¡Bienvenidos al gran carnaval de los premios Goya 2016!

Como cada año, la ceremonia de los premios Goya sirve como flamante escaparate para la comunidad cinematográfica, pero mientras unos aprovechan para lucirse, otros resaltan su lado más palurdo y hortera.

Jackeltuerto • 08/02/2016

¡Bienvenidos al gran carnaval de los premios Goya 2016! | Foto: Youtube

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Yo que me estaba preguntando el motivo por el que la gala de los premios Goya se había adelantado tanto —habitualmente siempre se había celebrado apenas una semana antes de la ceremonia de los premios Oscar— y en poco más de media hora —el tiempo que su presentador tardó en terminar el primero de los tres monólogos con los que torturó a los espectadores (nadie avisó que iba a ser en plan Club de la comedia) —, me doy cuenta de que lo han hecho para aprovechar que estamos en carnaval. No es que un servidor tenga mala leche, es que es el propio Dani Rovira quien me pone en bandeja hacer un repaso por los mejores y peores modelitos que se lucieron en la trigésima edición de los premios Goya cuando se refiere al indiscutiblemente atrevido outfit de Óscar Jaenada como si fuera disfrazado de El Zorro. Está claro que al señorito andaluz se le va la fuerza por la gracia, así le pasa que después se ve obligado a pedir perdón por sus bromas de mal gusto, como tuvo que hacer con Isabel Coixet por orden directa del presidente de la Academia.

La gala estuvo tan desactualizada como el nombre del auditorio en el que se celebraba, Príncipe Felipe. Para colmo el comentarista de RTVE era Carlos del Amor, que debe preparar sus textos a partir de las opiniones de los demás puesto que empezó afirmando que el cine «nos hace olvidar todo durante un par de horas», dando a entender que el único cine posible es el de evasión, y rectificando tras el premio a Daniel Guzmán para decir que el cine sirve como reflejo de la realidad. Mira, Carlos, el cine es tanto lo uno como lo otro, y cada uno escoge el tipo de cine que quiere ver y el momento para ver cada tipo de película, de la misma manera que cada cual es libre de disfrazarse de lo que dé la gana para acudir a la ceremonia de los Goya.

Cierto es que fue una de las galas menos politizadas y reivindicativas de los últimos años, que para eso es la que mayor afluencia de personajes políticos que se recuerde, disfrazados unos de camareros y otros de andar por casa, lástima que hubiera solo un representante del actual gobierno en funciones que, justo es decirlo, supo encajar muy bien las collejas del gracioso señorito andaluz que, mira tú por donde, parecía ir disfrazado del hipster que vota al PP, con esa barbita más alargada de la cuenta, pero sin pasarse, no vaya a ser que se llene de piojos, pero haciendo gala de su catetismo al mostrar el bordado en el forro interior remarcando que es la chaqueta de los 30 años de Goya en un esmoquin de Roberto Verino. También es cierto que siendo el actual presidente de la Academia de las Ciencias y las Artes Cinematográficas el patriarca de los Serrano, no podríamos esperar otra cosa que grasa y 'almóndigas'. Por cierto, que Antonio Resines iba disfrazado de don Patanatas con muleta de apoyo. Lástima que le pase como al señor Del Amor y no se prepare él mismo sus chuletas, patinando con la burrada de las «1900 descargas por minuto» en 2015 en España para después caer en la contradicción de pedir la bajada del IVA después de haber resaltado las buenas cifras del cine español en la que, según Amor ha sido el tercer año que más recaudación ha obtenido el cine, alcanzando los 100.000 euros. Era fácil evitar esta comparación, compara por número de entradas en lugar de por montante, que al fin y al cabo no son lo mismo 100.000 euros en 2015 que 16 millones de pesetas hace treinta años.

