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El vaso de sangre y otros cuentos decadentes de París. Varios autores. El Nadir.

El siglo XIX no sólo fue muy rico en frutos literarios considerados "universales" (muchos de ellos nacidos en la ciudad cosmopolita y elegante por excelencia en su época: París) sino que, además está lo suficientemente cerca en el tiempo para hacer muy comprensibles algunas de sus costumbres y formas de pensar y lo suficientemente lejos como para resultar exótico, para tener aromas de pasado oscuro y atrayente.

Guillermo Arroniz López • 14/11/2013

El vaso de sangre

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"Allá lejos, detrás de los árboles, se oía el tumultuoso rumor de la multitud, excitada por la espera nocturna. En las terrazas de las fondas, en las ventanas, muchachas disipadas, pálidas, ataviadas con vistosas sedas, algunas empuñando todavía una botella de champaña, se asomaban acompañadas de hombres con tristes trajes negros. Sobre la plaza, surcando el cielo matinal, volaban de aquí para allá las golondrinas".

Villiers de L'Isle-Adam. "El secreto del cadalso".

"El joven estaba muerto. Un largo alfiler de plata le traspasaba la parte izquierda del pecho, a la altura del corazón.

El cadáver se hallaba sentado sobre el inmundo asunto.

En el extremo del alfiler, cerca de la cabeza, constituida por un diamante, había atado un papel rosa.

Se trataba de una nota; decía lo siguiente:".

Jean Richepin. "Un emperador".

El siglo XIX no sólo fue muy rico en frutos literarios considerados "universales" (muchos de ellos nacidos en la ciudad cosmopolita y elegante por excelencia en su época: París) sino que, además está lo suficientemente cerca en el tiempo para hacer muy comprensibles algunas de sus costumbres y formas de pensar y lo suficientemente lejos como para resultar exótico, para tener aromas de pasado oscuro y atrayente.

En estos relatos lo macabro se da cita con la crítica social; el asesinato y la contemplación morbosa de la muerte con el egoísmo más frívolo y acendrado. Y las magníficas plumas de estos autores que han sobrevivido mejor (Zola) o peor (Lorrain) los embates del olvido, hacen que sus breves narraciones nos llenen de estupor, sorpresa, indignación o intriga. O todo a la vez. La colección y traducción aporta nombres que en su día conquistaron al público pero que han ido quedando atrás en el recuerdo colectivo. Villiers de L'Isle-Adam, Huysmans, han llegado a nuestros planes de estudios para BUP o COU, hace años, no así Peladan, por ejemplo. Por eso "El vaso de sangre y otros cuentos decadentes de París" es un homenaje que hay que alabar por su valor contra las embestidas de la desmemoria.

Sirve, también, para que reflexionemos sobre nuestra "evolución" frente a temas como el reconocimiento público de la homosexualidad (caso de Lorrain); o la nefasta influencia que una publicidad sin escrúpulos puede ejercer sobre el hombre, debate de total actualidad (ver cuento de Zola donde se demuestra que por realista o naturalista que fuera el famoso autor, también podía dominar un humor muy negro). No faltarán a la cita cierta misoginia muy propia de su tiempo, críticas al puritanismo hipócrita tanto como al vicio superficial. La variedad de autores nos enriquecerá con lo complejo de sus mundos.

Los cuentos, en muchas ocasiones, rondan en torno a la muerte, la hacen protagonista, u omnipresente. La fascinación sobre este acto final de la representación del hombre sobre la tierra es inmensa, se torna incluso total. Una seducción o una atracción de curiosidad malsana; un “enamoramiento”; una ofrenda a su esencia, todo ello se da en el presente libro que nos muestra facetas que hemos querido olvidar a finales del siglo XX y principios del XXI haciéndonos eternos, siempre jóvenes, ajenos a la Canina y su guadaña:

“Continuaba dormido, más pálido, más hermoso; ella, cada vez más conmovida, lo miraba sin cesar. Y una extraña languidez, en la que la piedad y la ternura se mezclaban con no sabía qué de turbadora esperanza, la hacían estremecerse por momentos, prestándole color a sus mejillas. Inclinada sobre él, toda temblorosa, lentamente, con un desfallecimiento de horror, besó los labios ya fríos del joven”.

Catulle Mendès. “La damisela oscura”.

La maestría de los autores aquí congregados y el fino criterio de selección, hacen que el lector sea capaz de emocionarse, asustarse u horrorizarse hasta la médula y el escalofrío con tan sólo unas páginas, creando un mundo excitante, morboso, cerrado y completo a lo largo de unos pocos párrafos, perfectos, eso sí, en su expresión y en su redacción.

La obra resultante no sólo es enriquecedora, inquietante y de justicia (al rescatar a magníficos autores para la lengua española) sino, además, placentera en su lectura, dada su gran calidad colectiva. Una aparición en nuestras librerías que tenemos que aplaudir y recomendar.

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