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10 cineastas que hacen cine queer en Hollywood, aunque no sea abiertamente gay

Hay tantas maneras de entender el cine queer como cineastas dispuestos a hablar y exponer la cultura gay sin hacerlo abiertamente. Que ningún estudio te diga que las películas con personajes LGTB no venden entradas o no interesan a las 'majors' de Hollywood.

Jackeltuerto • 23/10/2016

10 cineastas que hacen cine queer en Hollywood, aunque no sea abiertamente gay | Foto: Youtube

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Perplejo me quedo al leer que un estudio realizado a lo largo de tres años afirma que las películas con contenido homosexual recaudan alrededor de seis veces menos dinero en taquilla que las que eluden incluir alguna alusión al colectivo LGTB. ¿Estudio o propaganda? Pura y dura propaganda si tenemos en cuenta que los responsables de tal informe son la Movieguide y la Comisión de Cine y Televisión Cristiana. ¡Ave maría purísima!

Dicen ellos que el sexo y la violencia no vende, así como aseguran que sería difícil encontrar a algún productor dentro de las majors de Hollywood dispuesto a apostar por material con contenido LGTB. Aseguran haber analizado el contenido de 847 películas estrenadas entre 2013 y 2015, para confeccionar un informe que, sinceramente, me parece de ciencia ficción.

Pobres pecadores (porque está claro que mienten y mentir es pecar). Aunque es posible que no tengan muy claro lo que es realmente una película con contenido LGTB. Quiero decir que, si bien resulta ciertamente reconfortante encontrarnos con obras cinematográficas que contienen personajes abiertamente homosexuales, bisexuales o transexuales, como Brokeback mountain (Ang Lee, 2005, Canadaá & EE.UU.) o Cisne negro (Black swan, Darren Aronofsky, 2010, EE.UU.), a las que aluden en el estudio, también es cierto que hay muchas películas de superproductoras de Hollywood que, sin hablar necesariamente de temas LGTB ni incluir personajes que hablen abiertamente del tema, sí podríamos considerar que aluden indirectamente al colectivo LGTB, incluso aunque sus directores no sepan realmente que están haciendo lo que podríamos denominar un cine queer, mejor que gay.

Un tipo de cine en la línea de aquellos slasher bisexuales que comentaba hace poco o el cine de romanos que nos permiten pasar una Semana Santa de lo más marica que te puedas imaginar. Al fin y al cabo, ya dijo Mark Hamill que si consideras que un personaje es gay, es porque debe serlo, y nadie te puede decir lo contrario.

Los hombres machos de Tony Scott

El propio Quentin Tarantino defendía en Duerme conmigo (Sleep with me, Rory Kelly , 1994, EE.UU.) que Top gun (1986, EE.UU.) es una película gay. Y no lo pongo en duda, el argumento de que los personajes masculinos parecen estar constantemente midiéndose sus cositas, desperdiciando el potencial sexual de Kelly McGillis a la que el personaje de Tom Cruise desprecia cuando está vestida de civil, pero le pone como una moto sólo cuando va vestida de uniforme, dice bastante a favor de la teoría queer. Y no estamos hablando de una película cualquiera, sino de la que se convirtiera en un fenómeno en la taquilla en 1986.

Si a esto sumamos que Scott venía de hacer una película tan bisexual como El ansia (The hunger, 1983, Reino Unido y EE.UU.) y que después todavía nos presentaría un personaje de sexualidad ambigua como el de Gene Hackman en Marea roja (Crimson tide, 1995, EE.UU.), que disfruta en compañía de su perrito con aquel Lakme de Delibes con el que se enrollaban Catherine Deneuve y Susan Sarandon , podemos decir que sí, que Tony Scott hace cine tan macho, tan macho, que seguro podrías encontrarte a alguno de sus personajes en sitios como el Eagle.

Las bichas de Roland Emmerich

No hay que confundir blockbuster con cine comercial ni tampoco una película como Independence Gay, perdón Day (1996, EE.UU.) como propaganda americana. No, Roland Emmerich está más interesado en la destrucción de los iconos estadounidenses que en la difusión del American way of life , por eso los intenta aniquilar en la mayoría de sus películas. Harvey Fierstein y Harry Connick Jr interpretaban personajes homosexuales en Independece Day, aunque también lo hacía Brent Spiner, por mucho que salga del armario en su secuela, Independence day: contraataque (Independence day: resurgence, 2016, EE.UU.).

