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Nudos de cereza. Ignacio Cid Hermoso. Punto en boca.

"Nudos de cereza" es una novela negra, detectivesca, que engancha, que mantiene al lector deseando saber quién, por qué y hacia dónde seguirá la historia una vez desvelado el secreto del culpable o criminal de un delito cuya víctima se conoce bien pronto pero cuyas víctimas, como en casi todo crimen, son muchas más que aquella que pierde físicamente la vida

Guillermo Arroniz López • 23/12/2014

Nudos de cereza | Foto: Uso permitido

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“Carol pensaba que era lesbiana, o que con el tiempo lo sería. En realidad, no le importaba demasiado. Incluso estaría dispuesta a hablar de chicas con ella, si alguna vez se lo pidiera. Pero, por aquel entonces, lo cierto es que a Alejandra no le preocupaban demasiado los chicos ni las chicas.

Al menos, no hasta ese día, en el que aprendió a la fuerza que existía una cosa que se llama sexo y que dividía al mundo en dos”.

Página 112.

“No corría brisa alguna. El calor era pegajoso y amenazaba con atravesarles la piel. Sudaban por cada poro, abriéndose al verano como dos flores silvestres. Arrojaban los huesos de las cerezas al agua, donde pasaban a formar parte del torrente y trazaban azarosas trayectorias, dulces para los peces”.

Página 293.

"Nudos de cereza" es una novela negra, detectivesca, que engancha, que mantiene al lector deseando saber quién, por qué y hacia dónde seguirá la historia una vez desvelado el secreto del culpable o criminal de un delito cuya víctima se conoce bien pronto pero cuyas víctimas, como en casi todo crimen, son muchas más que aquella que pierde físicamente la vida

"Nudos de cereza" no es una novela amable ni una novela romántica. No es una novela para estómagos delicados. Es una novela por momentos tan verosímil que parece un programa televisivo como aquel desaparecido "¿Quién sabe dónde?" o algunos espacios de investigación social que se retransmiten hoy. Hay circunstancias como la relación del protagonista con la policía o la visita para identificar un cadáver que pueden resultar extrañas para un lector que no las haya conocido en la vida real, esa parte de las historias que uno se pregunta si realmente son así, pero no muy distintas de escenas vistas muchas veces en series de gran éxito como CSI o Mentes criminales o algunas españolas como Policías.

La estructura se basa en numerosos flashbacks a un pasado donde la historia paralela a la investigación detectivesca llevada a cabo por el periodista que protagoniza ambas partes de la narración se desarrolla ante nuestros ojos para dejarnos un poso de tristeza porque hay infancias muy duras que vienen marcadas por el drama y el dolor y porque a veces ese dolor transforma a las personas en seres de defectuosa capacidad de comunicación, en gente de afectos incapaces de mostrarse, extraviados, confusos... El dolor es lo que domina la novela. El dolor por la persona cuya vida fue arrebatada, por las ausencias, por la incapacidad de transmitir el amor que uno querría haber recibido…

Hay dos familias representadas en la obra y ninguna de las dos resulta feliz; ninguna de las dos consigue seguir los rieles de lo que sería una “vida familiar normal”. Lo cual sólo vendría a secundar la idea de que la normalidad no existe.

En cualquier caso las implicaciones de la novela a nivel moral van más allá de lo que parecen plantear al principio, dejando al lector con la boca abierta al preguntarse si lo que quería decirnos el autor es algo que ha estado ocultando hasta el final con la forma de otra cosa. Como si compráramos una matrioska y dentro nos encontráramos un móvil de última generación en lugar de la serie de muñecas cada vez más pequeñas que esperábamos.

En este punto cabe preguntarse qué perseguía el autor, si engañarnos magistralmente, o si vestir con una forma atractiva un drama mucho más seco y amargo del que podríamos haber imaginado inicialmente.

La novela, para mí, plantea, numerosas veces, una pregunta: ¿son nuestros afectos como “deberían”? Y se despliega de muchas formas: ¿cómo debe una abuela querer a una nieta que se ha quedado huérfana?; ¿cómo debe querer un hermano a una hermana?; ¿cómo deben ser los cariños entre los amigos de la infancia?; ¿queremos a nuestras parejas e hijos como se merecen y como necesitan? Y aunque la historia contenga una cantidad de tragedia terrible las preguntas quedan para cualquier vida que vivamos, y en ese sentido la prosa del autor se vuelve universal.

Un libro inteligente e inusual.

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