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Lo que no se dice. Varios autores. Dos bigotes.

He aquí el libro del que todo el mundo (o al menos todo el mundo gay) está hablando; algo que sucede cuando se convocan a los autores que llevan años -casi todos- demostrando su gran talento literario y los editores se toman todo el trabajo de una promoción inteligente y profusa. Gonzalo Izquierdo y Alberto Rodríguez propusieron a estos once escritores el tema homosexual desde los tópicos culturales Españoles (la mayúscula es mía).

Guillermo Arroniz López • 11/12/2014

Lo que no se dice. | Foto: Uso permitido

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“La adolescencia es una edad tempestuosa y tornadiza. La gobiernan –más si cabe que en otras edades- las hormonas, los humores y las glándulas corporales. En esa etapa, la eternidad tiene, en el mejor de los casos, una duración de seis meses”.

Páginas 17 y 18. “El esplendor en la hierba”. Luisgé Martín.

He aquí el libro del que todo el mundo (o al menos todo el mundo gay) está hablando; algo que sucede cuando se convocan a los autores que llevan años -casi todos- demostrando su gran talento literario y los editores se toman todo el trabajo de una promoción inteligente y profusa.

Gonzalo Izquierdo y Alberto Rodríguez propusieron a estos once escritores el tema homosexual desde los tópicos culturales Españoles (la mayúscula es mía). Y así nacieron estos textos que van desde los toros a la Navidad o la fe católica a los mitos eróticos de los ochenta o quizá los rumores (algo que no sé si es sólo Español pero es Español sin duda), pasando por el flamenco o la culpabilidad de aquellos primeros homosexuales que vivieron relaciones de pareja en los albores de la democracia. No es fácil a veces resumir estos cuentos a un solo tópico. No son, digámoslo ya, cuentos para niños, ni cuentos simples. Y la variedad de nombres nos permite también entender perfectamente la diferencia de estilos, de temáticas, de formas de relatar, de dirigirse al lector... Escribir es, literariamente hablando, mucho más que poner palabras en un papel o en una pantalla de forma que contengan un sentido. El buen trabajo de todos estos autores nos permite apreciarlo.

Todos los cuentos están bien escritos. Con talento, con saber hacer, con dominio de esa gran herramienta y ese regalo que es la lengua Española; pero también con conocimiento sobre las técnicas literarias y los recursos compositivos. Y guardan entre ellos enormes diferencias que más que generacionales (hay autores de muy diversa edad) son personales: la gran riqueza proviene de que cada uno de ellos aporta un universo diferente que abre puertas a los ojos de los lectores quienes, por su parte, podrán sentirse más afines a uno u otro relato, a un contenido u otro, a un ritmo o al siguiente... pero pudiendo apreciar el trabajo bien hecho en todos los casos.

Hablamos de homosexualidad, sí, de hombres que sienten deseo por otros hombres. Todos los autores hablan de homosexualidad. Y no pocos de ellos siempre han hablado a corazón abierto, sin importar las ventas ni la comercialización. Por eso este libro es auténtico, formado por cuentos cuyos creadores han creído en la necesidad de hablar de lo que no se dice, de aquel amor que no se atreve a decir su nombre, de lo que hubo que callar para conservar la vida o el respeto social... para no acabar en una marginación. Algo en lo que se avanza pero sobre lo que falta mucho por hacer. De ahí que el carácter "didáctico" de algunos textos tenga sentido aún en pleno siglo XXI.

Cada uno de los relatos, sin duda, merecería una reseña por sí solo, pero por razones de espacio los citaremos brevemente y dejaremos que, picado por la curiosidad, el lector quiera descubrir todas las voces en detalle.

Empezamos por un relato en el que el amor toma la forma de cariño intenso mucho más que de arrebato. "Manos mágicas", el relato de Luis Cremades enamora por la emoción que late tras sus palabras, una belleza a la que ya nos ha acostumbrado con "El invitado amargo", aunque aquí con más dulzura y nostalgia que con desgarro como en la novela.

"Todo el coro tendría que morirse por tocarle al verlo tan guapo y tan suave y calentito con ese jersey que dan ganas de no soltarle nunca. No sé cómo pueden contenerse y no echarse encima y pedirle un beso, como hago yo cuando estamos en casa".

