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Cómo seducir a un hetero. Diego Manuel Béjar. Stonewall.

¿Te gustó "Perdona bonita pero Lucas me quería a mí"? ¿Y "Reinas"? ¿Y "Mujeres desesperadas"? Pues aquí tienes un libro que te va a convencer. Y no dudo que pueda convertirse en un guion para una divertidísima comedia, pero en lo que eso sucede y la historia salta a las pantallas... ¿quién puede esperar a saber qué va a pasar?

Guillermo Arroniz López • 30/04/2014

Cómo seducir a un hetero | Foto: Uso permitido

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"Supongo que no es muy agradable trabajar en una tienda donde tienes que vender camisetas que se desmoronan con solo mirarlas; seguramente después del cierre de cada día tienen que quedarse durante horas volviendo a pegar una a una todas las lentejuelas que se han caído, para que al día siguiente se vuelvan a despegar todas, en una cutre versión del mito de Penélope estilo marca fashion".

Página 112.

¿Te gustó "Perdona bonita pero Lucas me quería a mí"? ¿Y "Reinas"? ¿Y "Mujeres desesperadas"? Pues aquí tienes un libro que te va a convencer. Y no dudo que pueda convertirse en un guion para una divertidísima comedia, pero en lo que eso sucede y la historia salta a las pantallas... ¿quién puede esperar a saber qué va a pasar?

Me dirijo a ti, lector, usando la segunda persona como hace la voz narradora de la novela y es para decirte de forma directa y clara, como hace el libro del que hablamos de qué va “Cómo seducir a un hetero”. No hace falta ser muy sagaz para entender las líneas básicas una vez que se ha leído el título y se ha pensado veinte segundos: la cosa va de homosexuales tratando de ligarse a hombres que, en principio, se sienten atraídos por mujeres. Es decir, la obra va de gays. Y al final, como siempre que se trata de amor, o de sexo, o de cualquiera de las dos, o de las dos, o de los sucedáneos de cualquiera de las dos... todo vale. Otra cosa es que todo salga. Porque los planes de guerra son eso, planes, y una veces se cumplen... y otras no. Y otras sólo a medias. Pero lo que se planea con la cabeza fría tiene más probabilidades de cumplirse que aquello que se imagina con la sangre acalorada. O dicho en términos del libro, en pleno calentón. Porque no vamos a destripar los entresijos de la obra, pero sí a hablar de lo que la caracteriza.

Tratándose de una comedia, cabe esperarse situaciones exageradas, desternillantes, un poco alocadas, por más que se nos avise que todo está basado en hechos reales. Las situaciones se dan, por supuesto, con mucho adjetivo en femenino (y no mayormente cariñoso) entre gays y mucho juego de palabras. Pero no hay que confiarse. Al igual que ha pasado con la campaña publicitaria previa al libro, con una página web del mismo nombre, el autor nos ha hecho trampa. Una trampa divertida... y a veces productiva. Tras la risa, como sucede muchas veces con la buena comedia, hay tristeza o dolor. Y sobre todo hay moraleja. Pero esa no voy a desvelarla pues cada uno debe extraer sus propias conclusiones.

El protagonista es un gay enamorado de un quiosquero de su propio barrio. Aunque, quien dice enamorado dice fascinado con el aspecto masculino del sujeto, macho alfa. Para rozarle la mano acude a comprarle fascículos que no le interesan en realidad. Se comporta como un adolescente (hetero) buscando a cualquier precio que la chica que le gusta le mire, aunque para eso tenga que hacer el payaso en mitad de la clase. La cosa es exagerada... y acaba alquilando una habitación en el apartamento del "tío bueno" aunque tiene piso propio, para pasar las vacaciones e intentar, como dice el título, seducirle.

Después todo tipo de escenas rocambolescas, increíbles o tremendas se suceden, incluyendo algunas con un par de ex, otras con una lesbiana que practica el discurso feminista en estado puro... Pero, ¿adónde le lleva esto al protagonista?

Dejando de lado la historia, cuyos hechos el lector ha de descubrir por sí mismo, algo hay en el personaje que nos acerca a él: su capacidad para reconocer con honestidad sus errores, su humanidad, incluida la más baja, oscura o sucia. Por mucho que habla de ser actriz, va abriendo su corazón según pasa... y claro, la sociedad biempensante se escandalizará más de una vez. En la novela se habla con total normalidad (y a veces con un punto ordinario que a no pocos le resultará muy gracioso) de los cuartos oscuros o las prácticas sexuales entre hombres. Tampoco es que sea una biblia del sexo gay, pero no se esconde a la hora de llamar las cosas, aspectos fisiológicos incluidos. Y ese es un valor adicional porque normaliza o visibilizar lo que, si se sigue callando, nunca será conocido por la gente en general y seguirá pareciendo extraño o malo, cuando no lo es.

El libro refleja con verosimilitud un mundo que existe: hombres de treinta que siguen buscando el amor de forma parecida a cuando tenían diecisiete, exceso de alcohol o incluso alguna que otra sustancia de legalidad dudosa, cuartos oscuros, amigos muy locas y humedades varias. Y de paso, entre sonrisas, nos cuenta una historia de amor... ¿o son dos? ¿O la una es amor y la otra obsesión? ¿O ninguna de las dos es obsesión ni amor? Te lo dejo a ti, lector, para que la gente te mire cuando sonrías en el metro, o donde quiera que estés, leyendo las páginas de las que te hablo.

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