Más allá de lo discutible que podamos considerar Stonewall (2015, EE.UU.), lo cierto es que en varias de sus películas podemos encontrar personajes homosexuales, siendo realmente memorable Estación lunar 44 (Moon 44, 1990, Alemania occidental), en la que la rivalidad entre el protagonista y uno de esos malotes con los que le encierran en una cárcel espacial no delata otra cosa que una inevitable atracción sexual.

Los personajes al límite de Simon West

Era Harvey Fierstein quien decía en El celuloide oculto (The celluloid closet, Rob Epstein & Jeffrey Friedman, 1995, Reino Unido, Francia, Alemania & EE.UU.) que siempre estaba a favor de la presencia de un personaje LGTB en cualquier película, aunque fuera un estereotipo, y posiblemente aunque ofreciera una imagen distorsionada de lo que es un transexual, le valdría perfectamente aquel que parecía servir de putita a la impresionante colección de machos con los que compartía cárcel en la taquillera Con air (1997, EE.UU.). Un estereotipo salvaje, pero que indirectamente convertía en bisexuales a tantos machos como los que se congregaban en aquella fuga salvaje. Antes de que Simon West dirigiera a Sylvester Stallone —respetable cineasta que alude al colectivo LGTB en cuantas más películas puede— en otra película plagada de pluma macha, Los mercenarios 2, West dirige The mechanic (2011, EE.UU.), en la que también incluye la suficiente ambigüedad como para interpretar que el personaje de Ben Foster está coladito por Jason Statham, algo de lo que no le podemos culpar.

La estética barroca de Tarsem Singh

Escogiendo entre Madonna y The Cure, un amigo que se presentaba como heterosexual, escogía a la ambición rubia antes que a la banda siniestra. Cuando pocos años después me lo volví encontrar, ya fuera del armario como homosexual, me explicó que debí a haber sospechado de alguien que dice ser heterosexual y escoge Madonna por encima de The Cure. Esa misma regla podríamos aplicar al cine de Tarsem Singh, al que no le hace falta aludir a la orientación sexual de ningún personaje para sugerir que su cine es eminentemente queer. Al fin y al cabo es el único cineasta que me ha permitido disfrutar con una película en la que sale Jennifer Lopez (así sin tilde, porque ella escribe español de la misma manera que Rajoy habla inglés), La celda (The cell, 2000, EE.UU. & Alemania), con esa estética heredada de los vídeos musicales de Marilyn Manson que había dirigido. The fall: el sueño de Alexandria (The fall, 2006, EE.UU., India & Sudáfrica), hace gala de esa misma estética elevada al cuadrado, línea que continúa en una película de acción mitológico como de Immortals (2011, EE.UU.), en la que el dorado es el protagonista absoluto. Después de la insulsa Blancanieves (Mirror, mirror, 2012, Canadá & EE.UU.) reimaginaría un icono gay como Dorothy y la historia del mago de Oz en la serie Emerald City (2016, EE.UU.). Y no se puede decir que su cine no sea taquillero ni que no venga avalado por las majors de Hollywood, no.

Entre plumas, reinas y griegos con Zack Snyder

Un caso más complejo es el de Zack Snyder, un cineasta que, para un servidor, es el paradigma del artista heterosexual atrapado en la estética homosexual. Si en algunas de sus películas, como Amanecer de los muertos (Dawn of the dead, 2004, EE.UU.), podemos encontrarnos alguna metáfora gay, en 300 (2006, EE.UU.) parece meterse en el armario al contar la batalla de las Termópilas en un tono heterosexual, pero mostrando carne y fluidos por doquier lo que contrasta con la novela, que era de lo más explícita al respecto, aunque quizás pueda hacerlo para no confundir con ese Xerxes de lo más ambiguo, queer y sugerente.

