Stonewall: el origen de una revuelta

Martin Duberman firma esta crónica de una rebelión anunciada desde seis puntos de vista, los de seis personas (Jim, Foster, Yvonne, Karla, Silvia y Craig) que fueron clave en el desarrollo y ejecución del gran hito LGTB de la historia.

Bastian • 01/09/2018

Stonewall: el origen de una revuelta | Foto: Uso permitido

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Stonewall: El origen de una revuelta es un documento histórico en toda regla- y no sólo por el valor que tiene para el movimiento LGTB sino también por su radiografía de la sociedad estadounidense y su lado más revolucionario durante la década más agitada del siglo XX, los 60. Además de las reivindicaciones gays, se entremezclan los movimientos por los derechos de los negros, los feministas y los antiguerra (en este caso, al de Vietnam), con los que las primeras manifestaciones LGTB se fusionó puntualmente ante el enemigo común: el sistema heteropatriarcal establecido por los blancos protestantes. Todo este clima político constituye la base y escenario de la labor recopilatoria del autor, quien ha tejido la narración a partir de testimonios, entrevistas, artículos de prensa de la época, etc. para explicar el antes, el durante y el después de Stonewall. Porque, obviamente no todo pasó de la noche a la mañana (nunca mejor dicho) aquella madrugada del 28 de junio de 1969. De la mano de Duberman y sus seis principales invitados, viajamos desde los 50 hasta los 70 del siglo pasado para asistir a la evolución de una revuelta que empezó siendo de unos pocos seres humanos, osados y rebeldes, que plantaron cara por y para el bien de todos los homosexuales de Occidente.

Los seis protagonistas del libro son cada uno de su padre y de su madre, si se me permite la expresión. Diferentes orígenes, etnias, condiciones, status, niveles de marginalidad en un Nueva York cuanto menos hostil que acabaron confluyendo en las revueltas. Aunque, el proceso hacia la actuación conjunta no fue fácil. Gracias a sus testimonios, aprendemos que no todo fue bonito y cordial. La diversidad, que debería haber sido la gran baza desde el principio fue más bien un obstáculo que casi da al traste con el movimiento por culpa de la excesiva politización que algunos hicieron de la lucha. A través de sus voces, asistimos a verdaderas luchas de egos y poder para controlar diversas asociaciones, la dificultad para unirlas en una única organización a nivel estatal, el machismo de los gays respecto a lesbianas y transexuales (a estos últimos no se los quería ver ni en pintura en algunas reuniones), los prejuicios internos, la estrecha relación con la Mafia (propietaria de la mayoría de los locales de ambiente de la Gran Manzana) y el descontento a título personal de alguno de ellos.

Muchas de aquellas diferencias se disiparon la noche de los hechos en la que tuvieron que utilizar la violencia para evitar ser pisoteados de nuevo por el sistema. Pese a las discrepancias que, aún hoy en día, existen sobre quién atacó a tal policía o a quién pertenecía la mano que arrojó un ladrillo contra el ventanal del Stonewall, fue entonces, y a partir de entonces cuando surgió una mayor conciencia de colectivo.

Otro plato fuerte de este libro es el carácter emotivo de las relaciones interpersonales, sobre todo entre las personas más marginadas, como Sylvia, transexual de origen hispano, o Yvonne, lesbiana y negra, tuvieron que compaginar su lucha por los derechos con su propia cruzada (o la de sus allegados) con el mundo de la prostitución, las drogas, los abusos policiales, etc.

Si algo queda claro después de la lectura de Stonewall: El origen de una revuelta es que estamos en deuda con toda esa gente que se enfrentó a su miedo a ser señalados y apartados (aún más) de la sociedad y dijo basta; que, gracias a todas esas almas, hoy tenemos los desfiles erótico-festivos que tanto gancho comercial tienen; y que debemos recoger el testigo y continuar con la labor para que el resto de los humanos que no pertenecen a Occidente puedan disfrutar de las mismas libertades. Si bien es cierto que tenemos un trabajo considerable por delante, pues los niveles de plumofobia, serofobia, misoginia y transfobia han repuntado en los últimos años. Está en nuestras manos hacer que lo que pasó en Stonewall siga sirviendo para algo.

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