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Tender un puente. James Martin

Tender un puente. Cómo la IGLESIA CATÓLICA y la COMUNIDAD LGBTI pueden entablar una relación de respeto, compasión y sensibilidad. James Martin. Lo más importante que he de decir sobre este libro, lo más urgente, es que está escrito con amor y con inteligencia, desde el amor y desde el conocimiento.

Guillermo Arroniz López • 13/12/2018

Tender un puente | Foto: Uso permitido

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Y todo cuánto se hace con amor, desde el amor y por amor (al prójimo) merece mi respeto y mi apoyo.

El autor, que ha elegido un lenguaje muy sencillo y fácil de entender, no parece buscar la medalla teológica, ni ningún tipo de reconocimiento literario, y es consciente de la alambrada de espino que no sólo rodea sino que forma parte intrínseca del tema que va a abordar. El padre Martin, sin embargo, no muestra miedo, ni escribe desde la prepotencia de quien todo cree saberlo, y utiliza una exquisita inteligencia para evitar herir ni a unos ni a otros. Parece, a veces, que lo que dice este jesuita, es obvio y simple... Y sin embargo, qué difícil es esta sencillez (aparente) de abordar con honestidad y amor asuntos tan complejos y delicados por su impacto en las emociones más importantes del ser humano como son la fe en Dios, el sentirse acogido o rechazado, la autoaceptación o el hallar una identidad.

El ensayo se estructura en cuatro partes y es el resultado de una ampliación de una obra previa. La primera parte nos habla precisamente de ese puente que se quiere establecer entre la Iglesia Católica y la Comunidad LGTBI, basado en tres dobles pilares: el respeto, la compasión y la sensibilidad de cada una de las partes para con la otra. La profundización que James Martin hace en cada uno de esos vocablos es hermosa y configura el corazón del libro.

Leer a un sacerdote católico y encontrarse con estas palabras: "Ha habido personas LGBTI creyentes, consideradas, inteligentes, comprometidas y amables que han enriquecido mi vida espiritual de incontables maneras"; o estas otras: "Las personas LGBTI también están llamadas a ser santas, como lo estamos todos. Debemos también, por tanto, considerar el hecho de que, probablemente, algunos santos y santas fueron gais, lesbianas o bisexuales" puede producir -y de hecho produce- una sensación de bálsamo para todos los que, creyendo en Dios, conociendo la palabra del Evangelio, y sintiéndose llamados por Cristo, se han visto tantas veces no sólo rechazados sino culpados, señalados, estigmatizados. Lo que hace este libro al usar adjetivos positivos para hablar de personas LGBTI, y poner casos concretos de gente LGBTI o de su entorno que hacen cosas bondadosas, es -en mi humilde opinión- "desdemonizar" a las personas de esa Comunidad por el mero hecho de ser lo que son. En este sentido elegir dos parábolas con samaritanos como protagonistas me parece especialmente atinado pues el samaritano nace siéndolo y nacer en un lugar u otro no es, por sí mismo, o no debería considerarse algo malo.

De hecho el autor tiene el valor de mencionar personas -con nombre y apellidos- cuyos actos heroicos le hacen considerarlos santos.

La segunda parte está constituida por una serie de pasajes bíblicos, comentarios a los mismos, y una serie de preguntas que animan a la reflexión, especialmente de los miembros de la comunidad LGBTI, pero también alguna para "familiares, amigos y allegados" de esas personas. En esta parte encontramos fragmentos tanto del Antiguo Testamento (Génesis, Éxodo, Salmos) como, por supuesto, del Nuevo (Corintios, Mateo, Lucas -por quien me parece apreciar una especial inclinación-, Juan). De esta forma creo que queda claro que el autor nos dice -de forma indirecta- que en la Biblia, en toda ella, podemos encontrar consuelo, amor, camino, para todos nosotros, con independencia de quiénes seamos.

Todos ellos son hermosos y todos son relevantes, pero -aparte de la extrema belleza de los Salmos- quiero volver a destacar el relativo a la samaritana del pueblo de Sicar, más conocida por el pozo y el agua viva. Y lo destaco porque Cristo elige una mujer samaritana -dos colectivos, digamos no prioritarios en aquella época para los judíos. Pero no sólo es una mujer samaritana, sino alguien que se ha casado cuatro veces y que vive con un hombre que no es su marido. Pero el Señor no se aparta de ella sino que la pide de beber... y más allá: deja que dé la nueva de su presencia al pueblo, es decir, la permite convertirse en su mensajera, en la mensajera de su llegada. Es lo mismo que decía Martin de que todos estamos llamados a ser santos. Todos es todos, pecadores, hombres, mujeres, samaritanos o judíos.

La siguiente parte es la más breve, pero no por ello la más irrelevante, pues consiste en una oración. Y una oración siempre tiene un valor incalculable pues puede llenar el alma de paz y amor.

Nada más que alabanzas puedo decir de un texto que empieza diciendo: "Dios amoroso/tú me hiciste tal como soy", y más adelante añade: "Jesús amó a todos con el amor que tú le diste./Y también me ama a mí". Con recordar esas dos cosas creo que todos podríamos sentirnos más amables con los demás, y sobre todo despejar nuestras dudas e inseguridades.

Para acabar se plantean una serie de preguntas que invitan a la reflexión, individual o en grupo, planteadas sobre una especie de resumen o guion de la primera parte, que constituye la esencia y da nombre al libro.

El libro no da respuesta a preguntas como si la Iglesia debería aceptar el matrimonio entre personas del mismo sexo ni si la castidad es requisito indispensable para los miembros de la comunidad LGBTI que algunos quisieran ver contestadas en un sentido u otro, pero llega lejísimos porque predica el amor, y eso es siempre lo más valiente, revolucionario y hermoso que se puede hacer. No se pretende poner solución a todos los conflictos, sino poner piedras para acercar ambas orillas. Empezar por aquello que más llena en cauce del río y puede ensancharlo no habría sido lo más inteligente. Aunque no evita hablar de los temas más dolorosos para la Iglesia como pueden ser los abusos ni tiene reparo en decir claramente que es la Iglesia quien tiene un mayor peso o responsabilidad en este puente, desde su punto de vista.

Hacen falta muchos libros comos éste, que hablan del respeto y la compasión por las personas. Y muchos, muchos lectores, capaces de abrir su corazón a ese mensaje. Gracias, padre Martin.

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