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Qué fue del niño de la Nocilla. Enric Escudé. Punto en boca.

Este libro, que esperamos sólo sea el primer tomo de los que tengan que venir, pues el autor es muy joven, tiene por contenido la autobiografía del modelo, presentador y cantante Enric Escudé. El que fuera, de niño, la imagen de los famosos tarros de la crema de leche, cacao, avellanas y azúcar, nos relata el camino minado hacia la fama hasta el día de hoy. Minado, en primer lugar por su naturaleza competitiva y obsesiva (que él mismo reconoce) y que le provocó, entre otras cosas, unos severos trastornos alimenticios y más de un episodio suicida a base de pastillas.

Guillermo Arroniz López • 30/10/2013

Portada del libro Qué fue del niño de la Nocilla

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“Mi madre estaba sumamente preocupada por mí. A finales de los 80 y principios de los 90, la palabra anorexia no se usaba aún y, por lo tanto, ella no la conocía”.

Página 33.

“Pero ante tal experiencia empecé a reflexionar y pensé:« Un momento, Enric. Si están haciendo un casting para seleccionar un modelo que luego va a tener que desnudarse, valorarán más si ven que no tienes ningún tipo de pudor en despelotarte delante de la cámara, aunque sólo sea una prueba». Así que a partir de ese día cuando me decían que podía quitarme la ropa, lo hacía, pero en lugar de quedarme en tanga me quedaba en pelota picada. Me encantaba esa situación. Notaba que era yo quien llevaba la sartén por el mango y la controlaba”.

Página 75.

Este libro, que esperamos sólo sea el primer tomo de los que tengan que venir, pues el autor es muy joven, tiene por contenido la autobiografía del modelo, presentador y cantante Enric Escudé.

El que fuera, de niño, la imagen de los famosos tarros de la crema de leche, cacao, avellanas y azúcar, nos relata el camino minado hacia la fama hasta el día de hoy. Minado, en primer lugar por su naturaleza competitiva y obsesiva (que él mismo reconoce) y que le provocó, entre otras cosas, unos severos trastornos alimenticios y más de un episodio suicida a base de pastillas.

También es de destacar la ingenuidad con la que Enric Escudé relata todos estos tristes sucesos de su vida, y la insistencia con la que pide perdón por los daños causados a su familia, en especial a su madre. Ni los años en televisión, ni su frustrado intento de auto-distribuir con éxito su disco, ni las supuestas presiones ejercidas para que no le hayan vuelto a ofrecer trabajo de presentador parecen haber agriado su carácter ni haber maleado su intención. Estas memorias no contienen carnaza, ni críticas feroces. Cuando habla de los malos consejos recibidos no pone nunca nombre propio. Cuando hay que buscar culpas busca siempre primero la suya.

Eso es lo más sorprendente de este libro breve con muchas fotografías y documentos como un parte de ingreso en hospital: el tono, la ausencia de maledicencia en esta época en la que mucha de la "prensa rosa" es estercolero hediondo de la humanidad más ignorante.

Aunque el estilo del libro es sencillo, sin piruetas literarias ni estructuras complejas, se puede afirmar que tiene otros valores como contar los malos momentos, las debilidades que todos, como humanos, tenemos. La sinceridad de reconocer que fue su espíritu competitivo y obsesivo el que le llevó a la anorexia y la bulimia constituye un importante testimonio que podría ayudar a otros que padecen similares problemas. No es de extrañar: son aquellos que suelen llegar más alto y tener más talento y ganas de llegar, los que muchas veces se enredan en depresiones atroces que terminan en suicidio o intentos de suicidio si no suben tan alto como se habían imaginado o auto-exigido a sí mismos.

Pero es importante que gente que ha tenido éxito lo explique pues los adolescentes, edad en la que se sufre más este tipo de problemas, suelen tenerlos como modelos de referencia.

El resto del libro: el regreso a un cauce más saludable, los contratos con las televisiones y el encuentro de una profesión reconfortante que le hacía feliz nos hablan de cómo es posible salir del pozo o la espiral, sin por ello dejar de reconocer que el problema nunca termina de raíz y definitivamente y que los buenos hábitos ayudan a "mantenerse en equilibrio".

Es fácil coger aprecio a Enric (a quien no conozco) por su libro: su positividad, sus ganas, la ausencia de espíritu destructivo, el agradecimiento (en este caso sí, con nombres propios) a todos cuantos le ayudaron, el reconocimiento de su propia culpa... hacen que el lector deseche cualquier tipo de divismo o altanería en el popular presentador. Un testimonio muy directo y sencillo de que "los ricos también lloran" por decirlo de algún modo, que esperamos sirva no sólo para que Enric Escudé exorcice fantasmas del pasado sino también para que algunos lectores puedan aprender "en carne ajena" las malas pasadas que una actitud determinada puede jugarnos en la vida.

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