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HÍGADO DE PERRA y otros poemas. Lina Zenón. Amarillo Ediciones.

Vuelvo hoy al mágico mundo de la poesía, para hablar de los versos de Lina Zerón. Nacida en México, tiene ese arrebato pasional latino que puede verse en los seriales o en las canciones que vienen de su tierra. O en el picante de sus comidas. La poesía de Lina Zerón está cargada de fuerza, de honestidad, de valor, de principios, incluso de rabia o de impotencia. Algo que puede observarse desde el mismo título, ajeno a las melancolías o edulcoración de otro tipo de poesía.

Guillermo Arroniz López • 27/11/2014

Higado | Foto: Uso permitido

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Vuelvo hoy al mágico mundo de la poesía, para hablar de los versos de Lina Zerón. Nacida en México, tiene ese arrebato pasional latino que puede verse en los seriales o en las canciones que vienen de su tierra. O en el picante de sus comidas.

La poesía de Lina Zerón está cargada de fuerza, de honestidad, de valor, de principios, incluso de rabia o de impotencia. Algo que puede observarse desde el mismo título, ajeno a las melancolías o edulcoración de otro tipo de poesía.

El libro está dividido en tres partes. La que le otorga su carácter es la primera, aquella donde el macho decepciona a la mujer y se encuentra con su crítica, su reproche y su juicio, del que nunca saldrá bien parado. Es culpable, culpable y culpable.

“Yo estoy hecho de madera fina

y detecto cuando alguien es desecho de astilla”.

Página 14.

“Ahora el amor es un trasiego de leche cortada,

dos tragos de aguardiente barato,

una cursi película de amor

y un poema en la basura…

igual que tú”.

Página 24.

Y la poetisa es dueña de sí misma, por encima de lo que otros puedan llamar pecado o moralidades: ella es libre y cuando toma una decisión no hay vuelta atrás”.

“Así que ni pienses conmigo echar raíces,

ni que puedes sujetar mis caricias a tu cama.

No soy ave que anida en una sola jaula”.

Página 16.

En la segunda, sin embargo, la realización amorosa es posible, sin que falte alguna recaída en los poemas que hablan de los hombres que no están a la altura. En esta parte la autora habla del calor de los cuerpos con una pasión descarada, con un erotismo directo y sin morderse la lengua, sin necesidad de entrar en la procacidad o la pornografía sin embargo:

“Ven, arrópame con tu alegría de gato callejero,

comamos hueledenoche y siemprevivas,

y hagamos el amor sobre la pila de mis libros

hasta convertirnos en lluvia de poemas”.

Página 41.

En la tercera parte Lina se declara mucho más que una ecologista, haciendo de sus versos un canto a la Naturaleza, una fusión con la tierra, un grito de dolor por la destrucción insensible que la Humanidad hace de su casa y madre.

“Antes de mujer fui pájaro,

y volaba entre primaveras e inviernos

rompía cortinas de aire fresco en cada viaje,

jugaba con la densidad del

viento entre mis alas”.

Página 79.

Su poesía es directa, clara. No exenta de metáforas o comparaciones, pero clara como el agua. Su mensaje tiene que quedar por encima de todo. Están escritos sus poemas para llegar directo, como un hachazo, como una cuchillada cargada, a veces de amor y dicha, a veces de rechazo o de queja. Libre de ataduras formales de formas clásicas o rima, la autora se deja llevar por sus impulsos y los convierte en poesía, poesía que, además se convierte en canciones en la voz de Neiffe Pena y con la música de Ricardo Jáuregui, Manolito Mulet y la propia Neiffe.

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