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Lo que sueñan los insectos. Javier Quevedo Puchal. Punto en boca.

Hace años que Javier Quevedo Puchal empezó a despuntar con un trabajo literario que ha tenido sus (merecidos) reconocimientos. El último el premio Nocte a la mejor novela de terror en 2012 por "Cuerpos descosidos". "Lo que sueñan los insectos" constituye, en mi opinión, un nuevo nivel, un paso adelante. Un gran paso adelante.

Guillermo Arroniz López • 19/09/2013

Lo que sueñan los insectos

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“A decir verdad, se me antoja más guapa de lo que Milena me había mencionado, por mucho que se empeñe en sepultar su atractivo natural bajo toda una pila de accesorios. En la cabeza no le caben más trenzas y abalorios y, a ojo de buen cubero, le contabilizo hasta seis piercings (dos en la oreja izquierda, uno en la ceja derecha, otro en la nariz y dos más en el labio inferior). Más que una licenciada en ciernes, parece la bruja de una tribu perdida”.

Página 90.

“Tras el mostrador, Adela se encuentra, más que sentada, desparramada en su silla. No sé si no nos ha visto o solo está demasiado cansada como para transformarse en la alegría de la huerta, pero el caso es que se mantiene abstraída leyendo uno de esos superventas chuscos que no consigues evitar ni esquivando librerías”.

Página 232.

Hace años que Javier Quevedo Puchal empezó a despuntar con un trabajo literario que ha tenido sus (merecidos) reconocimientos. El último el premio Nocte a la mejor novela de terror en 2012 por "Cuerpos descosidos".

"Lo que sueñan los insectos" constituye, en mi opinión, un nuevo nivel, un paso adelante. Un gran paso adelante.

La nueva novela de Javier Quevedo es una alegoría permanente. Para el lector refinado no será difícil encontrar comparaciones (más que metáforas puras, lo que hace más fácil la lectura) de agudeza notable, a veces no exenta de poesía. Pero cuidado, la obra no es un poema en prosa. Nada más lejos de la realidad. La narratividad es la naturaleza del texto. La prosa fluye y con ella los acontecimientos que mantendrán bien atento al lector.

El texto es de terror psicológico: hay sangre y dolor físico pero los justos. Si se hiciese la película de la obra no había mucho gasto en sangre ni en ketchup. El miedo es lo que gobierna la historia. Los miedos. Fino terror hecho con la materia del famoso dicho "Cuidado con lo que deseas". Los deseos, en mano de este autor, se convierten en las más terribles pesadillas.

El personaje narrador es, además, un hallazgo. Una de esas personalidades complejas y observadoras donde los prejuicios y las ideas pre-concebidas se rompen como cristal bajo una apisonadora: es un hombre fuerte, pero eso no le hace inculto; es un hombre que cree en otras realidades y no sólo en lo que ven sus ojos, pero eso no le ha vuelto alguien roto por el miedo; ha tenido oficios poco valorados en el mundo laboral (por decirlo de una forma elegante) pero eso no le convierte en un inútil. Las personas son así de complejas y por eso el retrato resultante es realista hasta el mínimo detalle, a veces casi el personaje podría considerarse como un Antonio López de las letras. ¿Puede el hiperrealismo conjugarse con la novela de terror? A las pruebas me remito: este libro demuestra que se puede y que se puede hacer bien, sin que chirríe ninguna pieza del mecanismo. De hecho esa carga de realidad hace que la historia se vuelva verosímil a pesar de su contenido fantasmagórico o, mejor dicho, demoníaco.

Ese observador tiene un juicio crítico para todos igual para los que sufren de exceso de gomina (la expresión es mía, no del autor) como para los que se las dan de artistas sin serlo; las instituciones aprovechadas; las hipocresías sociales. Y esa palabra exacta que encuentra para definir los hechos y a las personas está bien explicada por su pasión por la lectura, por la buena lectura.

El personaje que pone en contacto este mundo con “otros” por su capacidad de aplacar o ahuyentar demonios (algunos) con su mera presencia, comparte con otra de los personajes de Cuerpos descosidos un don especial, que nos pone en contacto con algo más allá de lo físico, de lo que vemos, de lo que nos han enseñado que se puede creer tocando, como santo Tomás. Se trata de una mujer cuya historia familiar viene marcada por el drama de los diablos y las presencias perversas o perdidas. El libro nos cuenta cómo esa mujer debe buscar, quizá gracias a sus especiales poderes, a una amiga desaparecida años atrás, la hija de un famoso hombre del cine, ya mayor y venido a menos. Por el camino, ella y su pareja, el narrador de la historia, se encontrarán con algo parecido a una secta y… Dejo al lector que descubra si son capaces de encontrar la pista de esa amiga de la primera juventud y cuál es el camino que siguen para ello. Son piezas demasiado apetitosas del puzle como para encajarlas en esta reseña.

En definitiva una novela que atrapa, que engancha, que nos asusta y al mismo tiempo nos hace preguntarnos de la materia emponzoñada de la que están hechos los deseos que cuando no se cumplen se pudren y duelen, y cuando se cumplen se esfuman dejando un efímero aroma de placer que se desvanece sin dejar apenas memoria. Un autor que se consolida con una magnífica obra para todos los lectores, sean afines al género o no. Muy muy muy recomendable.

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