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Las almas perdidas. Eduardo García.

La novela Las almas perdidas es la precuela de la exitosa Las fieras, y por lo tanto en ella encontraremos las raíces y los orígenes de los personajes de esta última. Pero es una lectura independiente, que bien puede hacerse sin conocer en absoluto el libro que la sigue sin que pierda un ápice de su sentido y contenido.

Guillermo Arroniz López • 11/09/2014

Las almas perdidas | Foto: Uso permitido

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“En 1908 Santa María de Clemente era un lugar pequeño donde todos se conocías. La familia más importante era la Monteverde, de quienes se decía que provenían de Italia. Enrico y Cecilia Monteverde eran una pareja joven y atractiva que poseía el mayor y mejor criadero de ganado de la zona. El río, antes de llegar al pueblo, pasaba primero por su hacienda, la Hacienda Monteverde”.

La novela Las almas perdidas es la precuela de la exitosa Las fieras, y por lo tanto en ella encontraremos las raíces y los orígenes de los personajes de esta última. Pero es una lectura independiente, que bien puede hacerse sin conocer en absoluto el libro que la sigue sin que pierda un ápice de su sentido y contenido.

Eduardo García vuelve a las estanterías de las librerías (y sobre todo de Amazon, esa nueva gran librería casi ilimitada) con un texto lleno de pasiones, calores selváticos, traiciones, ambiciones y fantasía. Y lo vuelve a hacer con un estilo sencillo, directo al lector, que seguirá el trepidante ritmo de la acción sin dudas, con la claridad de una redacción sin barroquismos.

Más que una genealogía propiamente dicha la obra nos habla de la sucesión del tiempo en una propiedad rural de algún extraño lugar en el corazón de América del Sur: la selva, el calor, la humedad y la vida dura. Es una población fantástica, que reúne algunas de las características de los pueblos sudamericanos pero también mágica. Crecerá con los años y los dueños de la hacienda, líderes o jefes sin rival de la zona, se sucederán al mando de la explotación, mostrando los diversos vicios del corazón humano traspasado de ambición, envidia, violencia...

Para compensar la balanza también nos encontraremos con seres puros, de corazón limpio e incluso seres benéficos, conectados con la divinidad o lo espiritual que velan por los más indefensos desde las sombras.

Prostitutas, curas y niños juegan importantes papeles en esta historia donde la ambición y la avaricia afecta por igual a hombres y mujeres. El erotismo está a flor de piel: relaciones homosexuales, lesbianas y por supuesto heterosexuales marcan la pauta desde el principio, siendo el motor de muchas acciones tanto en poderosos como en pobres, en curas o en monjas. Es un erotismo a veces salvaje, que termina incluso en violaciones, pero un erotismo que no se regodea en lo pornográfico, sino que forma parte de la narración de forma notable, pero natural.

Aparte de la abundante acción que podemos encontrar y que satisfará a los lectores ávidos de aventuras y sucesos la novela tiene ese ingrediente de las sagas que nos hacen pensar en el paso del tiempo y las generaciones donde los objetos y las tierras, los odios y las rencillas permanecen aun cuando los personajes cambien, se vayan definitivamente o se retiren de la primera línea.

Un bocado para los amantes de las sagas y de los autores dados a las pasiones.

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