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Raquel: una nueva historia de invisibilidad lésbica

La protagonista de una nueva edición de “Visibles - (Historias sobre la Invisibilidad lésbica)” es Raquel, una médica de 55 años.

Ariel Alan • 05/09/2016

Raquel- Invisibilidad lèsbica | Foto: Uso permitido

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Raquel, una médica de 55 años, es la protagonista de una nueva edición de “Visibles - (Historias sobre la Invisibilidad lésbica)”, el proyecto que realiza Betsabé Donoso. “Creo que siempre he sabido que soy lesbiana, aunque, segura segura, estuve como a los 12 años, cuando me di cuenta de que sólo quería estar con chicas y que los hombres no pintaban nada en mi vida”.

De esta manera comienza este testimonio.

“No tan visibles son todas las historias que hay detrás de cada individuo, porque estas son de cada una de nosotras, aunque también pertenezcan al todo. Invisibles son las situaciones por las que hemos pasado muchas al intentar de sentirnos parte de una sociedad a la cual lo único que le importa es buscar qué tienen nuestras vidas de rentable”. Así define Donoso a su proyecto de visibilización. “No tan visible es esa situación por la que pasamos muchas cada día, esa dificultad de relacionarnos con libertad con otras personas en un mundo que nos ha robotizado e informatizado. Invisible es el miedo que podemos sentir de salir del armario y de decepcionar a los que nos rodean, de sentirnos atacadas por vivir nuestra orientación sexual con libertad en los distintos ámbitos donde nos movemos y todo esto se hace latente cada día, especialmente para ti, para mi, para ella, para la mujer que vive todavía escondida en un armario..”. “Este proyecto nace de la necesidad que veo y siento de dar visibilidad a una parte de la sociedad de la que me siento parte y que considero que no es tan visible como a simple vista pudiera ser. Visibles se presenta como un juego de palabras: Visible – Invisible, porque tú te haces visibles para ayudar a otras a salir de su invisibilidad”, añade.

Y volviendo a la nueva historia, la de Lucía, relata:

“A mis hermanos se los dije cuando tenía unos 20 años, y no tuve problemas con ellos, como éramos todos hombres, incluso hablábamos de las chicas cuando pasaban, de cómo estaban y eso. A mi padre no se lo he comentado todavía, aunque él lo sabe, evidentemente. A mi madre se lo conté cuando tenía 32 años, en esa época empecé a venir al ambiente de Madrid y, un día que estábamos comiendo con uno de mis hermanos, le dije “Madre, te voy a decir una cosa” y mi hermano “Yo me voy”, “¡No!”, le dije, ¡Siéntate ahí..., madre, que me gustan las mujeres” y mi madre “¡Ay! Si casi ya me lo esperaba yo, ¡Hija mía! ten cuidado con tu trabajo, ¡Ay Dios mío! A ver si lo vas a perder” y yo “Que no madre, que no lo voy a perder, que no te preocupes, que yo me voy a Madrid, que aquí en el pueblo no voy a estar con gente, que no me quiero complicar la vida en los pueblos”. Y ella “¿Por qué no te quedas aquí en el pueblo? Y quédate aquí y estate siempre con Milagros” (fíjate si sabía mi madre con quién estaba yo, Milagros fue la chica con la que estuve toda la carrera, de los 18 a los 25 años); yo ya hacía tiempo que había acabado esa relación, además yo ya iba a Madrid y me había despendolado, ya había conocido el ambiente... Yo creo que el afán de mi madre era de que no perdiera el trabajo de médico, quería, como madre, protegerme, que no me hicieran daño los pacientes, que no me mirasen mal...”

El relato completo, puede leerse en el siguiente link.

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