Más que disfrazarse, yo creo que debían haberse traído una comparsa del Carnaval de Cádiz para el número musical inicial. Habrían tenido mucha más gracia y habrían desafinado menos. Y digo yo, ¿cómo es que en vez de abusar de actores y actrices para que canten y bailen simultáneamente —algo que ni Madonna es capaz de hacer—, no llaman a cantantes para que canten y bailarines para que bailen? Ya se sabe que en casa del herrero, cuchillo de palo, será que tendrían que pagarles. Entiendo que a los que dan los premios no les pagan, por eso ahí si llamaron a cantantes para entregar el premio a la mejor canción y a novelistas para el del mejor guion. Si el nivel de la gala, según Rovira, lo pusieron Mario Vargas Llosa (y señora) y Pablo Alborán, lo cierto es que lo que yo veo un desnivel que no lo salva ni el puente de Semana Santa. ¡Qué comience la cabalgata!

— No entiendo lo que hacía Alaska entregando un premio Goya, imagino que dar color a si acaso un guiño a los seguidores de Jiménez Losantos. Cierto es que hubo un día que fuera chica Almodóvar, pero fue sólo una vez, y se llegó a colar en la película extranjera de Juanma Bajo Ulloa que Esperana Aguirre no quería ni ver, Airbag, pero vamos, que ahí termina su rollo cinematográfico. Quizá por eso daba la impresión de que el vestido de Little John era fino y elegante a la par que informal, así como de la votante moderna del PP, en consonancia con Dani Rovira.

Rosario también ha sido chica Almodóvar en una sola película, desconozco quien era su diseñador, pero más que disfrazada iba tapada, y dadas las veces que el presentador se acordó de su familia, imagino que su intención era ir disfrazada de Lola Flores.

Cayetana Guillén Cuervo llevaba uno de los varios vestidos que de Lorenzo Caprile se vieron a lo largo de la noche, sólo que el suyo no parecía otra cosa que un homenaje a la famosa serie de extraterrestres come lagartos de los años ochenta, V. El miedo no es que de repente sacara una rata para comérsela, sino que se le escapara un pecho del escote, cosa que no podría haber sucedido porque, por lo visto, era un escote falso —no lo digo con doble sentido, aunque también podría ser—, puesto que estaba cubierto por un tul de seda para confundirse con la piel. Lagarto, lagarto.

Yolanda Ramos no iba disfrazada de Fedra Lorente, sino de la Bombi directamente, chica, la que vale para moderna, pues para moderna, y la que vale para graciosa, pues que se quede en graciosa. Pero si no se vale para las dos cosas, mejor no arriesgarse. En este punto celebrar la naturalidad de uno de los ganadores del Goya al mejor maquillaje, que ella entregó, que tuvo un agradecimiento para su marido. ¿Qué tienes que decir a eso Ian McKeller? Esto en los Oscar no pasa.

Verónica Sánchez parecía que iba con vestido confeccionado por The 2nd Skin Co, pero tan ortopédico que parecía estar hecho con unas tablas atadas.

Aura Garrido iba realmente guapa con un vestido de Pronovias, a l contrario que Amaya Salamanca que, llevando un vestido de la misma firma, parecía que iba un sarao de pueblo.

Marta Tazas hizo lo que pudo con su disfraz de princesa Disney pobre

Carmen Machi iba guapa, que ya es bastante, con su modelito de Amaya Arzuaga.

Iciar Bollaín iba de culta, como siempre, pero casi ni le dejaron abrir la boca.

María Adánez iba de amarillo, lo cual ya es todo un atrevimiento, pero si encima estaba guapa, lo demás ya no importa y l o mismo vale para Manuela Vellés, con un diseño de Cortana, sobre todo después de verse obliga a lucir aquel antipático moño que llevaba en La novia.

— Nada que decir de Goya Toledo, esta mujer siempre va y está siempre guapa, aunque Carolina Herrera podría haberse currado un poco más el estampado de la tela, que no pareciera que iba disfrazada de Cleopatra, sólo que en vez de ir enrollada en alfombra lo estaba en un rollo de papel pintado.

— Tampoco esperaba más de Emma y Adriana Ozores, es posible que esta última hiciera un homenaje a Björk, sólo que en vez de vestirse de cisne se conformó con llevar estampado un pavo real. Por cierto parecía que habían hecho el montaje de las películas de Mariano Ozores con fragmentos descargados de Internet, así, con esa misma calidad.

