por diversos motivos en cada obra...

En cualquier caso, y por concluir, una obra excelente que deja un poso de reflexión, un deje de tristeza, y marejadas de belleza para que el lector las vaya digiriendo, algo que, muy probablemente, le llevará mucho más tiempo que la lectura de estas páginas que huelen a sal y a hombre.

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