Llega una nueva historia de invisibilidad lésbica

“Visibles - (Historias sobre la Invisibilidad lésbica)”, el proyecto que realiza Betsabé Donoso, tiene una nueva historia qué contar.

Ariel Alan • 09/08/2016

invisibilidad lésbica - Betsabé Donoso | Foto: uso permitido

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Sandra, una conductora de camiones de 45 años de edad, es la protagonista de una nueva edición de “Visibles - (Historias sobre la Invisibilidad lésbica)”, el proyecto que realiza Betsabé Donoso. “Tenía 22 años cuando estuve segura de que era lesbiana”. De esta manera comienza este testimonio.

“No tan visibles son todas las historias que hay detrás de cada individuo, porque estas son de cada una de nosotras, aunque también pertenezcan al todo. Invisibles son las situaciones por las que hemos pasado muchas al intentar de sentirnos parte de una sociedad a la cual lo único que le importa es buscar qué tienen nuestras vidas de rentable”. Así define Donoso a su proyecto de visibilización. “No tan visible es esa situación por la que pasamos muchas cada día, esa dificultad de relacionarnos con libertad con otras personas en un mundo que nos ha robotizado e informatizado. Invisible es el miedo que podemos sentir de salir del armario y de decepcionar a los que nos rodean, de sentirnos atacadas por vivir nuestra orientación sexual con libertad en los distintos ámbitos donde nos movemos y todo esto se hace latente cada día, especialmente para ti, para mi, para ella, para la mujer que vive todavía escondida en un armario..”. “Este proyecto nace de la necesidad que veo y siento de dar visibilidad a una parte de la sociedad de la que me siento parte y que considero que no es tan visible como a simple vista pudiera ser. Visibles se presenta como un juego de palabras: Visible – Invisible, porque tú te haces visibles para ayudar a otras a salir de su invisibilidad”, añade.

Y volviendo a la nueva historia, la de Sandra, relata: “Cuando lo tuve claro, rápidamente se lo quise contar a mis amigas más cercanas, porque quería sentirme más libre o olvidarme del tema, quería que la gente que me quería o que yo quería fueran los primeros en saberlo. Algunas reaccionaron muy bien, otras me dijeron que ya lo sabían y a otras les chocó un poco”.

“De mi familia, a la única que se lo dije fue a mi madre, fue una vez que venía de fiesta y estaba un poco contenta, pensé que así me sería más fácil. Ella se quedó callada, no dijo nada, yo le pregunté si me seguía queriendo igual y ella me dijo que sí. Ella fue la que se lo dijo al resto de mi familia, muchos me dijeron que ya lo sabían.

La verdad es que a mí no me cuesta decir que soy lesbiana, siempre y cuando teniendo cuidado y sabiendo a quien se lo digo, porque no todo el mundo lo acepta de la misma manera, pero si alguien me lo pregunta o tengo que decirlo lo digo sin más, no tengo problemas para salir del armario, que allí dentro hace mucho calor”, explica.

“Y la gente, cuando sabe que soy lesbiana, lo asimila bien, aunque hay gente que también lo lleva peor, pero me siguen tratando igual y no he tenido problemas. Bueno, recuerdo encontrarme mucho tiempo después con una amiga, de esas de toda la vida, de las que conoces de la infancia; hablando con ella se lo dije y reaccionó un poco mal, le chocó bastante, pero al cabo de los días me llamó y me dijo que no pasaba nada”, manifiesta.

El relato completo, puede leerse en el siguiente link.

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