Después llega Watchmen (2009, EE.UU.) con sus planos cargados de intensidad sexual —gracias sobre todo por el planito del culo de Patrick Wilson—, al igual que sucede en El hombre de acero (Man of Steel, 2013, Reino Unido, Canadá & EE.UU.) y su secuela, Batman v. Superman: el amanecer de la justicia (Batman v Superman: dawn of justice, 2016, EE.UU.), primera intervención en la pantalla de Wonder Woman, ahora confirmada heroína bisexual.

Y todo esto antes de ofrecernos una película tan morbosa como Sucker punch (2011, Canadá & EE.UU.) y otra tan repleta de plumas, en sentido literal y figurado, como Ga’Hoole la leyenda de los guardianes (Legend of the Guardians: The Owls of Ga'Hoole, 2010, Australia & EE.UU.). Y de nuevo, todas ellas, la mar de taquilleras y nada sospechosas de nada de gay, siendo profundamente queer.

Las plumas y lentejuelas de Baz Luhrmann

Aunque claro, para cine queer, repleto de plumas y lentejuelas, ninguno como el del australiano Baz Luhrmann, responsable de títulos como El amor está en el aire (Strictly ballroom, 1992, Australia), Romeo y Julieta de William Shakespeare (Romeo + Juliet, 1996, EE.UU.), Moulin Rouge (2001, EE.UU. & Australia) o El gran Gatsby (The great Gatsby, 2013, EE.UU. & Australia), todas ellas taquilleras, la mayoría de majors de Hollywood, que además consiguen nominaciones a los premios Oscar, incluso a pesar de que algunas son un auténtico y verdadero truño.

El encanto camp de P.J. Hogan

Lo cierto es que la veda australiana ya la había abierto P.J. Hogan con una película que rebosaba encanto camp como La boda de Muriel (Muriel’s wedding, 1994, Australia & Francia), cuyo éxito le abre las puertas al cine made in Hollywood con La boda de mi mejor amigo (My best friend’s wedding, 1997, EE.UU.). Recientemente contribuye a revivir el fascinante encanto de la encantadora maldad de Muriel a través del guion que escribe para su esposa, Jacelyn Moorhouse, en La modista (The dressmaker, Jocelyn Moorhouse, 2015, Australia).

La guerra es para los hombres de David Ayer

Más allá de las lecturas que podamos sacar de Escuadrón suicida (Suicide squad, 2016, EE.UU.), que podemos sacarlas si queremos, por la estética, por el vestuario, por el maquillaje y por lo que nos dé la gana, lo cierto es que David Ayer se marcó una sorprendente relato bélico en clave gay con Corazones de acero (Fury, 2014, reino Unido, China & EE.UU.). Cierto es que en ningún momento se menciona la orientación sexual de ningún personaje, pero las soterradas relaciones homosexuales se ponen en evidencia a medida que culmina la película. Luego a lo mejor sí, Escuadrón suicida puede que sea un poco cine queer, después de todo.

Los superhéroes que salen del armario de la mano de Bryan Singer

Después de la adaptación de uno de los pocos relatos con personaje gay de Stephen King en Verano de corrupción (Apt pupil, 1998, EE.UU.), Bryan Singer se embarca en la adaptación a la gran pantalla de las aventuras de los famosos mutantes de Marvel. La metáfora gay quizás no sea muy evidente en X-men (2000, EE.UU.), pero se vuelve realmente poderosa en X-men 2 (X2, 2003, Canadá & EE.UU.) y particularmente explícita en la secuencia en la que Bobby Drake sale del armario como Iceman para su familia.

El orgullo mutante de Matthew Vaughn

La metáfora estaba servida y Matthew Vaughn sólo tiene que darle forma y hacer toda una auténtica reivindicación del orgullo gay mutante en X-men: primera generación (X-men: first class, 2011, Reino Unido & EE.UU.). Si hasta Henry Jackman , autor de la banda sonora, compone un explícito tema que bautiza como Mutant and proud , que yo no me estoy inventando nada, y muchos de los actores y actrices de la película celebrarían que se diera esa precisa interpretación a la saga a propósito del estreno de X-men: apocalipsis (X-men: apocalypse, 2016, EE.UU.), de nuevo dirigida por Singer. Si al final han hecho hasta seis películas de una saga con tal carga gay, aunque sea en clave metafórica, que no nos vendan luego otra película diciendo que las majors no se quieren arriesgar a hacer cine queer.

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

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