— Me encantó ver a lo lejos a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, mascando chicle al levantarse a aplaudir al Goya de Honor, luego debía ir disfrazada de la poligonera de fiesta, que no de motera del PP de fiesta, que habría sido más apropiado.

— Bravo por Úrsula Corberó que no sólo iba perfectamente disfrazada, sino metida cien por cien en el personaje de Angelina Jolie, marcando pierna en todo momento con un vestido Teresa Heilbig; e sta misma diseñadora se inspiró, con toda seguridad, en un cruce entre Glenn Close en 101 dálmatas y Rachel Weisz en Oz, un mundo de fantasía para vestir a Macarena Gómez.

— Habiendo sido también chica Almodóvar por una película, Miriam Díaz Aroca prefirió ir vestida de chica Trueba

— Jaenada no sólo fue atrevido con su atuendo de Roberto Etxebarría, sino que ni siquiera se quitó el sombrero para entregar un premio, vamos como si estuviera en Kentucky, ciertamente, aquí sí, mal Jaenada. T an epatado quedé con su mal gesto que ni me fijé en el disfraz de Clara Lago, diseñado por Geroge Chakra; quizás debían haber puesto a Juana Acosta en su lugar, dado que iba disfrazada de Catherine Zeta Jones, aunque más guapa y mucho menos ordinaria.

Leticia Dolera parecía que había cogido una bata de casa y la había decorado con unas piedras, si es que tiene delito llevar un vestido de alguien que se llama Dolores Promesa, que ni le duele ni promete nada (sí, lo sé, este chiste parece más propio de Rovira).

— La que también acertó fue Silvia Abascal, que aunque firmado por Elie Saab, parecía disfrazada de Audrey Hepburn con uno de aquellos vestidos de Givenchy.

Paz Vega iba muy mona con su vestido de Calvin Klein, pero estaba claramente disfrazada de Bimba Bosé.

Gracia Querejeta tiene tan poco sentido del humor, que ni acierto a ubicar el disfraz que llevaba.

— Con un modelito muy moderno, también de Teresa Helbig, Inma Cuesta parecía que había reciclado su vestido de novia de la película, al que había incorporado una pieza del decorado.

— Muy apropiado era el ensangrentado vestido de Paula Ortiz, sobre todo estando embarazada.

— Y siguiendo con las chicas de La novia, celebrar el atrevido estilismo de Luisa Gavasa, demostrando que no importa la edad, sino el espíritu, para lucir un diseño de Ulises Mérida y ponerse el mundo por montera y el pelo de peineta.

— En el extremo opuesto tenemos a Elvira Mínguez, que parecía que Elena Benarroch se había inspirado en García Lorca, sí, pero más en La casa de Bernarda Alba que en Bodas de sangre, para compensar le puso unas plumas, pero ni los guantes pudieron evitar que pareciera que iba más bien de luto.

— Muy guapa estaba Natalia de Molina con su vestido de George Hobeika.

— No sé si era el vestido de Rosa Clará, o su peinado, pero no me digan que no parecía que Belén Rueda iba disfrazada de Melanie Griffith.

Jorge Acuña, el diseñador del vestido de Bárbara Lennie debió empezar por la cola, y se quedó sin tela para el ombligo y una manga.

— Pero la mejor de toda la noche fue la impagable Victoria Abril, que deslumbró a todos con su modelito de Jean-Paul Gaultier, demostrando por qué le quieren tanto en Francia. Si el peinado venía con el vestido poco importa, porque le sentaba igual de bien.

— Sin desmerecer en absoluto a Victoria, no puedo evitar señalar el acertadísimo modelo de la reina de corazones, Isabel Preisler, no porque le quedara mejor o peor, sino porque me parece fantástico que se atreva a llevar una vestido de Naeem Kham con el que parece ir disfrazada de El beso de la mujer araña, luego al final debió ser la única que no iba realmente disfrazada.

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