Páginas 151 y 152.

Lawrence Schimel, a quien también he tenido el placer de leer y reseñar antes nos regala un texto que tiene como fondo la pasión por el flamenco, por bailar flamenco. Algo que ha sido bandera de lo Español desde hace algunos años. Y también lo adereza con el único travestismo de la colección. Su texto da la esperanza de gentes que aprenden a respetar la diferencia. Notable su intento desde la literatura por enseñar la diferencia entre género e identidad.

“Las matemáticas no tenían ningún sentido para Marcos. No su lógica –era capaz de dar con la respuesta correcta de un problema cuando se ponía a ello- sino su sentido práctico”.

“Estadísticas”. Página 113.

Mucho ojito con los "Hipocampos" del señor Serrano, más conocido (quizá) por Elputo Jacktwist. Este buen señor tiene la manía de utilizar el lenguaje a su antojo y doblarnos, rompernos, cosernos y ablandarnos el corazón, así fuera de piedra. Aquí vuelve a hacerlo pero puede dejar un sabor amargo o desasosegado en el lector pues sus caballitos de mar son muy hijos de una mala suerte cruelmente devastadora... y los rumores capaces de crear identidades falsas, la muñeca dentro de la muñeca dentro de la muñeca...

Luis Antonio de Villena nos habla de la ya mítica mili, y Luisgé Martín del fútbol, ese mundo en el que la homosexualidad sigue siendo un tabú, pero que despierta tanto el deseo del colectivo. Fernando J. López nos lleva al mundo de la negación, de los que no quieren o no saben admitir lo que son o cómo son y Álvaro Domínguez nos lleva al delicado mundo de las reuniones familiares donde el machismo echa chispas, un relato que me recordó a aquella película dirigida por Jodie Foster, "A casa por vacaciones", si no recuerdo mal.

A Óscar Hernández hace especial ilusión verle de nuevo en las librerías, aunque no ha dejado nunca de estar porque su "El viaje de Marcos" es un clásico vivo entre los homosexuales de este país. Su relato "¿Azul o verde?" nos devuelve a esas historias románticas en las que el amor vence cualquier obstáculo, incluyendo la claustrofobia y el aislamiento de los lugares pequeños y alejados del mundo. Meritorio el uso múltiple de la metáfora contenida en la dualidad del título.

Con "Fábula del mirar opaco" Lluís Maria Todó nos devuelve a una Cataluña que bullía en silencio social y políticamente... y a esos grupos de adolescentes como los Boy Scouts y similares donde la adolescencia a punto de despertar nos recordaba las brillantes páginas de Torcuato Luca de Tena en "Edad prohibida".

El relato de Eduardo Mendicutti, "Canela y oro" es, sencillamente, canela en rama. De una perfección técnica abrumadora con ese campo semántico del mundo del toro que le sirve para seguir la técnica del cuplé: decirlo todo sin mencionar explícitamente nada. Un relato de erotismo descarado y valiente que nos hará reír y disfrutar. Una faena para salir por la puerta grande.

Y así llegamos a Óscar Esquivias, con un relato de longitud mayor que los demás lo que le permite (bien usado el espacio) que colamos especial afecto a los personajes -algo que también sucede en el de Cremades, aun siendo más breve y que sepamos más de sus vidas y sus formas de pensar. Con la grandeza de dejar que sea el lector quien decida su posición frente al texto, yo me quedo con el respeto por la religión de cada uno y la libertad de ser uno mismo por encima del credo oficial, una lección que muchos homosexuales han aprendido en carne propia. Un relato exquisito donde la crisis espiritual no tiene por qué desembocar en la desesperanza.

“Un día, por casualidad, me encontré con Ismael. Fue en el parque de Fuentes Blancas, a finales de octubre, en una mañana otoñal en la que los chopos habían mudado el color de las hojas y se habían revestido con sus capas pluviales doradas, esplendentes. Las ramas tamizaban y casi pintaban la luz del sol de oro viejo y cantaban como sonajeros al levantarse el viento”.

“Todo un mundo lejano”. Página 60.

En definitiva un libro para no perderse. Motivos: once elevados a la enésima potencia.

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